martes, 21 de julio de 2015

La edad que crees que tienes por Merlina Meiler

En una entrevista radial que me hicieron la semana pasada, una de las locutoras dijo algo que me dejó pensando.

Alejandra comentó que sus amigos creen que ella tiene una edad (la que figura en su documento de identidad), pero ella siente que tiene otra. Hace o dice cosas que sus allegados piensan que no es lo que esperan de Alejandra, a esa altura de su vida.

La edad es solo un número.

Si dejas de ser fiel a ti mismo y cedes ante lo que se espera de ti –por la circunstancia que sea– estás permitiendo que ese número (o la gente que te rodea) te condicione. Y entonces, esta sería una excusa más para no tomar las riendas de tu presente y de tu futuro, y dejar tus decisiones y tus posibilidades de dicha en las manos de los demás.

Puedes ser joven y sentir que cargas con un peso tal sobre tus espaldas que te parece que has vivido muchos años más de los que tienes.

Asimismo, quizá recién después de haber soplado velitas de cumpleaños durante varias décadas te sinceras contigo mismo y cuentas con la seguridad interior para hacer lo que te plazca o para vestirte como te venga en gana, haciendo oídos sordos a críticas y a comentarios dudosamente intencionados.

O fuiste papá o mamá joven, has relegado vivencias y deseos personales en pos de la crianza de sus niños y ahora que ellos han crecido y las responsabilidades han disminuido, tienes más tiempo para dedicarte a ti mismo.

Y así transcurren tus días, más alivianado que lo que alguna vez imaginaste y con diversas oportunidades que se abren delante de ti.

Quien piense que es tarde para, por ejemplo, comenzar estudios universitarios, dedicarse a un nuevo pasatiempo, salir hasta la madrugada o lanzarse a alguna aventura, simplemente, tiene un perfil más conservador y no le interesa ni lo distinto ni adentrarse en lo desconocido.

Es lógico e incluso saludable que ya no tengas la visión ni los deseos de hacer las mismas cosas que antes.

Pero también es de esperar que algunas subsistan y te sigan acompañando, de igual modo o de otro más acorde a tu realidad actual. O que encuentres otras nuevas que alguien un tanto obtuso o rígido considere “inapropiadas” en concordancia con la edad que intenta que asumas, a su manera y según su propio punto de vista.

En lo personal, no me dejo guiar por la apariencia física de las personas (esto incluye su edad). Intento conocer quiénes son y me pone contenta encontrar puntos en común y afinidades, independientemente de los años que marque el calendario.

Además, me gusta ver que sigo teniendo algunos de los mismos gustos que antes y que he descubierto varios nuevos, impensados en otro momento.

Cuando tengo la oportunidad, sigo escuchando música divertida a un volumen bastante fuerte y cantando a viva voz, lo único que cambió fue el entorno (antes era en mi cuarto de adolescente y, principalmente, Queen; ahora, mientras manejo, escucho música electrónica).

El tiempo aporta mayor plenitud, sabiduría y claridad con respecto a nosotros mismos y a lo que necesitamos para ser felices.

Fuente: Mejora Emocional


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