lunes, 27 de abril de 2015

Así como eras por Merlina Meiler

Me resulta raro entender la manera en la que algunas personas se quedan con la imagen de alguien congelada en el tiempo y no suponen ni imaginan que ese ser ha cambiado y, con viento a favor, ha evolucionado.

Hace algunas semanas, en el cumpleaños de una amiga, me reencontré con compañeras de la secundaria que hace unos cuantos años que no veía.

Esta clase de reencuentros es siempre una ocasión que me gusta disfrutar, ya que con frecuencia uno vuelve a “sintonizar” con alguien a quien no tenía presente, y es muy agradable que esto suceda.

Luego de conversar incansablemente con una de mis excompañeras, noté que a ella le sorprendió sobremanera lo que yo le contaba: que terminé mis estudios universitarios, que tengo cursos de posgrado y otra información profesional que ella se empecinaba en obtener de mí.

Sus expresiones de incredulidad no tardaron en aparecer. “¡Pero si eras terrible! ¡No te gustaba estudiar! ¡Te portabas bastante mal!”

Pues sí, la secundaria no fue la época más feliz de mi vida, por situaciones familiares que me costó afrontar, sumadas a todo lo que la adolescencia implica.

Pero pensar que una persona es igual a los 16 que a los 25, 40 o 60 años francamente me parece, como mínimo, una subestimación. O una incapacidad para entender que todos, absolutamente todos (inclusive, quien emite el juicio) vamos cambiando con el correr del tiempo. Muchos, por suerte, para mejor.

ACTITUD

Cuando conozco a alguien nuevo, así como cuando vuelvo a encontrarme con alguien después de un largo periodo sin vernos, asumo la misma actitud: me abro para descubrir qué clase de individuo es.

Sin preconceptos ni sesgos de ninguna índole.

No dejo que mis pensamientos ni mis percepciones estén influenciados por mis vivencias pasadas (¡él o ella no tienen nada que ver con lo que me pasó o con lo que me hicieron!) ni tampoco por la remembranza de cómo era mi interlocutor hace unos cuantos años.

Por supuesto, tomo los recaudos correspondientes en caso de que me haya quedado un recuerdo poco feliz (por ejemplo, si me mintió o me perjudicó a propósito).

Pero doy la oportunidad de que ese hombre o esa mujer demuestren si siguen siendo así como eran o si ha habido transformaciones en una o en varias áreas de su existencia.

La posibilidad de convertirnos en mejores seres humanos la tenemos todos y me reconforta muchísimo observar cómo mucha gente la aprovecha al máximo.

Fuente: Mejora Emocional

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