jueves, 2 de abril de 2015

Vivir sin re-sentimiento por Merlina Meiler

Hoy te propongo que dejes de vivir con re-sentimiento.

Porque la única persona que se hace daño eres tú.

Si te está resultando difícil desprenderte de algo que te han hecho (ya sea a propósito o sin darse cuenta), creo que vivir resentido es la peor de todas las opciones posibles.

Puede llegar a haber sonidos que aún retumban en tus oídos.

Voces que quieres dejar de escuchar o que, por el contrario, desearías que digan palabras que aún no han sido pronunciadas.

Imágenes que aparecen con bastante nitidez en diversos momentos y que, incluso después del tiempo transcurrido, se interponen entre tú y el resto de las cosas, y estorban, interrumpen, incomodan, obstaculizan.

Volver a experimentar hechos que te produjeron dolor, sin ponerles ningún freno, solo generará un gran nivel de desazón y condicionará cada una de tus acciones y de tus elecciones.

¿Por qué?

Seguir re-sentido es una manera de no dejar partir.

De seguir aferrado a esa persona, de manera unidireccional (ya que el otro no es parte).

Es estar permanentemente lamentándose de lo que sucedió o de lo que nunca fue.

Implica pensar que tienes entre tus manos a alguien o a algo y no dejarlos ir ni aceptar la separación o el hecho de que ya no están.

Trae aparejado transitar una y otra vez por el mismo sufrimiento.

Tu salud

Ten en cuenta algo muy importante: el re-sentimiento provoca enfermedades (algunas leves, otras de importancia) y que cuanto antes lo erradiques de tu vida, mayores posibilidades tendrás de estar sano (o de recuperar la salud).

Carsten Wrosch, de la Universidad de Concordia (Canadá), analizó la relación entre los fracasos, la amargura al respecto y la calidad de vida. El científico notó que algunas personas logran evitar el resentimiento mientras que otras quedan marcadas por una constante sensación de rencor hacia los demás. Explicó que el fracaso personal es una de las principales causas del resentimiento, que se caracteriza especialmente por emociones de ira y recriminación.

Al analizar a fondo el fenómeno, él observó que “el resentimiento constante puede resultar en sentimientos globales de ira y hostilidad que, cuando son lo suficientemente fuertes, pueden afectar la salud física de las personas”.

Mientras que el arrepentimiento implica culparse a uno mismo, el resentimiento significa responsabilizar a los demás por lo que le pasa a uno mismo. “Cuando esta emoción se abriga por demasiado tiempo, la amargura predice patrones de desregulación biológica (un impedimento fisiológico que afecta al metabolismo, las respuestas inmunes y las funciones de los órganos) y de enfermedades físicas”, subrayó Wrosch.

Una solución en dos pasos

Entonces, te propongo una simple solución para dejar atrás el re-sentimiento.

Primer paso: perdona.

Incondicionalmente.

Perdónate a ti mismo y a los demás seres involucrados.

No importa si ellos te han pedido disculpas o si cabe pedirlas por cómo se dieron los acontecimientos: perdonar sana el alma.

Segunda parte de la solución: deja partir.

Suelta.

Hoy mismo, decide que será el último día en que esa persona o aquella situación ocuparán un espacio de tus pensamientos, de tus acciones y de tu energía.

Imagina lo bien que te sentirás a partir de mañana.

Tendrás más tiempo libre.

Más fuerza.

Mayor concentración y claridad mental.

¡Y hasta podrás recuperar tu alegría!

Fuente: Mejora Emocional

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