jueves, 29 de octubre de 2015

El cuerpo habla por Merlina Meiler

El cuerpo habla mediante síntomas.

Si estás bien atento, podrás dilucidar qué sucede y encontrar respuestas no solo a tus malestares físicos, sino también a tus dudas o indefiniciones.

Cuando pasamos algo por alto, no queremos enfrentarlo, lo minimizamos, escondemos nuestras emociones o tenemos asuntos sin resolver, es frecuente que nos aparezca algún síntoma recurrente.

No me refiero a hechos puntuales, como un dolor de cabeza después de una fiesta o algún malestar digestivo tras una comilona.

Muchos de los problemas físicos que se nos presentan no se resuelven por sí solos, mágicamente, aunque ansiemos que así sea.

Echar la culpa a los demás y no hacernos cargo de nuestra responsabilidad en el asunto y de nuestros sentimientos al respecto solo tiende a profundizar el malestar y no aporta una salida ni nada positivo.

Un caso

Hace poco me consultó un hombre con dolor de espalda. Después de tres años de diferentes tratamientos convencionales y no convencionales, se sometió a una operación hace pocos meses. La mejoría solo duró un par de semanas y el dolor volvió a presentarse.

Tras conversar en profundidad y analizar el contexto que rodeó la aparición de los síntomas, descubrimos que su afección estaba relacionada con Juana, una novia que tuvo y lo abandonó: en ese mismo momento comenzaron sus problemas de espalda. Por alguna razón, los dolores hacían que él la sintiera presente en su vida y desprenderse de ellos, para él, significaba dejar ir a Juana para siempre.

¿Cómo entender al cuerpo?

Cuando el cuerpo se expresa, suele hacerlo por medio de alguna dolencia que no desaparece fácilmente (en ciertas ocasiones, la causa que genera la molestia no es muy clara; en otras, hay un diagnóstico certero). Habitualmente se trata de una alarma pequeña que trata de lograr que nos enfoquemos en cierto tema en particular. Si le prestamos la debida atención, es probable que se esfume y no llegue a convertirse en una situación que requiera mayor cuidado.

Además de ir al médico para que te indique el tratamiento adecuado, puedes ayudar a tu cuerpo a sanar, si entiendes lo que está tratando de manifestar.

Piensa detenidamente en estas preguntas. Toda respuesta que te venga a la mente es bienvenida y sirve para esclarecer el panorama.

– ¿Cuándo comenzó la dolencia?

– ¿Qué pasó inmediatamente antes? (El “inmediatamente” es subjetivo, puedes entenderlo como quieras: horas, días, semanas o el lapso que te parezca).

– ¿A qué hecho podrías relacionarlo?

– ¿Podría estar involucrada alguna persona de algún modo?

– ¿Ya pasaste por una situación similar anteriormente? (“Similar”, nuevamente, es subjetivo: lo que se te presente está perfecto, aunque parezcan hechos sin conexión o sin parecido entre sí).

– ¿Qué pasaría si no tuvieras ese problema de salud? ¿Qué obtendrías? ¿De qué carecerías? (Esta pregunta es fundamental, ya que el miedo a obtener algo o a que se produzca un hecho, o incluso el tratar de evitar que algo suceda, puede incidir en que la curación se demore).

Para vivir con plenitud, es importante aprender a escuchar lo que está tratando de exteriorizar el cuerpo y hacer lo necesario para subsanarlo.

Fuente: Mejora Emocional


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