sábado, 7 de febrero de 2015

Adolescencia por Merlina Meiler


Cuando miro hacia atrás, me parece increíble haber llegado a ser quien soy hoy.

Es que en la adolescencia no contaba conmigo…

De hecho, hasta creo que yo misma me jugaba en contra.

Cuando leo mensajes que me envían quienes están pasando por esa etapa de dudas y de incertidumbre, me identifico en profundidad con ellos: creo que tener buena memoria es una de las mejores opciones para permanecer a flote en todas las circunstancias que se nos presenten de cara a un futuro pleno, fruto de lecciones aprendidas.

En mi caso, creo que la adolescencia fue una de las etapas más difíciles que me tocó atravesar.

Más allá de que hubo un par de acontecimientos objetivos que podrían avalar que las cosas no se me presentaban con facilidad e incluso podrían excusar determinados comportamientos o estados de ánimo para nada recomendables, lo primordial es que yo lo sentía de ese modo.

Por este motivo, esa era mi realidad.

Es que aquello que rige nuestra relación con un hecho o con el recuerdo de eventos pasados es nuestra percepción: si bien los de afuera pueden suponer o considerar que lo que nos pasa no es tan grave e incluso no comprendernos en absoluto, la procesión va por dentro.

Las sensaciones que experimentaba minaban mi autoestima y me hicieron vulnerable a los estímulos y a las opiniones externas.

Y tuve la enorme suerte de poder salir airosa, de armarme con el transcurso de los años y de llegar a revertir muchos de esos conflictos internos, para transformarme en un ser adulto responsable y con las capacidades que son importantes para mí (de autocrítica, de perdonar, de disfrutar, entre otras).

Ha sido un “trabajito” diario que hoy me permite estar posicionada en la vida en un lugar que considero bueno y positivo.

MÁS ADOLESCENCIA
Aunque la adolescencia sea un recuerdo lejano, es común que se presenten situaciones en las que recreas y vuelves a experimentar los sentimientos que te embargaron en esa instancia.

Y te encuentras sin rumbo.

Porque lo has perdido en la vorágine de acontecimientos que se sucedieron o porque nunca has tenido (hasta ahora) la claridad necesaria para avanzar a paso firme y decidido.

Pero en algún momento se hace la luz.

Aunque tú no la veas actualmente o creas que encontrar una solución o un camino no está a una distancia razonable, te está aguardando en algún punto.

No puedo darte un cálculo del tiempo; sí puedo asegurarte que la posibilidad de que se transforme en tu realidad está al alcance de tus manos.

Puedes convertirte en quien desees y sentirte orgulloso.

Y también mirar hacia atrás con cariño y comprensión. Y cuando te preguntes si todo lo acaecido ha valido la pena, la única respuesta que brotará de tus entrañas será: ¡Sí, por supuesto!