lunes, 25 de abril de 2016

Esperando lo mejor por Merlina Meiler

Habitualmente espero lo mejor en todas las situaciones.

Ya sé, esto suena a algo muy lógico y evidente. Si uno hace algo, debe desear que todo salga según lo planeado… pero en muchos casos, no es así.

Nosotros mismos jugamos en contra de lo que estamos haciendo. Porque, según la situación:

. Nos desmerecemos utilizando palabras y frases que no nos permiten sacar a la luz todo nuestro potencial (como por ejemplo, “nunca me sale nada bien”, “si no se concreta, no es tan importante”, “nunca puedo lidiar con este tipo de situaciones”).

. Partimos desde una baja autoestima y así, en lugar de pisar con todo el pie al caminar, temblorosos, solo apoyamos las puntas de los dedos, con la consecuente alta probabilidad de caer.

. No nos involucramos plenamente por miedo, inseguridad, descreimiento…

. Como ya hemos tenido resultados adversos anteriormente, intentamos avanzar pero sin grandes expectativas. Si esta es la actitud, ¿de qué manera uno pone su energía y su mejor esfuerzo para que algo muy bueno suceda?

. Es común boicotearse o “abrir el paraguas antes de que llueva”, lo que es muy similar a hacer las cosas a medias.

Esperar lo mejor es jugarse al ciento por ciento y creer que merecemos lo óptimo.

Es enfocar la energía para que eso que tanto anhelamos sea una realidad.

Es permitir que la vida nos sorprenda y que aquello que pase incluso pueda superar nuestras previsiones.

Implica también saber que las cosas pueden resultar distintas, pero tenemos la entereza suficiente para capear cualquier temporal e igualmente llegar a obtener buenos frutos.

Es tener ese convencimiento interno total y absoluto que esta vez, lo mejor para nosotros realmente sucederá.


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