lunes, 6 de julio de 2015

Te estás observando por Merlina Meiler

En medio de las dudas, del tedio, de la desilusión, del cansancio o de la resignación vuelve esa vocecita que te pregunta:

¿Para qué hacer las cosas bien?

¿Por qué no mejor termino todo rápidamente con el mínimo esfuerzo (o sin esfuerzo alguno), de alguna manera más o menos viable, aunque quede algo inconcluso o a medias, y veo cómo resuelvo todo después si surge algún problema?

¿Cuál es el sentido de emplear mi vigor al máximo si es probable que nadie lo note ni lo valore?

La respuesta es bien simple:

Porque te estás observando.

En todo momento, estás atento a lo que haces y a lo que omites, a las decisiones que tomas y a los atajos que aunque parezca que acortan el camino, terminan resultando una pérdida de tiempo, de energía o de amor propio. Y que, además, hacen mella en tu fuero interno.

Es que tu conciencia sabe lo que está bien y lo que está mal.

Hasta qué punto puedes dar.

Qué es lo mejor de ti y cuándo dejas las cosas por la mitad o no les echas ganas.

No solo eres tu mayor crítico, sino también eres consciente de que, si las respuestas que das a lo que se te presenta no están a tu altura, más temprano que tarde lo padecerás.

Porque aunque los demás no lo noten o les dé lo mismo, a ti no te sucede eso. Porque de algún modo, te observas permanentemente.

Es probable que cierto grado de insatisfacción continua derive, exactamente, de este punto: de no cumplir contigo mismo ni con tu capacidad o expectativas personales.

DAR LO MEJOR
Porque cuando das lo mejor de ti mismo, brillas.

Te sorprendes gratamente al ver que despliegas tu inventiva y tu creatividad, y que tus fuerzas se van renovando – todo esto te brinda grandes alegrías y mayor confianza en ti mismo.

Tienes motivos para sentirte orgulloso.

Te paras frente a la vida con otra actitud (incluso, corporal) y tienes la certeza de que, pase lo que pase, tendrás la entereza suficiente para capear hasta las peores tormentas.

Fuente: Mejora Emocional

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