martes, 14 de febrero de 2017

Para paliar la soledad… ajena por Merlina Meiler

Siempre propongo volver a apostar al amor.

Y te sugiero que si tuviste una mala experiencia no te quedes estancado en ella, inmóvil, sino que mires hacia adelante y le des una nueva oportunidad a la vida.

Ahora quiero ir un paso más allá de esto, y pedirte que, por un momento, pienses en los demás. En aquella gente que se encuentra cerca de ti y que no tiene un compañero.

Porque cuando uno está solo, en cierto momento comienza a preocuparse porque no sabe dónde ni de qué manera ampliar el círculo para poder hallar una pareja.

Y convengamos que da cierto resquemor acercarse o permitir que alguien se acerque en un lugar público y darle nuestro teléfono, a causa de las preocupaciones cotidianas por la inseguridad. Al fin y al cabo, se trata de un perfecto extraño.

Pero si el acercamiento proviene de dos personas conocidas, esto genera mayor confianza al momento de aceptar, ya que uno puede salir con el otro con la seguridad de que no habrá peligro alguno en esa cita.

Hace años me pasaba de ver, por ejemplo, mujeres en una mesa de un bar y hombres en otra, que ni se hablaban. Pensaba que, probablemente, a alguno de esos seres le pesaba la soledad y no sabía cómo hacer para tener la oportunidad de algún acercamiento amoroso.

Como también estuve en ese lugar en algún momento, decidí intentar conectar gente en cada situación que se me presentara (o, en realidad, que yo veía posible).

En realidad, nunca se sabe qué va a suceder. Tal vez no sea esa la persona indicada, pero se puede forjar una linda amistad o compañía que sí de paso a encontrar una futura pareja. O, por lo menos, el prepararse para salir, compartir un momento con otro y dejar de lado la rutina y la monotonía para hacer algo nuevo nos permite descomprimir el asunto y hacer que el tiempo pase más relajadamente.

Por todo esto, quiero que mires a tu alrededor y que veas si hay dos personas solas que desearían dejar de estarlo. Hay quienes no tienen demasiados amigos o familiares, ya conocen a toda la gente cercana y sin compromiso disponible o están permanentemente en el mismo entorno y no tienen cerca una “ventana” para poder abrirla, oxigenarse y relacionarse con caras nuevas.

Ni siquiera hace falta que estés presente o que salgas con ellos, con solo preguntar si están dispuestos a conocerse y pasarles sus teléfonos o correos electrónicos alcanzará.

Porque todos podemos incidir positivamente en la vida de alguien, ya sea cercano o lejano, amigo, vecino, familiar, compañero de trabajo o de estudios,… Que se forme un nuevo vínculo es siempre una posibilidad que está allí, al alcance de tu mano.