miércoles, 31 de agosto de 2016

Impotencia por Merlina Meiler

Y sí, hay momentos en los que me siento con las manos atadas, sin posibilidades de actuar.

Porque mis pasos futuros dependen de una decisión ajena que está tardando en llegar.

O ya ha sucedido algo contrario a mi voluntad y me veo obligada a aceptar una situación que ha venido minando mis fuerzas y mi esperanza.

Mi primera percepción es que ninguna acción mía tendrá un sentido en este momento.

Pero esto es una falacia.

Siempre hay algo que se puede hacer.

Quedarme con los brazos cruzados culpando a los demás o al destino es una opción, pero no permitir que la impotencia me paralice es otra.

Soy yo quien resuelve si voy a permanecer inmóvil hasta que las cosas se aclaren o mágicamente aparezca una solución esquiva, o si voy a hacer buen uso mis múltiples capacidades, aprender de lo sucedido y virar el rumbo hacia algún sitio en el que pueda sentirme medianamente cómoda.

Algunas ideas para ponerse en movimiento en caso de sentir impotencia:

1. Aceptar lo que sucedió: cuando uno está a merced de lo que establezcan los demás, cuanto antes se lo acepte, más rápido podrá comenzar a recuperarse.

2. Dar un cierre al asunto: esto sirve tanto para este momento como a futuro. Si uno siente que ha quedado algo pendiente, volverá a este tema una y otra vez, lo que implicará una pérdida de tiempo importante y también quedarse atascado, sin posibilidad de avanzar.

3. Dar vuelta la hoja: luego de cerrar el tema y de dejarlo atrás, empezar algo nuevo es siempre una excelente opción. Ayuda a despegarse definitivamente de lo que sucedió y a enfocar la fuerza interna en lo bueno por venir. Tener en cuenta que hay ciertas conductas que no se deben repetir es un síntoma de inteligencia.

4. Planificar a futuro: ocuparse de asuntos que quedaron relegados por lo sucedido o ponerse metas que se puedan cumplir, con plazos realistas, son dos excelentes maneras de centrar las energías en una dirección positiva.

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