martes, 19 de mayo de 2015

Injusticias por Merlina Meiler

A todos nos toca lidiar con injusticias.

Y en algunos casos, aún a nuestro pesar, lo único que nos queda hacer es aceptarlas y seguir nuestro camino.

No me gusta decir esto, ya que soy una persona proactiva. Pero hay ciertos por qués que suelen quedar sin respuesta, aunque uno trate por todos los medios de llegar a una conclusión lógica.

Es que no me gustan las injusticias y suelo reaccionar ante ellas.

Y me refiero tanto al concepto amplio (hambre en el mundo, refugiados, guerras, etc.) como a lo que nos toca vivir a diario. Algunas situaciones injustas:

– Que no reconozcan nuestro esfuerzo y premien a otra persona por sobre nosotros, por amiguismo, conveniencia o por otro motivo no relacionado con capacidad y con idoneidad

– Que no nos tengan en cuenta de la manera en que nos preocupamos por los demás

– Que no nos crean o duden de nuestra palabra cuando decimos la verdad

– Que nos traten mal por el solo hecho de que tienen “un mal día” o porque así se manejan con todo el mundo

– Que haya gente que siga discriminando por color de piel, religión, orientación sexual u otras razones que quedaron pasadas de moda en siglos pasados

– Que quien tiene que hacer su trabajo lo haga a desgano y, por ello, ocasione molestias a mucha gente que nada tiene que ver

Lo que intento hacer es modificar aquello que me parece posible, pero reconozco que algunas veces solo me topo con negativas, con falta de explicaciones, con casos cerrados antes incluso de mi intervención.

En estas ocasiones, trato de no malgastar todo mi impulso y mis ganas y, elegantemente, emprendo la retirada.

Sé que no se puede ganar siempre, aunque tengamos la razón.

Pero reservar la energía para algo que puede dar hermosos frutos es siempre una opción inteligente.

Fuente: Mejora Emocional


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