lunes, 23 de noviembre de 2015

Una hora de tu tiempo

-Papá ¿Cuánto ganas por hora?
El padre dirigió un gesto muy severo al niño y repuso:
-No me molestes, que estoy cansado.

-Pero ... papá –insistía- dime, por favor, ¿Cuánto ganas por hora?
La reacción del padre fue menos severa. Solo contestó:
Ocho pesos por hora.

-Papá ¿Me podrías prestar cuatro pesos?
El padre montó en cólera y le dijo:
-Vete a dormir y no me molestes.

Había caído la noche.
El padre había meditado lo sucedido y se sentía culpable y, queriendo descargar su conciencia dolida, se asomó al cuarto de su hijo. En voz baja preguntó al pequeño:
- ¿ Duermes hijo mío ?
- Dime Papá.... (contestó entre sueños).
- Aquí tienes el dinero que me pediste (respondió el Padre).

El pequeño le dio las gracias y metiendo su manito bajo la almohada sacó unos billetes.
-Ahora ya completé el dinero.... tengo ocho pesos. ¿ Me podrías vender una hora de tu tiempo? ...

Desconozco a su autor



Los dos pájaros

Dos pájaros estaban muy felices sobre un mismo sauce. Uno de ellos se apoyaba en una rama en la punta más alta del sauce; el otro estaba más abajo, en unas ramas bajas.

Después de un rato, el pájaro que estaba en la rama más alta, por romper el hielo dijo:
- OH, que bonitas son estas hojas tan verdes!
El pájaro que estaba debajo se lo tomó como una provocación y le contestó de mala manera:
- ¿Pero que estás ciego o qué? ¿No ves que son blancas?
Y el de arriba, muy molesto, contestó:

- ¡Tú si que eres ciego! ¡Son verdes!

Y el otro, desde debajo, con el pico hacia arriba, respondió:

- Te apuesto las plumas de la cola a que son blancas. Tú no entiendes nada, trozo de asno.

El pájaro de arriba notaba que se le encendía la sangre, y sin pensárselo dos veces se precipitó sobre su adversario para darle una lección.

El otro no se movió. Cuando estuvieron cerca el uno del otro, con las plumas erizadas por la ira, tuvieron la lealtad de mirar los dos hacia arriba, en la misma dirección, antes de empezar la pelea. El pájaro que había venido de arriba se sorprendió:

- ¡OH, que extraño! Fíjate que las hojas son blancas!

E invitó a su amigo:

- Ven hasta arriba dónde estaba yo antes.Volaron hasta la rama más alta del sauce y esta vez dijeron los dos a la vez:

- ¡Fíjate que las hojas son verdes!

Desconozco a su autor