miércoles, 27 de enero de 2016

La maldad en los cuentos infantiles, ¿es útil? por Merlina Meiler

Uno pensaría que no, que es contraproducente, pero la maldad en los cuentos infantiles puede ser pedagógica.

Es que mientras los niños saben reconocer el bien y el mal, y diferenciarlo, a través de los cuentos, los adultos parecen haber entrado en una infantilización con libros muy populares que no interpelan al lector en sus matices, sino que juzgan lo ya juzgado y señalan lo ya conocido como algo negativo, sin aportar nada al debate intelectual o moral. En parte, se debe a la alteración genética del virus de lo políticamente correcto.

Según una nota escrita por Winston Manrique Sabogal para el diario El País, esa es una de las conclusiones destacadas por escritores y expertos tan distintos como Victoria Cirlot, Justo Navarro, Félix de Azúa o Marta Fernández en las Conversaciones de Formentor, celebradas bajo el lema La novela más mala del mundo. Maldad, perfidia y espanto en la historia de la literatura. Veinticinco autores y críticos literarios debatieron sobre este asunto en septiembre del año pasado en una cita organizada por la Fundación Santillana en Mallorca, España.

Por violentos que sean
Los escritores reivindicaron el papel de los cuentos tradicionales infantiles, por muy violentos que resulten, donde se aprecia la lucha del bien y del mal de manera arquetípica, dice Navarro. Los niños “tienen que ponerle cara al mal y esos relatos cumplen una función legislativa: enseñan acciones que tienen castigo o recompensa. Tienen un valor pedagógico y de persuasión sobre los valores dignos de ser asumidos”. Lamenta Navarro el desdén que, a veces, se hace de dicha función. “Los cuentos infantiles son como la ley, aunque evolucionan y se adaptan”.

Ese dualismo entre el bien y el mal ayuda a comprender, desde pequeños, las dos caras de la vida, asegura Cirlot, experta en la cultura y literatura medievales y en el simbolismo. “Todo está en la estructura de la mente. Cada cultura da una explicación al mal y las maldades y la entienden a su manera. En el cerebro están los fenómenos arquetipales”, añade. “No hay que esconderle a los niños esas historias, cuyas atrocidades las pensamos así los adultos. Ellos tienen claro que están en el mundo de la fantasía. El símbolo acoge toda la maldad y toda la bondad. No es excluyente. El mito no es moral”.

Más allá de ese territorio va Félix de Azúa. El narrador y experto en arte opina que “a los niños hay que educarlos en la maldad y el mal”. En esa educación, aclara, hay que hacerles ver que ese comportamiento malvado es producto de la “estupidez, cobardía, falta de recursos y debilidad extrema en una persona”. Ello forma parte del proceso de aprendizaje, según Marta Fernández: “Hay que enseñar el mal, para ver dónde está y reconocerlo”.

A diferencia de los niños, los adultos han abandonado la educación moral, lamenta De Azúa. Es “una arrogancia moral, sobre todo de los políticos, pero debido en parte a que la gente se ha desentendido del tema y ha delegado esa función a ellos, que señalan y etiquetan lo que es bueno y es malo”.

Parte de ese enmascaramiento se aprecia en la literatura más popular, que juega con el cliché y no dialoga con el lector, advierte Justo Navarro. Para el poeta y narrador, muchos libros incluyen juicios ya dictados y evitan los del lector: “La literatura debe plantear, también, cuestiones morales, éticas; si los personajes lo han hecho bien o no, y donde el juez, de existir, debe ser el lector y no el escritor. Un buen libro hace preguntas”.

Cirlot tercia que “la ficción permite explorar la conducta humana. No se trata de plantar verdades inamovibles”. El ser humano se horroriza ante la maldad porque “en el fondo hay una duda sobre la creación. Todo sale de que la gente cree que el mundo es una prisión. Es la pulsión destructora la que crea la gran revuelta”. Frente a esa pulsión, recuerda que la filósofa Simone Weil decía: “No hay que destruir, sino descrear”.


Mal día por Merlina Meiler

El sábado pasado tuve un asado en la casa de un amigo, Carlos, que está muy dichoso con su novia Carolina (yo los presenté hace un tiempo).

Todo está muy bien ahora, pero en el transcurso de la segunda cita, ¡cayó una bomba! Parecía que, después de ese episodio, no se iban a volver a ver nunca más.

Es que hubo un malentendido y él decidió no llamarla más. Gracias a mi intervención (sí, ¡celestina y metiche además!), logré que él viera las cosas desde otra perspectiva y se diera una última oportunidad de conocerla, la que afortunadamente resultó exitosa.

Es que todos podemos tener un mal día, y esto también sucede en las primeras citas.

En este caso, podríamos decir que fue una “mala noche”. Es que Carolina entendió que Carlos hacía una insinuación sexual y reaccionó decididamente mal. Lo más insólito fue que él no tenía ni siquiera la intención de tener intimidad en esa cita, así que no le dijo nada sobre ese tema (parece que la música estaba demasiado alta en el lugar). A él le dolieron las palabras que Carolina pronunció y no estaba al tanto de qué las había provocado – simplemente, pensó que se trataba de una “histérica” y resolvió que lo mejor era dar vuelta la hoja y no contactarla nuevamente .

ERRORES SALVABLES

Quizá el comportamiento de Carolina estaba basado en miedos internos de volver a confiar en alguien. En un boicot o en imágenes ¿similares? de una relación fracasada que preferiría borrar.

Muchas veces, los deseos se ven opacados por reacciones de las que, posteriormente, nos arrepentimos o consideramos desmedidas – pero el daño ya está hecho.

No se e ocurriría pedirte que entres en elucubraciones para saber qué hay detrás de los dichos de alguien a quien recién conoces, pero sí, ponte en sus zapatos un momento y, con honestidad, imagina si tú podrías haber sido el protagonista de una conducta (o de un enredo) similar.

Es bastante probable que recuerdes días poco felices en los que hiciste o dijiste cosas que hubieras preferido evitar o que, por el contrario, no estuviste todo lo brillante que hubieras querido para causar una buena impresión en quien estaba frente a ti.

Que tal vez llegaste exageradamente tarde, pero hubieras deseado ser puntual.

O no prestaste atención a algo que importante para el otro. O estabas tan a la defensiva que se produjeron roces o malos entendidos.

Pues bien, lo mismo, exactamente, les sucede a los demás.

Por eso, quiero proponerte que, en caso de una primera o segunda cita con algún traspié inesperado, si la persona te cae bien, te atrae o te intriga, le des una nueva posibilidad.

La verdad es que no es muy fácil conocer a alguien que nos resulte interesante o nos agrade.

Y con solo una nueva oportunidad, tal vez tu historia tenga un final feliz, como el de Carlos y Carolina.


El tiempo de frío

Fuera hace frío, mucho frío; se ve el aliento de las personas al respirar, mientras caminan envueltos en abrigos y bufandas y las manos en los bolsillos. Quizá las crestas de los montes estén cubiertas de nieve o de hielo, pero hay gente que tiene su corazón caliente, y no importa el frío de las calles; personas que tienen una razón para vivir, gentes felices y que saben amar, que saben convertir todas las cosas duras de la vida en algo bueno, algo positivo, tienen esperanza, confían en Dios, aman a su prójimo y se esfuerzan por mantener un clima de paz y calor en sus hogares, en su trabajo.

Pero, ¡qué duro debe ser que ahí fuera haga frío y que el corazón esté congelado, hecho hielo, también! Frío por fuera y frío por dentro; Hielo es la desesperanza, dejarse arrancar día a día los restos de confianza a los que uno se agarra para seguir viviendo. Hielo es el rencor y el odio que va pudriendo poco a poco de modo irremediable tantos corazones. ¡Qué hielo tan duro, es el miedo a la vida, al futuro, a la vejez, a la enfermedad y a la soledad!

Necesitamos que salga el sol dentro de nosotros mismos, el sol de la esperanza, del amor, del optimismo, de la paz interior; tenemos que forzarnos a nosotros mismos y, antes que nada, obligarnos a creer que el sol puede salir en nuestra vida.

El que desespera de todo, puede tener muchas razones y excusas, pero también algo de culpa porque penas, sufrimientos, apuros económicos, contratiempos, están repartidos en la vida de todos, pero ahí esta también la mente, nuestra mente, para buscar soluciones a los problemas, y unos la usan y otros no.

Ahí están nuestras manos para trabajar, y unos les dan uso y otros no, ahí está Dios que sí ayuda a los que confían, pero unos le rezan a ese Dios y otros le dan la espalda; ahí están las oportunidades que ofrece la vida, pero unos las buscan y otros se excusan diciendo que nada se puede hacer.

El sol de la esperanza puede salir y de hecho sale en la vida de todos los que se fuerzan a sí mismos a creer en Dios y en sí mismos, que se fuerzan a esperar lo mejor, a luchar por salir adelante a pesar de todo

Yo no puedo controlar el clima de afuera, pero sí el interior de mi espíritu. Los problemas lo pueden quebrantar a uno si se deja, pero pueden fortalecerlo si los enfrenta como retos magníficos.

Desconozco a su autor

10 Frases Para Reflexionar

1.- Si te lastimaron, no alimentes tu dolor ni te alejes de esa persona, si quieres ser un gran humano, simplemente olvida.

2.- Para que un amor pasado no te lastime de por vida, consérvalo como un recuerdo hermoso, más nunca como una posibilidad, porque si lo haces nunca podrás ser feliz.

3.- Es mejor no ser tan hermosa(o) pues la vanidad suele convertir a las personas en seres poco atractivos.

4.- Haber sufrido un gran dolor nos hace crecer en capacidad de comprender y valorar a nuestros amigos.

5.- Siempre después de una discusión te arrepentirás en tu interior de no haber callado a tiempo.

6.- No traiciones el camino de tus padres actuando diferente cuando ellos no están.

7.- Los pleitos solo llevan a herir a los demás, a causar daño, a distanciar pero nunca a resolver los conflictos.

8.- Nunca seas grosero(a) con las demás personas, aunque estés sufriendo o tengas demasiados motivos para hacerlo.

9.- La fidelidad a un amor lleva a la persona a enamorarse todavía más.

10.- Es madurez superar una decepción como algo que es mejor que haya sido así.