lunes, 4 de enero de 2016

¿Qué es el amor?

Fíjate en la rosa:
¿puede acaso decir la rosa: 'Voy a ofrecer mi fragancia a las buenas personas y negársela a las malas'?

¿O puedes tú imaginar una lámpara que niegue sus rayos a un individuo perverso que trate de caminar a su luz?

Sólo podría hacerlo si dejara de ser una lámpara.

Observa cuán necesaria e indiscriminadamente ofrece el árbol su sombra a todos, buenos y malos, jóvenes y viejos, altos y bajos, hombres y animales y cualesquiera seres vivientes... incluso a quien pretende cortarlo y echarlo abajo.

Ésta es, pues, la primera cualidad del amor: su carácter indiscriminado.

Por eso se nos exhorta a que seamos como Dios, 'que hace brillar su sol sobre buenos y malos y llover sobre justos e injustos; sed, pues, buenos como vuestro Padre celestial es bueno'.

Contempla con asombro la bondad absoluta de la rosa, de la lámpara, del árbol... porque en ellos tienes una imagen de lo que sucede con el amor.

¿Cómo se obtiene esta cualidad del amor?

Todo cuanto hagas únicamente servirá para que tu amor sea forzado, artificial y, consiguientemente, falso, porque el amor no puede ser violentado ni impuesto. No hay nada que puedas hacer.

Pero sí hay algo que puedes dejar de hacer.

Observa el maravilloso cambio que se produce en ti cuando dejas de ver a los demás como buenos y malos, como justos y pecadores y empiezas a verlos como inconscientes e ignorantes.

Debes renunciar a tu falsa creencia de que las personas pueden pecar conscientemente.

Nadie puede pecar 'a conciencia'. En contra de lo que erróneamente pensamos, el pecado no es fruto de la malicia, sino de la ignorancia.

'Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen...' Comprender esto significa adquirir esa cualidad no discriminatoria que tanto admiramos en la rosa, en la lámpara, en el árbol...

La segunda cualidad del amor es su gratuidad.

Al igual que el árbol, la rosa o la lámpara, el amor da sin pedir nada a cambio.

¡Cómo despreciamos al hombre que se casa con una mujer, no por las cualidades que ésta pueda tener, sino por el dinero que aporta como dote...!

De semejante hombre decimos, con toda razón, que no ama a la mujer, sino el beneficio económico que ésta le procura.

Pero ¿acaso tu amor se diferencia algo del de ese hombre cuando buscas la compañía de quienes te resultan emocionalmente gratificantes y evitas la de quienes no lo son; o cuando te sientes positivamente inclinado hacia quienes te dan lo que deseas y responden a tus expectativas, mientras abrigas sentimientos negativos o mera indiferencia hacia quienes no son así?

De nuevo, sólo necesitas hacer una cosa para adquirir esa cualidad de la gratuidad que caracteriza al amor: abrir tus ojos y mirar.

El simple hecho de mirar y descubrir tu presunto amor tal como realmente es, como un camuflaje de tu egoísmo y tu codicia, es esencial para llegar a adquirir esta segunda cualidad del amor.

La tercera cualidad del amor es su falta absoluta de auto-conciencia, su espontaneidad.

El amor disfruta de tal modo amando que no tiene la menor conciencia de sí mismo.

Es lo mismo que ocurre con la lámpara, que brilla sin pensar si beneficia o no a alguien; o con la rosa, que difunde su fragancia simplemente porque no puede hacer otra cosa, independientemente de que haya o deje de haber alguien que disfrute de ella; o con el árbol que ofrece su sombra...

La luz, la fragancia y la sombra no se producen porque haya alguien cerca, ni desaparecen cuando no hay nadie, sino que, al igual que el amor, existen con independencia de las personas.

El amor, simplemente, es, sin necesidad de un objeto.

Y esas cosas (la luz, la sombra, la fragancia) simplemente, son, independientemente de que alguien se beneficie o no de ellas.

Por tanto, no tienen conciencia de poseer mérito alguno o de hacer bien.

Antony de Mello

Deja que cambie

Deja que cambie el tiempo con los años aumenta la sabiduría,
deja que cambie tu rutina así la vida será más interesante,
deja que puedas equivocarte así podrás elegir mejor en el futuro,
ábrete a nuevas amistades puede ser que te enseñen algo nuevo,
deja que tu voz se oiga es la única forma de hacer valer tus opiniones,
deja que cambien tus sueños quizás sean más intensos y verdaderos que los que tienes ahora.

Toma los cambios de tu vida como parte tuya, como parte de tu evolución.

A veces los cambios cuestan ser asimilados,
pero cada uno de ellos significa un nuevo crecimiento que fortalece nuestro espíritu.

Deja que cambien tus pensamientos, es la única manera de crecer.

Verónica R. Marengo


Buenas intenciones (Relato de la tradición Sufí)

Había una vez un pájaro que no volaba. 

No especifica el relato si era un ave que no poseía el don del vuelo, si no había tenido nunca deseo de experimentarlo, o si quizás le había faltado a su lado un pájaro que le enseñase con su ejemplo la forma de elevarse, sustentarse en el aire y volar. 

Se sabe, sin embargo, que cada día buscaba y encontraba su alimento, caminando por el suelo, como un pollo. 

Sucedió que a través de una combinación de circunstancias, el huevo de un pájaro volador fue empollado por éste que no volaba, y a su debido tiempo nació el pichón.

Resultó que ya desde el nido, mientras elevaba y abría el pico para recibir el alimento, observó el vuelo de algunas aves y le habló a su madre adoptiva, diciendo: 

- ¿Cuándo volaré? 

El pájaro atado a la tierra no supo qué responder porque no sabía cómo enseñarle al pichón a volar, ni siquiera sabía cómo arrojarlo del nido de manera que aprendiese. Así que le dijo: 

- Persiste en tus intentos de aprender a caminar, como las otras aves de este corral. Aprende a encontrar tu alimento. ¿Para qué ir hasta las nubes cuando a tu alrededor puedes hallar el sustento necesario? 

Y cada día aumentaba la confusión del pajarillo preso en pensamientos y sentimientos contradictorios debido a su incipiente pasión por el vuelo y a la gratitud que sentía hacia el ave que lo había empollado. 

"Sin este servicio" se decía a sí mismo, "seguramente estaría aún en el huevo". Y aún otras veces añadía: "Quien puede empollarme, seguramente debe poder enseñarme todo lo que necesito en cada momento". 

Pero también algo en su interior se expandía cuando observaba a las aves que surcaban el cielo. 

Y esa sensación aumentaba cuando veía a un gran pájaro descender muy cerca suyo, posarse sobre la valla del corral y al poco volver a alzar el vuelo. 

- ¡Mañana lo intentaré!-, se prometía una y otra vez. 

No cuenta el relato sobre la forma que tuvo el futuro del pájaro en el corral. Quizás logró volar o quizás no. 

Poseía una visión que le motivaba. 

Pero en cada sueño de cambio hay una posibilidad de transformación y una posibilidad de estancamiento. 

Y en medio un puente: aquel que permite llegar desde el anhelo hasta el logro. 

Transitarlo es apoyar el despliegue de nuestro pleno potencial.