viernes, 21 de agosto de 2015

No eres ni tu padre ni tu madre por Merlina Meiler

Muchos de nosotros tenemos padres de los que nos enorgullecemos.

Pero hay otras personas que no corren con la misma suerte.

Porque sus padres (u otro miembro de la familia) han tenido conductas o han realizado acciones que en ciertos casos fueron incomprensibles y, en otros, poco felices o directamente dañinas, para consigo mismos o para quienes los rodeaban (ya sean conocidos o extraños).

Si esta es tu situación, a ti en especial quiero recordarte que no eres ni tu padre ni tu madre.

Eres un ser diferente y, probablemente, al vivenciar lo que sucedió te has dado cuenta de que posees otros valores y quieres cosas de un tenor más positivo para tu vida.

Ten presente que sí es posible despegarse de los hechos ajenos.

Los comportamientos de los demás (aunque lleven tu mismo apellido o convivan en la misma casa) no te definen a ti como persona.

En cualquier momento, puedes optar por tomar otro rumbo que demuestre a las claras lo diferente que eres de ellos.

Que en un principio sientas vergüenza, dolor, impotencia o desazón es perfectamente normal, y es necesario que afloren esos sentimientos para poder exteriorizarlos, sanarlos y llegar a un lugar de aceptación y de paz interior.

Los de afuera vana a hablar, y mucho más de lo que desearías o estás dispuesto a aguantar. Pero ya sabes que ellos siempre lo hacen, como si sus vidas fueran perfectas e inmaculadas. Opinan sin saber cómo sucedieron los hechos, de qué manera ellos influyeron en ti y, si son bastante malintencionados, habría que preguntarse de qué lado están realmente y qué grado de compasión al prójimo denotan.

Puede haber salud en el medio de un entorno enfermo.

Y también ganas de progresar y de escribir un nuevo capítulo en la historia, pero esta vez, de tu propio puño y letra.



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