martes, 29 de septiembre de 2015

En el amor, nunca se sabe por Merlina Meiler

Hace un par de semanas hice gala de mis condiciones de celestina (¡me encanta reunir gente!) y presenté a un amigo y a una amiga.

Varias personas que los conocen me hicieron el mismo comentario: ¿qué te hace pensar que se van a gustar o que se formará una pareja?

Es que a simple vista, no tienen demasiado en común…

Incluso, escuché frases del tenor de:

Pero si ella es unos años mayor que él.

Hay diferencia en los niveles económicos.

La altura es dispar (ella con tacos lo sobrepasa).

Etc. Etc.

Pues entonces, ¿cómo se me ocurrió presentarlos? Por dos motivos:

Uno es que los dos están solos y con ganas de estar acompañados.

Y el segundo es que en el amor, nunca se sabe qué funcionará.

Algunas veces he visto a gente -que parecía predestinada a tener la mejor pareja y familia- separarse en amargos términos.

Y me da felicidad darme cuenta de cómo lo que pueden parecer diferencias relativamente importantes quedan sopesadas por aplicar la inteligencia en lo que realmente es valioso: el respeto, las virtudes, los proyectos en común, los valores y, por sobre todo, el amor.

Con respecto a mis amigos, la relación se va profundizando y están dando pasos firmes, basados en el descubrimiento mutuo de aspectos positivos de su personalidad, lo que obviamente genera una atracción entre ellos y ganas de volverse a ver. Por suerte, ninguno de ellos presta atención al qué dirán y ni a la mirada de los demás.

ATRÉVETE

Entonces, si estás en soledad porque hasta ahora no has tenido la suerte que deseabas en tus parejas o te has negado a conocer a posibles candidatos/candidatas porque tu primera impresión es que no hay nada que los una y no funcionará, amplía tus horizontes, deja de lado tus prejuicios y ábrete a una oportunidad distinta a las demás. Las fórmulas viejas a repetición suelen dar el mismo resultado y lo que anhelas es otra cosa. ¡Tal vez nazca el amor, nunca se sabe!

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