miércoles, 27 de enero de 2016

Mal día por Merlina Meiler

El sábado pasado tuve un asado en la casa de un amigo, Carlos, que está muy dichoso con su novia Carolina (yo los presenté hace un tiempo).

Todo está muy bien ahora, pero en el transcurso de la segunda cita, ¡cayó una bomba! Parecía que, después de ese episodio, no se iban a volver a ver nunca más.

Es que hubo un malentendido y él decidió no llamarla más. Gracias a mi intervención (sí, ¡celestina y metiche además!), logré que él viera las cosas desde otra perspectiva y se diera una última oportunidad de conocerla, la que afortunadamente resultó exitosa.

Es que todos podemos tener un mal día, y esto también sucede en las primeras citas.

En este caso, podríamos decir que fue una “mala noche”. Es que Carolina entendió que Carlos hacía una insinuación sexual y reaccionó decididamente mal. Lo más insólito fue que él no tenía ni siquiera la intención de tener intimidad en esa cita, así que no le dijo nada sobre ese tema (parece que la música estaba demasiado alta en el lugar). A él le dolieron las palabras que Carolina pronunció y no estaba al tanto de qué las había provocado – simplemente, pensó que se trataba de una “histérica” y resolvió que lo mejor era dar vuelta la hoja y no contactarla nuevamente .

ERRORES SALVABLES

Quizá el comportamiento de Carolina estaba basado en miedos internos de volver a confiar en alguien. En un boicot o en imágenes ¿similares? de una relación fracasada que preferiría borrar.

Muchas veces, los deseos se ven opacados por reacciones de las que, posteriormente, nos arrepentimos o consideramos desmedidas – pero el daño ya está hecho.

No se e ocurriría pedirte que entres en elucubraciones para saber qué hay detrás de los dichos de alguien a quien recién conoces, pero sí, ponte en sus zapatos un momento y, con honestidad, imagina si tú podrías haber sido el protagonista de una conducta (o de un enredo) similar.

Es bastante probable que recuerdes días poco felices en los que hiciste o dijiste cosas que hubieras preferido evitar o que, por el contrario, no estuviste todo lo brillante que hubieras querido para causar una buena impresión en quien estaba frente a ti.

Que tal vez llegaste exageradamente tarde, pero hubieras deseado ser puntual.

O no prestaste atención a algo que importante para el otro. O estabas tan a la defensiva que se produjeron roces o malos entendidos.

Pues bien, lo mismo, exactamente, les sucede a los demás.

Por eso, quiero proponerte que, en caso de una primera o segunda cita con algún traspié inesperado, si la persona te cae bien, te atrae o te intriga, le des una nueva posibilidad.

La verdad es que no es muy fácil conocer a alguien que nos resulte interesante o nos agrade.

Y con solo una nueva oportunidad, tal vez tu historia tenga un final feliz, como el de Carlos y Carolina.


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