lunes, 20 de junio de 2016

Diez sugerencias para aumentar la autoestima por Merlina Meiler

Es posible tener una autoestima más sana en cualquier momento que lo decidas.

Este artículo es parte de una nota escrita por Alberto Rubín Martín y publicada en lifeder.com

La autoestima es un sentido de satisfacción que viene de reconocer y apreciar nuestro propio valor, amándonos a nosotros mismos y creciendo. No es un término que incluya la comparación ni la competición. Con una autoestima alta aprendemos a reconocer y experimentar nuestro propio valor.

La baja autoestima es un concepto negativo de sí mismo. Responde a la pregunta ¿Cómo me siento conmigo mismo? La clave para mejorar la autoestima es cambiar el modo en que interpretas tu vida: analizar las interpretaciones negativas que haces de los hechos y crear nuevos pensamientos y objetivos que fomenten el crecimiento de tu autoestima.

Diez hábitos para tener una autoestima sana

1 Destruye tu voz crítica

La principal responsable de una autoestima baja es la voz interior con la que nos decimos a nosotros mismos cosas negativas.

Sí, todo el mundo tiene una voz crítica negativa, aunque unas personas son más conscientes que otras. Se trata de la voz con la que te dices pensamientos destructivos a ti mismo, como:

– Nunca lo harás bien.
– Eres peor que él/ella.
– No le gusto a esa persona.

Lo importante aquí es no aceptar esos pensamientos y reemplazarlos por otros más positivos y que te ayuden a sentirte mejor.

Para ello, trata de atender a tus pensamientos y si observas alguno negativo, cuestiónatelo.

También puedes crear una palabra con la que pares el pensamiento destructivo cuando lo detectes: ¡PARA!

En resumen, se trata de ser consciente de tu voz crítica y no dejarse influenciar por ella, reemplazando esos pensamientos por otros más constructivos.

2 No busques aprobación de los demás

Buscar la aprobación de los demás es algo que, si no somos conscientes, hacemos constantemente. Ejemplos:

– Ponernos ropa pensando en si gustará a los demás.
– Tomar decisiones importantes basadas en opiniones de los demás.
– No decir nuestras opiniones porque pensamos que no agradaran a los demás.

Entonces, cuando vayas a hacer cualquier cosa o a tomar una decisión, pregúntate si estás pensando en qué pensarán los demás, si estas actuando para que ellos se sientan satisfechos con tu comportamiento.

3 Autoafirmaciones

Ya lo decía Muhammad Ali:

“Es la repetición de afirmaciones lo que guía a la creencia. Y una vez que esa creencia se convierte en una convicción profunda, las cosas comienzan a suceder”.

Las afirmaciones ayudarán a desarrollar tu autoestima y simplemente tendrás que repetirlas unas veces durante el día. ¿Ejemplos de autoafirmaciones?

– Me gusto a mí mismo y me acepto totalmente.
– No busco la aprobación de los demás.
– Soy una persona de valor y tengo derecho a ser feliz.
– Experimento sentimientos positivos constantemente.

Para que no se te olvide este hábito, puedes apuntar las frases que más te sirven en una tarjeta y leerlas por la mañana y al acostarte.

4 Haz deporte y cuídate físicamente

Es un hecho que nuestra apariencia física influye en nuestra autoestima. Con una buena forma, te verás mejor y subirá tu autoestima.

Si no estás acostumbrado a hacer ejercicio o ir al gimnasio, comienza poco a poco con 10-15 minutos diarios y ve aumentando el tiempo poco a poco. Verás que se convertirá en un hábito positivo con el que disfrutarás; recuerda que con el deporte liberas endorfinas (hormonas del bienestar).

5 Socializa

El apoyo social es uno de los amortiguadores más importantes del estrés. Las personas que te rodean sirven como apoyo emocional, para darte ayuda, para divertirte y de la que aprender. Eso si son gente con criterio y positiva. La gente negativa, probablemente disminuirá tu autoestima.

6 Haz una lista de tus logros

Esta acción es una de las que mejor funciona. A veces pensamos que no podemos lograr algo o que no tenemos la capacidad para ello. Por ejemplo:

– No podemos aprobar un examen.
– No podemos adelgazar.

Con una lista que te haga recordar tus logros anteriores, recordarás que tienes la capacidad para lograr lo que te propones. No tienen por qué ser grandes logros como ganar un campeonato. Un ejemplo sería:

– He aprobado la carrera/formación profesional/preparatoria.
– He aprendido a jugar al tenis.
– He aprendido a leer inglés.
– Fui seleccionado para trabajar en mi actual puesto.

Pon tu lista en un lugar visible y léela a menudo. Eso hará que te hagas representaciones positivas y entres en un estado que aumente tu autoestima.

7 Haz una lista de tus cualidades positivas

Sé generoso y sincero contigo mismo haciendo una lista de tus cualidades positivas más destacables. Si no sabes por dónde empezar, pregunta a un amigo de confianza. Tienen que ser al menos 10 cualidades. Es normal si sientes que te cuesta hacer la lista porque la mayoría de las personas se enfoca en sus rasgos negativos y olvidan los positivos. Ejemplo:

– Soy trabajador.
– Sé escuchar.
– Soy educado.
– Tengo una buena relación con mi familia.
– Estoy en forma.
– Soy empático.
– Soy amable.
– Soy abierto de mente.
– Soy responsable.
– Soy activo.

8 Para de ser perfeccionista

El perfeccionismo es uno de los rasgos más destructivos porque con el queremos ser algo inalcanzable y aunque mejoramos constantemente, nunca estamos contentos.

Además, al querer hacer todo perfecto te paralizarás al ver errores, lo dejarás todo para más tarde y no obtendrás ninguna clase de resultados. Todo ello conllevará a un descenso de tu autoestima.

¿Cómo dejar de ser perfeccionista?

Ponte límites para finalizar las cosas: debido a que a veces tratamos de hacer todo perfecto, al final se pospone y nunca termina. Si te pones una fecha límite, te verás obligado a avanzar y a terminar las cosas.

Cambia tus estándares: el perfeccionismo viene de la forma de pensar de “tiene que estar todo perfecto sin ningún fallo”. Sin embargo también puedes pensar de otra forma que también te llevará a obtener buenos resultados como “Voy a esforzarme en ello y lo haré lo mejor posible. Si cometo un error es normal y siempre puedo aprender de ello”.

9 Cuida tu lenguaje no verbal

Aquí me refiero tanto a tus expresiones faciales como a tus posturas corporales. Sonreír y reír hará que te sientas más feliz y mostrar posturas de expansión (con los brazos abiertos y no encogidos) harás que te sientas con la autoestima más alta.

10 Acéptate

Aceptarte tal y como eres es necesario para tener una autoestima sana y ser feliz.

Esto no quiere decir que no puedas cambiar, ser ambicioso y mejorar tu vida. Significa aceptar tus defectos, físico, capacidades o aptitudes, y a partir de ahí trabajar para mejorar.

Ante cualquier tipo de situación en la que te sientas mal contigo mismo, sigue este proceso:

Hazte consciente de la situación: es necesario que cuando te sientas mal te hagas consciente de ello.
Acéptalo: acepta el hecho de sentirte mal, es algo normal y no te tienes porqué castigar por ello.
Actúa: ¿qué puedes hacer por sentirte mejor?

“Si no te gusta algo, cámbialo. Si no puedes cambiarlo, cambia tu actitud”. Maya Angelou.

“Una vez que aceptamos nuestros límites, los atravesamos”. Albert Einstein.

Parejas a la par por Merlina Meiler

No soy ni más ni menos que tú.

Los dos integramos esta pareja, al 50 % cada uno.

Y somos distintos, aunque hayamos decidido marchar juntos y compartir la vida.

No es necesario que pruebes que sabes más que yo, que eres más inteligente ni que tienes más fuerza: como seres humanos diferentes, cada uno tiene talento para algunas cosas y no lo tiene para otras. Esto no está bien ni mal -es y será así-, y tampoco tiene que ser motivo de quejas, de burlas, de comentarios despectivos o de momentos incómodos. Con entenderlo y tenerlo en cuenta, alcanza.

Tampoco este hecho le da poder a uno sobre el otro: simplemente, en varios aspectos nos complementamos, en algunos lo hacemos a medias (o en cierto grado) y en otros, decididamente no; esto implica que unas cuantas situaciones no se den de la manera que tú o ambos desearíamos, como en todos los órdenes de la vida.

No hay manera que recuerde absolutamente todo lo que me pides, aunque desde el corazón hago mi mejor esfuerzo por tener en cuenta tus necesidades y tus anhelos. Si alguno se me escapa (probablemente, más de una vez), ten siempre en cuenta que pongo mi mejor buena voluntad y que todo lo que siento por ti no está relacionado con esto ni con ninguna otra circunstancia similar.

Además, en lo que hacemos, en lo que pensamos y en lo que sentimos influyen nuestra crianza, nuestra educación, nuestros estudios y nuestras experiencias, que siguen siendo únicas y personales aunque transitemos por los mismos caminos muchas horas por semana y desde hace tiempo: somos dos seres únicos unidos por el lazo más importante: el amor.

No intentes subyugarme, menospreciarme ni manipularme, porque tarde o temprano me daré cuenta y me iré de tu lado aunque te ame. Yo te respeto, te doy tu lugar y te valoro, y espero lo mismo de tu parte.

Te propongo que caminemos juntos, lado a lado, apoyándonos, conteniéndonos, dando lo mejor de cada uno para que el otro sea feliz, y disfrutemos de este sentimiento tan hermoso que nos unió y nos permite tener la perspectiva de aspirar a un futuro brillante, juntos.


Todo perfecto por Merlina Meiler

No hace falta que hagas todo perfecto.

De hecho, es imposible.

A veces nos acobardamos y no tomamos medidas ni realizamos acciones que podrían tener un desenlace satisfactorio por miedo a que no nos salga todo perfecto.

ALGUNOS MOTIVOS

En realidad la razón subyacente no es tan importante como lo que ella genera, pero bucear en qué provoca esta inacción puede resultar útil para neutralizarlo y animarnos a dar un paso hacia adelante.

Muchos de nosotros tenemos la fantasía de que todo lo que hacemos debería ser inmaculado, para así jactarnos de nuestras cualidades y dar el ejemplo de cómo hay que hacer las cosas. (Esto puede incluir, por qué no, hacer alarde de cierto grado de superioridad con respecto a quienes nos rodean). SI el grado de autoestima es el adecuado, esta no debería ser una actitud a adoptar, ya que no somos ni mejores que peores que los demás – simplemente, distintos, con cualidades y defectos como todos.

El hecho de quedarnos con los brazos cruzados por el temor a “fracasar” nunca es un buen compañero, ya que evita que obtengamos logros y avancemos.

Por otro lado, es común que quienes tienen padres exigentes se preocupen en demasía por cumplir con sus expectativas. Aunque sean grandes y ya no vivan con ellos, les quedó un “chip” interno que puede frenar la toma de decisiones por miedo a que el resultado no sea el deseado y no lograr obtener la aprobación de ellos.

También puede dar temor el “qué dirán los demás” ante una equivocación de nuestra parte en algo que algunos podrían considerar sencillo o habitual.

Tal vez sea por inseguridades, por presiones internas o externas o por otro motivo, pero lo peor es no hacer nada.

Anímate.

Todo tiene un riesgo, inclusive el quedarse inmóvil.

Quizá al accionar el resultado no sea el esperado al 100 %, pero siempre vale la pena intentarlo.

jueves, 2 de junio de 2016

Desorden por Merlina Meiler

Me he dado cuenta de que hay distintas clases de desorden.

Y que unas se pueden aplicar a las otras para mejorar no solo la convivencia, sino también la tranquilidad interior.

Durante años me han “acusado” de ser desordenada. Cuando era una niña, en mi clóset, la ropa estaba mal doblada o se caía al abrirlo… Bueno, a decir verdad, esto no solo me pasaba de “pequeña”. Yo entendía en líneas generales lo que se requería que hiciese (doblar, colocar una prenda arriba de la otra, sacar una con cuidado para evitar que se arruguen las demás), pero me resultaba difícil sostenerlo en el tiempo.

Por otro lado, en mi vida universitaria y luego laboral, siempre he sido bastante prusiana con respecto a mis obligaciones. Mientras estudiaba, jamás se me hubiera pasado por alto la entrega de un trabajo práctico –mucho menos un examen–, y siempre supe dónde estaban los libros/apuntes que precisaba.

En mi vida profesional, nunca entregué algo después de una fecha límite, me resulta muy fácil encontrar los documentos que necesito (aunque tenga varios encimados), tengo listas de cosas por hacer por día/semana, también uso una lista para ir al súper, la que voy armando diariamente según lo que falta en mi casa. Hasta agendo en mi teléfono todos mis compromisos futuros con alarmas, para que me recuerden el evento un día antes y así estar bien preparada.

También tengo una escala de valores muy clara y me resulta sencillo tomar decisiones basándome en ella.

Ahora, mis clósets están más prolijos que cuando era una niña, aunque muchos de ustedes tal vez no compartirían este punto de vista completamente

Mis conclusiones son:

Todos somos desordenados en algún área de nuestra vida (objetos, responsabilidades, prioridades, etc.).

Por consiguiente, es seguro que seamos ordenados en otra/s.

Tal vez tu primer instinto sea decir que no, pero piénsalo dos veces y habrá algún aspecto en el que te encuentres “en la vereda de enfrente” a lo que habitualmente consideras.

Amigarse con el desorden propio es una buena manera de reconocerlo y de entender que si somos capaces de encontrar el lugar que le corresponde a algo (sea tangible o no), bien podemos hacerlo con la mayoría de las demás cosas.

Cuando el orden o el desorden alteran la convivencia (se trate de adolescentes o de adultos desordenados o con una idea del “lugar que le corresponde” a cada cosa diferente al nuestro), gritar o enfadarse no dará ningún resultado positivo, ya que en general se trata de conceptos diferentes de lo que el orden significa. Hay gente a la que no le molesta una cama sin tender durante todo el día y a otra no se le pasa por la cabeza algo semejante.

En estos casos, la solución más inteligente es sentarse a hablar tranquilamente e intentar llegar a un lugar común (es muy probable que ambas partes tengan que hacer concesiones para esto, incluso cuando se trata de padres e hijos). Una manera de hacerlo en este terreno podría ser: “ocúpate a tu manera de ese clóset/tu escritorio, pero cuando entre a tu cuarto quiero que esté ordenado de esta manera” (explica tu idea de lo que deseas con claridad: sin objetos en el piso, con la cama tendida, la ventana abierta para que se oree, etc.)

En el caso de adultos, el concepto es el mismo: lograr a un acuerdo que conjugue las dos ideas de orden para que todos se sientan cómodos.

Con respecto al orden interno, para mí es la base para que todo lo de alrededor funcione en armonía. Bien vale la pena dedicarle unos minutos.