martes, 2 de junio de 2015

Vivir sin hijos por Merlina Meiler

Cada vez hay más parejas y personas solas que deciden, por voluntad propia, no tener hijos.

Esto resultaba impensado hace solo algunas décadas, ya que esta opción estaba disponible, exclusivamente, para quienes consagraban su vida a una vocación religiosa o quedaban solteros. Apenas unos años atrás, las parejas que no tenían descendencia eran las que no podían, ya que la presión social en este sentido era estigmatizante.

¿Qué lleva a alguien a no querer tener hijos?

En primer lugar, la llegada del primer niño se ha retrasado en gran medida para la gente que estudia o trabaja. Esperan primero terminar sus carreras terciarias o universitarias y llegar a tener cierto alivio económico antes de planteárselo.

Es real que ahora es más común empezar a pensar en este tema seriamente después de los 30 o 35 años, y esto no llama la atención. Al llegar a esta edad, tal vez el agitado nivel de actividades causa que no se sienta la necesidad de tener una familia y ven la llegada de un bebé como un obstáculo para seguir avanzando profesionalmente en el mercado laboral y un cercenamiento de la libertad y de la independencia que han adquirido (ya sea de a uno o de a dos). Relegan la maternidad o la paternidad y, con el paso de los años, desaparece incluso la idea de sus mentes.

También están quienes nunca han sentido el deseo profundo de ser padres y, aunque en otros tiempos hubieran sucumbido al mandato social porque no tenían otra salida -ya que ponerse de novio formalmente, casarse y tener hijos iban de la mano-, hoy ya no necesitan hacerlo.

Mascotas como hijos

Muchos hombres y mujeres se encariñan tanto con su perro o con su gato que sienten que tienen cubierta esa cuota de cuidar a otro ser o de compartir. Centran su foco de atención en ese animalito y no tienen (ni quieren tener) lugar para ocuparse de nadie más. Esta situación es tan habitual que no sorprende a nadie.

Elección válida

Como toda elección personal que no implica conductas nocivas, si es lo que has decidido libremente y está basada en lo que piensas y sientes, es válida para ti.

Es probable que cierta gente no entienda tu modo de pensar e incluso te juzgue por lo que has resuelto, pero ya sabemos que los de afuera siempre opinarán, ¡hagas lo que hagas!

Fuente: Mejora Emocional


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