jueves, 17 de septiembre de 2015

Revolver problemas del pasado por Merlina Meiler

Tuviste un cambio de opiniones con otra persona.

O te defraudó y, con el tiempo, decidiste darle una nueva oportunidad. Este es siempre un acto de grandeza ya que, en ciertas circunstancias, no es fácil tomar la resolución de dejar atrás lo que sucedió, dar vuelta la hoja y seguir mirando hacia el futuro juntos (se trate de una pareja, un miembro de tu familia, un amigo u otro tipo de relación).

Lo más sabio es no revolver los problemas del pasado.

Ya no los traigas al presente en cada oportunidad que se te presenta (o que te parece oportuna para hacerlo).

No estoy diciendo que lo pasado, pisado, ya que lo más importante es que te haya aportado un conocimiento profundo y un aprendizaje, para saber qué es lo que no quieres y qué no tolerarás en tu vida.

Esta es una buena oportunidad para soltarlo de una vez.

Hablaste lo suficiente sobre el tema en su momento y, si decidiste dar el tema por saldado y proseguir teniendo cerca de ti a esa persona, cumple con tu palabra, así como esperas que la otra parte haga honor a la suya.

Una manera segura e infalible de que una relación (de cualquier índole) naufrague es trayendo al presente, reiteradamente, malos momentos o situaciones difíciles que atravesaron.

Si no pudiste cerrar internamente esa historia y sientes que aún está latente en tu vida, entonces no te engañes y utiliza los medios a tu alcance para que se transforme en un capítulo terminado. La otra persona involucrada entiende que ya ha pasado la tormenta porque tú así se lo hiciste saber y manifestaste la intención de actuar en consecuencia. Si te das cuenta de que no puedes hacerlo, ahora es tu responsabilidad resolverlo.

Además, si traes a colación ese hecho en cuanta discusión se suscita, sería más inteligente de tu parte ponerle un punto final al uso de ese recurso que solo tristeza y angustia provoca (principalmente, a ti) y ya no revolver el mismo problema una y otra vez. A esta altura, no creo que el otro necesite recordatorios para saber que aquello que sucedió te afectó profundamente y que esperas que no vuelva a suceder.

Hay un refrán que dice: Al perro que duerme, no lo despiertes… podría morderte de una manera impensada.

¡Mejor, deja las cosas como están, logra tener paz interior, capitaliza lo que lograste hasta ahora y sigue avanzando!



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