miércoles, 1 de julio de 2015

Toparse dos veces con la misma piedra por Merlina Meiler

Otra vez recibí idéntica consulta sentimental del mismo hombre.

Es que han ido pasando los años y la problemática subyacente sigue siendo la misma.

Hace algún tiempo y con bastante esfuerzo, “Roque” se separó de su última pareja (que resultó ser un calco de situaciones anteriores).

Ya volvieron a estar juntos.

Esa mujer resultó ser terriblemente abusiva y manipuladora.

A veces resulta difícil ayudar a un hombre a darse cuenta de que el ser que tiene al lado lo maltrata o lo menosprecia, y que estas actitudes denotan cierto grado de agresividad. Es que tienden a pensar que esta es una situación más “femenina” y no es algo que les pueda pasar a ellos.

Pero hay personas abusivas de todos los géneros y de todas las clases sociales.

Incluso, en cualquier puesto de una empresa puedes encontrar a una. No necesariamente alguien que ostente poder tenderá a ser abusivo; muchas veces, esta conducta proviene de quien menos lo esperas.

No sirve de nada intentar convencerse de que la persona actuó sin maldad, porque en la mayoría de las ocasiones resquicios de ella asoman por doquier.

SOLEDAD

En el caso de Roque, su pánico a la soledad hizo que al no prosperar el primer intento de pareja con otra mujer, volviera a los brazos de quien lo ha maltratado.

Por lo que me ha relatado varias veces, pareciera que él no sabe qué rumbo tomar si no tiene a alguien a su lado. Le resulta imperioso estar en pareja, proyectar y sentir que cuenta con quien compartir su vida.

Además, tener memoria selectiva e intentar justificar todo lo malo, francamente, no ayudan.

Estos son los casos en que me pregunto hasta dónde puede aguantar una persona para no ver la realidad.

Cuántas situaciones de vergüenza o de humillación tienen que darse para poder poner el punto final real.

Una vez más sostengo que el miedo a la soledad es el peor consejero para poder acceder a una pareja sana, que se sostenga en el tiempo fluidamente y que nos haga plenamente felices, ya que nubla nuestra capacidad de selección y, literalmente, nos hace aceptar lo primero que aparece sin miramiento alguno.

Los parches o mirar hacia otro lado no hacen más que abonar el terreno para que situaciones similares se sucedan una tras otra, con la misma persona o con otras que no parecen similares pero terminan siéndolo de algún modo.

Si Roque aceptara que su vínculo se terminó en su momento porque no era bueno para él ni lo hacía feliz, y decidiera pasar un tiempo sin pareja (saliendo y divirtiéndose, sí, pero sin aferrarse a nadie), tendría la oportunidad real de enfrentar y de solucionar aquella problemática subyacente que dio origen a sus intentos y a las separaciones posteriores, y que también está condicionando sus pasos actuales y futuros.

Pero tomó la decisión más a mano y con futuro más incierto y errático. Así como dicen que “lo barato sale caro”, yo sostengo que “el camino que parece más fácil suele traernos los mayores dolores de cabeza”. ¡En su gran mayoría evitables, por cierto!

¿Notas algo en común entre Roque y alguno de tus conocidos?

Fuente: Mejora Emocional


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