sábado, 17 de enero de 2015

Donde se enterró mi corazón

No dejes que decidan tu vida...
¡No te sigas ciegamente a los demás!
No a todos les sirve lo mismo...
Lo que encaja en una vida, desencaja en otra...
A unos les sobra lo que a otros les falta...

Cada persona tiene su apetencia para vivir,
y sus metas con qué soñar.
Y las tuyas, no pueden suplirse con las de nadie...
Ni las de nadie cumplir el cometido de las tuyas.

La vida es una ciencia donde siempre se está
creciendo y se está madurando...
Aunque nunca lleguemos a su total culminación.

Sé agente libre de tu propia vida...
La libertad no es un monstruo...
es un medidor de tu voluntad y tu carácter...
Lo que te deja respirar a tu anchas...
Lo que te deja abrir alas y salir a volar.

Cree en ti misma, sin esperar
la aprobación de todos para poder decidir...
¡Porque la inseguridad es capaz
de hundir los mejores propósitos!
Acostúmbrate a vivir equilibrada...
porque los excesos casi siempre arruinan la felicidad.

Te sentirás afianzada y segura,
cuando tengas firmezas en tus creencias...
seguridad en tus decisiones...
y aplomo en tu acción...

Cuando tengas la frente de una pensadora...
el pecho de un luchador... ¡y la mirada de un niño!

Porque el ideal no baja a tus manos...
tienes tú que ir a buscarlo en la cumbre.

Porque la vida no tira rosas a tu paso...
tienes que cortarlas en el huerto que has cultivado.

Porque la tierra no regala los frutos...
¡Caen del árbol donde se enterró tu corazón!

Zenaida Bacardi de Argamasilla