miércoles, 15 de febrero de 2017

Tu reflejo por Merlina Meiler

Lo que ves alrededor de ti es tu reflejo. Y tiene tu impronta de un modo u otro.

Si en algún área así no lo ves, es que has dejado de lado tu esencia y has permitido que, en cierto grado, los demás condicionen tu forma de ser y tus acciones.

Aunque las cosas no siempre salgan como planeamos o como deseamos, es lindo ver nuestro toque personal en lo que hacemos y en aquello que nos rodea. Es lo que nos diferencia del resto y lo que nos hace ser personas únicas y muy valiosas.

Entender esta idea es particularmente útil para poder modificar varias de nuestras realidades, ya que al hacernos cargo de lo que generamos y reflejamos, podemos cambiarlo y obtener otro tipo de resultados.

Si algún ámbito de tu vida no está desarrollado o no te aporta la felicidad que anhelas, examina qué proyectas de ti para que así sea.

Por ejemplo, si encuentras muchas negativas a tu paso y se te dificulta alcanzar una meta, considera hasta qué punto eres tú quien no quiere que algo pase y está poniendo “palos en las ruedas”.

LOS DEMÁS

Mientras echas un vistazo a este concepto y cómo influye en ti, es importante que tengas en cuenta que esto también les sucede a los demás.

Cada persona con la que te encuentras está dejando translucir quién es. Cómo encara la vida. Cuánta atención les presta a determinados asuntos. Sus valores o la falta de ellos.

Cuando te incomode algo que te dicen, piensa en qué medida eso se debe a que el otro tal vez sea muy diferente a ti en ese terreno.

Si se impacientan, están reflejando su ansiedad interior.

Si alguien te agrede, no supongas que eres tú quien provocó ese maltrato, ya que hay muchas otras maneras de reaccionar: es tu interlocutor quien elige ese modo de relacionarse contigo (y, probablemente, con los demás).

Si te endilgan culpas, fíjate si esta actitud no refleja el propósito de no asumir la responsabilidad de quien te acusa.

No te dejes presionar por lo que los demás reflejan.

Si son insensibles, nerviosos o prepotentes, allá ellos.

Tú tienes tus propios derechos y además, tu manera de percibir la realidad circundante.

Tómate tu tiempo.

Sostén tu modo de pensar y de ver las cosas.

Elige lo que sea más adecuado para ti o lo que entiendas que es correcto.

Y permite que tu ser interior salga a la luz en todo momento.