martes, 17 de mayo de 2016

Violencia temprana por Merlina Meiler

El otro día estuve mirando en la televisión un noticiero en el que una mujer (llamémosla Julia) contaba que a su ex marido, con quien convivió durante más de una década, después de un juicio lo enviaron a prisión por violencia doméstica (además de pegarle, llegó a intentar quemarla viva).

Me quedé escuchando su relato, lleno de incontables horrores que padeció durante tantos años, y mi sorpresa mayor llegó cuando, ante la pregunta del reportero: “¿Cuándo comenzaron los malos tratos?”, Julia respondió: “A los dos meses de conocerlo”.

Ahí me puse a pensar en qué hace que una mujer se quede al lado de un hombre que la maltrata desde que comienza a tratarlo, incluso antes de que se pueda hablar de una “relación”. Ya que cualquiera diría que a los pocos días o semanas de conocer a alguien, en caso de que traten de hacernos un daño (ya sea psicológico o físico) la persona huiría de inmediato y que lo realmente difícil es desarmar una pareja de mucho tiempo, con hijos en común.

Pero aun así, hay seres (principalmente, mujeres) que “apuestan” a un futuro en común apenas se topan con alguien que quiere estar con ellas, sin filtros, priorizando sus propias idealizaciones de lo lindo que es estar de a dos y tener a quien te espere al volver del trabajo o te ayude, en lugar de abrir bien los ojos y darse cuenta de que, si el otro desvaloriza o agrede (con la palabra o físicamente), no es el príncipe azul sino un atisbo de monstruo.

MOTIVOS

Algunos motivos que me vienen a la mente de por qué una persona se quedaría con quien la maltrata desde el comienzo:

– al haber habido violencia y temor en su hogar de origen, le parece bastante normal vivir en un clima semejante;

– su desesperación por encontrar pareja y por llenar vacíos es tan grande que acepta, literalmente, cualquier cosa;

– su autoestima es muy baja y el victimario encuentra allí el caldo de cultivo indicado para tender sus redes, manipular y someter;

– está acostumbrada a minimizar lo que sucede o a ocultar la realidad y aplica el mismo patrón aquí;

– siente cierto grado de estigmatización por estar sola o cree que lo mejor para sus hijos es tener una figura masculina en el hogar (sin tener en cuenta que eso aprenderán para su futuro y además, que el violento también será agresivo –en mayor o en menor grado– con sus niños);

– piensa que un día mágicamente se levantará y el otro se habrá convertido en el ser ideal, o que con el tiempo, su amor y su paciencia, ella logrará que él cambie (esto tiene cierto grado de verdad: los violentos con el tiempo suelen volverse más violentos aún).

Si te sientes identificada con alguna de las descripciones anteriores y estás sola, estás a tiempo de no caer en las garras de una persona que intenta hacerte mal. Sí, aunque te cueste creerlo, hay quienes deambulan por la Tierra buscando a quién agredir, insultar, humillar, subyugar. No tienes por qué tolerar ni un solo golpe ni un solo comentario que intente dejarte sin fuerzas, perturbarte o insultarte. Recuerda que los primeros tiempos son para conocerse y tienes la posibilidad y el derecho de irte de ese vínculo incipiente antes de que se transforme en una relación (enfermiza). Sin duda alguna, este sería un paso muy saludable para dar y que te haría sentir muy orgullosa.

Si ya estás en pareja con alguien violento, siempre es un buen momento para pedir ayuda y para contarle a alguien lo que te está pasando. Tu integridad y la de tus hijos es lo primordial y todos pueden estar corriendo peligro, aunque no lo veas aún con toda la claridad manifiesta en los actos que padeces. Si no quieres acudir a alguien cercano o a un familiar, hablar con un médico o con otro profesional con los que no tengas relación habitual puede ser un buen inicio del camino de vuelta a tu plenitud.



“Ghosting” o el fin de las relaciones en la era digital

Quizás te ha pasado alguna vez: conoces a alguien, intercambias números de teléfono, tienes varias citas, empiezas una relación, todo parece ir bien y de repente… silencio.

Sin previo aviso, esa persona deja de contestar tus mensajes de texto y tus llamadas. Simplemente desaparece de tu vida sin dar ningún tipo de explicación.

Esta es una nota interesante publicada en BBC Mundo.

Si has vivido algo parecido has sido víctima de lo que en inglés llamanghosting, palabra que se traduciría como “hacerse el fantasma” y que ha ido ganando popularidad en los últimos tiempos, siendo elegida como uno de los vocablos de 2015 por el diccionario británico Collins.

El acabar una relación de la noche a la mañana, cortando todo tipo de comunicación, no es nada nuevo, aunque según los expertos las nuevas tecnologías han hecho que ahora sea una práctica más común.

En una época en la que muchas relaciones de pareja empiezan a través de páginas de internet y de aplicaciones para celulares, el ghosting es algo a lo que cada vez más personas deben hacer frente.

Consecuencias
Los expertos en psicología advierten que el ghosting tiene consecuencias tanto para quien lo sufre como para quien lo practica.

El primero ve su autoestima dañada y tiene que atravesar el periodo de duelo que conlleva el fin de una relación, sin tener todas las respuestas sobre los motivos de la ruptura.

El segundo, si se trata de una relación consolidada, tendrá que hacer frente a los remordimientos y al sentimiento de culpa por haber dejado a alguien de esta manera.

Los expertos sostienen que en algunos casos los que practican el ghosting tienen miedo al conflicto, evitando a toda costa los enfrentamientos, incluyendo el tener que decirle a alguien a la cara que se quiere poner fin a una relación.

En una encuesta que realizó en 2014 en Estados Unidos la compañía YouGov para el sitio Huffington Post, el 11 % de los participantes dijo haberle hecho ghosting a alguien y un 13 % haber sido víctima de esta práctica.

La revista Elle llevó a cabo una encuesta similar entre sus lectores: un 26 % de las mujeres y un 33 % de los hombres admitieron tanto haber sido víctimas del ghosting como el haberlo llevado a cabo.

Parece que en la era de aplicaciones como Tinder y Grindr, el estar ocultos tras las pantallas de nuestros teléfonos hace que nos resulte más sencillo el acabar nuestras relaciones sin dar ningún tipo de explicación.

“Deshacernos de la gente”
Sherry Turkler, profesora de sociología de Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) aseguró en una reciente entrevista con el Huffington Post que “el ghosting es algo casi único del mundo online”.

“Con las nuevas tecnologías nos hemos acostumbrado a deshacernos de la gente simplemente no respondiendo. Y eso empieza con los adolescentes, que crecen con la idea de que es posible que le envíen a alguien un mensaje de texto y que no reciban nada por respuesta”.
Según Turkle, “eso tiene serias consecuencias, porque cuando nos tratan como si pudiéramos ser ignorados, empezamos a pensar que eso está bien y nos tratamos a nosotros mismos como personas que no han de tener sentimientos”.

“Y al mismo tiempo tratamos a los demás como personas que no tienen sentimientos en este contexto, por lo que empieza a desaparecer la empatía”.

La psicoperapeuta estadounidense Elisabeth J. LaMotte cree que para mucha gente hoy en día el decir adiós o acabar con una relación es incómodo y “lo evitamos en muchas esferas, particularmente en el campo del amor”.

“Pasamos mucho tiempo socializando a través de las nuevas tecnología y compartiendo nuestra vida privada en las redes sociales y cada vez nos sentimos más incómodos con el contacto interpersonal”, asegura LaMotte. “Ello hace que acabar con una relación sea más complicado, porque cada vez tenemos menos práctica en hacerlo”.

Según LaMotte, “cuando se analiza la psicología de los que practican el ghosting, en algunos casos uno ve que han sido heridos por gente que consideran más importantes que ellos mismos y que han sufrido rupturas de relaciones que no han procesado correctamente”.

“Incluso en ocasiones no son conscientes del daño que causan. Para la persona víctima del ghosting, puede ser una experiencia muy dolorosa. El rechazo causa dolor. Y el ghosting es un rechazo vago que hace que el proceso de duelo de la ruptura se alargue”.

Según LaMotte, “al principio la gente pasa por un proceso de negación y busca excusa para explicar la situación, como que la otra persona ha perdido el teléfono o ha tenido una emergencia . Cuando son conscientes de la realidad, tienen que hacer frente al dolor de saber que el otro no se tomó la molestia de dignificar la relación y decir adiós”.

LaMotte cree que, a veces, el final de una relación es el momento más importante, ya que “es una oportunidad para el crecimiento emocional”.

La experta aconseja que “si alguien ha sufrido varias experiencias de ghosting, examine sus elecciones de pareja”, ya que considera que “hay que respetarse a uno mismo y no caer una y otra vez en el mismo patrón”.

Maya Borgueta, psicóloga de la organización californiana Lantern, sostiene que el ghosting “está relacionado con el querer evitar el conflicto”. “Se quiere evitar el sentirse incómodo porque, por ejemplo, tu pareja se enfade o se ponga a llorar”.

“Obviamente el ghosting ha existido desde el inicio de los tiempos, pero no hay duda de que la tecnología y el tipo de comunicación impersonal a la que estamos acostumbrados a través de internet o de las aplicaciones móviles han hecho que sea más común”, apunta la experta.

“Realmente puede llegar a ser muy doloroso, porque cuando nos dejan así a menudo seguimos conectados con esas personas en redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram. Así te das cuenta de que esa persona no se está comunicando contigo y continúa con su vida como si no pasara nada. Ello hace que el proceso de duelo sea más complicado”.

El “ghosting” puede reforzar las inseguridades que uno tiene y puede afectar relaciones futuras.

Según Borgueta, aunque duela, las víctimas de ghosting “deben asumir que quizás nunca tendrán el cierre deseado para esa relación”.