miércoles, 19 de noviembre de 2014

Dar sin recibir

Por Jossie Del Valle Conty

¡Cuan usual es la queja! la gente vive quejándose por lo que les falta, sin valorar lo que tienen, quejándose por causas que en realidad no son importantes y que muchas veces tienen su origen en una sociedad que nos empuja a ansiar cosas. Quizás es parte del proceso competitivo que tan arraigado está como patrón cultural social y que nos empuja incita a nunca estar satisfechos como si ser conforme fuera un defecto.

Si de cosas materiales se trata, debiéramos entender que cuando tenemos lo que nos permita una vida digna, en vez de anhelar más y más deberíamos sencillamente dar gracias a Dios. Tener de más, habiendo tantas carencias en el mundo, no es algo para sentirnos orgullosos o felices.

Cuenta una leyenda hindú que un hombre se quejaba porque sus zapatos estaban rotos, hasta que vio a un hombre sin pies. Si tenemos lo que nos permite una vida normal, estable, somos grandemente bendecidos.

Con lo que si no deberíamos conformarnos es con ser siempre los mismos y no preocuparnos por ser mejores personas, elevar nuestra espiritualidad y engrandecer nuestra alma a través de acciones cotidianas y hechos que hablen por si mismos de cuan lindo es nuestro interior. Entonces si nos mueve el deseo de crecer y evolucionar interiormente, deberíamos preguntarnos en cómo somos con los seres que conforman nuestro entorno. ¿Cuánto estamos dispuestos a dar sin esperar recibir? ¿Cuánto nos preocupamos por ayudar aquel que esta en desventajosas condiciones de vida y que no tiene forma de retribuir la ayuda que pudiéramos darle?

Una vez empiezas a andar por el camino del amor incondicional se va creando una especia de hábito. Anhelas ayudar a otros, ser útil a quien te necesite, poco a poco no solo colaboras porque surge la oportunidad sino que nace en ti una necesidad de hacer el bien. Más allá de un acto casual lo integras a tu cotidianidad y llega a ser parte de tu naturaleza humana, tan natural como comer, como respirar, entonces percibirás que se abren unas puertas maravillosas ante ti, tu mundo se transforma y comienzas a sentir una satisfacción enorme y una alegría y una felicidad diferente por simplemente vivir día a día en el amor incondicional. A partir de ese momento, imposible encontrarnos con alguien que necesita sin dar, imposible encontrarnos con alguien en medio del dolor sin evitar darle de nuestro tiempo, de nuestro consuelo, y nuestro apoyo solidario, imposible pasar de largo ante el mendigo que es ignorado por los demás y más allá de darle dinero ir y comprarle alimento. Sencillamente imposible cerrarnos al amor incondicional porque se ha albergado en nuestro corazón y nos habla a través de nuestra voz interior.

Una gran parte de las personas dan en la medida que reciben , siendo este un mero acto de reciprocidad. Desarrollar la capacidad de dar sin recibir, sin esperar nada a cambio, ayudar, ser empáticos, solidarios, sensibles ante las situaciones diversas que pueden confrontar los que nos rodean , nos permite ir desapegándonos de el egoísmo que tanto daño le hace a nuestro crecimiento espiritual.

Dar sin recibir, acercándonos al Padre que es la energía del Amor Supremo. Si queremos un mundo mejor hay que plantear urgentemente un giro hacia otra forma de vivir.

Dar sin recibir, una hermosa manera de agradecer por todas las bendiciones recibidas, y por aquellas que vendrán como consecuencia de nuestros actos diarios de amor incondicional.

Namasté.

Una visión positiva sobre el fracaso

¿Quién no ha fracasado alguna vez en su vida? La vida se encuentra repleta de éxitos y de fracasos, y son estos últimos, los que nos hacen analizar los hechos desde otra perspectiva, permitiéndonos un mayor aprendizaje y cambio.

El fracaso es una emoción intensa e inevitable, pero que también en ocasiones, resulta ser beneficiosa para nuestro desarrollo personal.

El fracaso consiste en no lograr una serie de objetivos, ya sean a corto o a largo plazo, acompañados de sensaciones de malestar y frustración, que todos hemos tenido que afrontar al menos una vez en nuestras vidas.

Grandes genios de la historia fracasaron durante sus vidas, reconociéndose su trabajo cuando murieron.

Asumir el fracaso, puede fortalecernos. Cuando fracasamos, nuestra autoestima disminuye y pueden comenzar a aparecer sentimientos de duda y desconfianza sobre nuestros proyectos.

Es como si nos precipitáramos sobre un acantilado, quedando solo un vacío, ya que nos identificábamos con ese proyecto, y sin él, no somos nada.

Por ello es importante permitirnos fracasar en el camino y no dejarnos vencer por el desaliento, saber diferenciar lo que somos de aquello que queremos, y conseguir superarlo.

Un dicho popular así lo expresa “Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender”

Fracasar nos lleva en muchas ocasiones a analizar los hechos desde otra perspectiva, para saber el motivo de nuestro fracaso, el porqué de la aparición de resultados no deseados.

El hecho de fracasar no constituye el fin del mundo, ni el final de aquello en lo que se ha fracasado, sino que podemos considerarlo como el inicio de un proceso de superación.

Fracasar sin después intentarlo, sí constituye el auténtico fracaso. Un error o un fallo pueden ser un contratiempo, pero siempre hay opción para una segunda o tercera oportunidad de intento.

Lo importante es analizar el fracaso, averiguar el porqué de éste y comenzar de nuevo.

Cada persona debe conocer sus errores, corregirlos y superarlos, planteando nuevas estrategias. Muchas cosas en la vida,se aprenden tras haber fracasado.

El éxito continuo es algo imposible. Erramos para aprender nuevas lecciones que incorporar a nuestro desarrollo personal, para descubrir cómo se desenvuelve la realidad.

El fracaso puede resultar algo pasajero si no nos damos por vencido, de lo contrario podría convertirse en algo permanente.

Desconozco su autor

Biografía de Franz Schubert


Compositor austriaco

Nació el 31 de enero de 1797 en Lichtenthal, cerca de Viena.

Fue el duodécimo de 14 hermanos, Franz Schubert recibe sus primeras clases a los 8 años. Hijo del párroco maestro de coro Franz Theodro Florian y de Maria Elisabet Katherina.

A los diez años escribió sus primeros temas. Autor de seiscientas composiciones en forma de lieders. En el trabajo que dejó se cuentan entre otras: 21 sonatas, siente misas y nueve sinfonías; de éstas, la más conocida es La Sinfonía Inconclusa, obra magistral de dos movimientos.

En 1808 será becario en la Capilla de la Corte, siendo alumno de composición de Antonio Salieri en 1813. En éste mismo año ingresa en la Academia de Profesores de enseñanza básica de Annagasse para convertirse en 1814 en profesor de escuela. Destacó con algunas de sus canciones, Hagars Klage (1811) y Der Vatermöder (1811). Influenciado por la música de Beethoven, quien le apasiona. A esa edad varios documentos lo describen como corpulento, miope, cara redonda y cabellera exuberante. En 1813 comenzó a dar clases en la escuela de su padre. Un año después tuvo lugar la creación de su primera ópera, Des Teufels Lustschloss, su primera misa (en fa mayor), y 17 canciones.

En 1815 finalizó su segunda y tercera sinfonías, compuso dos misas, en sol y si bemol mayor, otras obras religiosas, música de cámara y 146 canciones, El rey de los elfos entre ellas. Un año después compuso la Sinfonía trágica (nº 4), la Sinfonía nº 5 en si bemol mayor, más música religiosa, una ópera y unas 100 nuevas canciones. Se enamora de María Teresa Grob, una soprano que actuaba en su Misa en Fa. Pese al éxito de sus composiciones, el fracaso en este amor marcarían de forma importante sus composiciones posteriores, que marcarán el nacimiento del Lied (canción para voz solista y acompañamiento).

En 1820 Franz Schubert escribió la música para el melodrama El arpa encantada, y Los hermanos gemelos (1820). Además creó música religiosa como los Veintitrés salmos y el oratorio incompleto Lazarus. En 1821 compuso la Sinfonía inacabada (Sinfonía inconclusa), y la Misa en la bemol. El ciclo de canciones La bella molinera lo compuso en 1823, y el Octeto y las Canciones de Sir Walter Scotten 1824.

Los dos siguientes años los dedicó a componer La grande (1825) y el ciclo de canciones El viaje de invierno (1827). Pertenecen a 1828 la Misa en mi bemol mayor, el Quinteto para cuerda en do mayor, las tres últimas sonatas y el último grupo de canciones El canto del cisne, editadas tras su muerte. Nunca prescindió de las estructuras clásicas, y por ello no se le considera como un precursor de lo Romántico, sino más bien como el último en seguir la senda de Haydn, Mozart y Beethoven. El 29 de marzo de 1827, Schubert es uno de los 30 compositores que acompañan el féretro de Beethoven.

Franz Schubert falleció a causa de fiebres tifoideas el 19 de noviembre de 1828 en Viena en casa de su hermano, tras componer el Lied "El pastor en la roca".


Obras seleccionadas

Vocales

Margarita en la rueca (Gretchen am Spinnrade), (1814) Op. 2
Cerca del amado (Nähe des Gelibten), (1815) Op. 5
El rey de los elfos (Der Erlkönig), (1815) Op. 1, 4 versiones
Pureza (Seligkeit), (1816)
La muerte y la doncella (Der Tod und das Mädchen), (1816)
Ganimedes (Ganymed), (1817) Op. 193
A la música (An die Musik), (1817) Op. 88, 2 versiones
La trucha (Die Forelle), (1817) Op. 32
El hijo de las musas (Der Musensohn), (1822) 2 versiones
Tú eres la paz (Du bis die Ruh), (1823) Op. 59
Reír y llorar (Lachen und Weinen), (1823) Op. 59
La bella molinera (Die schöne Müllerin), (1823) Op. 25
La novicia (Die junge Nonne), (1825)
Ellens dritter Gesang, “Ave María de Schubert”, (1825)
Serenata de Cimbelino: “Escucha, escucha la alondra” (Ständchen) (1826)
Viaje de invierno (Winterreise), (1827) Op. 89
El canto del cisne (Schwanengesang), (1828)

Óperas

Claudine von Villa Bella (1815)
Die Freunde von Salamanka (Los amigos de Salamanca, sobre texto de Johann Mayrhofer), (1815)
Die Zauberharfe (El arpa mágica, sobre texto de Georg Gotthard Josef Edler von Hofmann), (1820)
Die Zwillingsbrüder (Los hermanos gemelos, sobre texto de Georg Gotthard Josef Edler von Hofmann) (1820)
Sakuntala (Sakontala) (texto de Johann Philipp Neumann basado en el Kalidasa), (1820)
Alfonso und Estrella (Alfonso y Estrella, sobre texto de Franz von Schober) (1854)
Die Verschworenen (Los conjurados)
Fierrabras, sobre texto de Josef Kupelwieser basado en Eginhard und Emma y el poema épico La Chanson de Roland), (1829)
Rosamunde, Fürstin von Zypern, sobre texto de Helmina von Chézy), Schauspiel con música (1823)
Der vierjährige Posten (texto de Karl Theodor Körner), Singspiel (1896)

Otra música vocal

Misa n.º 2 en sol mayor
Coro de los ángeles (Chor der Engel)
Misa n.º 5 en la bemol mayor
Canto de los espíritus sobre las aguas (Gesang der Geister über den Wassern)
Auf dem Wasser zu singen
El pastor en la roca (Der Hirt auf dem Felsen)
Salve Regina

Obras de cámara y para piano

Música de cámara

Octeto, D. 803 (1824)
Quinteto de cuerda en do mayor
Quinteto para piano y cuerdas en la mayor, "La trucha" ("Die Forelle")
Cuarteto de cuerdas n.º 1
Cuarteto de cuerdas n.º 13
Cuarteto para cuerda, n.º 14
Sonata Arpeggione
Trío n.º 1 en si bemol mayor
Trío n.º 2 en mi bemol mayor

Música para piano

Sonatas para piano
Sonata n.º 1 en mi mayor
Sonata n.º 6 en mi menor
Sonata n.º 7 en re bemol mayor
Sonata n.º 13 en la mayor
Sonata n.º 16 en la menor
Sonata n.º 17 en re mayor
Sonata n.º 18 en sol mayor
Sonata n.º 21 en si bemol mayor

Otras composiciones para piano

Fantasía del caminante (Fantasía Wanderer), en do mayor, para piano solo
Seis Momentos musicales
Cuatro impromptus
Gran dúo para piano a cuatro manos
Fantasía para piano a cuatro manos, en fa menor
Tres Marchas militares
Rondó en La (Gran Rondó) para piano a cuatro manos

Obras orquestales

Sinfonías

Sinfonía n.º 1 en re mayor
Sinfonía n.º 2 en si bemol mayor
Sinfonía n.º 3 en re mayor
Sinfonía n.º 4 en do menor La trágica
Sinfonía n.º 5 en si bemol mayor
Sinfonía n.º 6 en do mayor La pequeña
Sinfonía n.º 7 en mi mayor
Sinfonía n.º 8 en si menor Inacabada
Sinfonía n.º 9 en do mayor La grande
Sinfonía n.º 10 en re mayor La última

Oberturas

Obertura Rosamunda princesa de Chipre, música incidental (1823)
Obertura "en el estilo italiano" en do m
ayor
Obertura Alfonso y Estrella


Biografía de Hiram Bingham

Se sabe que Hiram Bingham fue descendiente de un misionero y fue quien encontró Machu Picchu para el mundo contemporáneo y para la ciencia moderna. Historiador norteamericano que nació en Honolulu, Hawai, en 1907. Estudió Historia y Geografía de Sudamérica en la Universidad de Yale. Ya desarrollando su profesión, fue escogido como delegado de su país para el Primer Congreso Científico Panamericano llevado a cabo en Chile en 1908.

Años antes, Bingham se interesó en las leyendas tejidas en torno a la llacta de Vitcos o Viticos, el último refugio de los incas rebeldes a los españoles en la selva de Vilcabamba, narradas de forma épica por cronistas de esa época. 

Llegando a Chile se reencuentra con su interés por la legendaria ciudad Inca, Vitcos, y el valle de Vilcabamba.

Su primera incursión como explorador de montañas, en 1906, fue también su primer intento por encontrar Vitcos, la última capital del imperio, y último refugio de los incas rebeldes a los españoles. Ese año realiza un viaje por la ruta Buenos Aires - Cusco, antiguo derrotero comercial durante la colonia. Llegó luego del largo viaje a Cusco, donde le informan sobre la existencia de ciudades perdidas en el monte, en la enmarañada y escarpada selva tropical de las montañas del Urubamba. Aunque ya tenía referencias por la lectura de cronistas que mencionaban Vitcos, supuesta capital de Manco II, y por el libro del viajero inglés Charles Wienner, quien estuvo en la región por 1876, recogiendo referencias de los vecinos acerca de las localidades de Machu Picchu y Huayna Picchu para consignarlas e incluirlas en el mapa del valle de Santa Ana.

Emprende viaje a la ciudad de Abancay, entrada natural a esa parte de la selva donde supuestamente estaría Vitcos. Por ese tiempo se habían creado muchos mitos sobre la posibilidad de encontrar tesoros incaicos que, según la tradición, habían sido llevados consigo por Manco Inca en su retirada a Willkapampa, razón por la que era común encontrar cazadores de tesoros. Los guías locales lo llevan a unas imponentes ruinas que ahora conocemos como Choquequirao, asentamiento del Tawantisuyo en lo que hoy es Abancay, a ocho horas de viaje de Cusco.

Bingham no se dejó impresionar. Vitcos, la ciudad de Vitcos o Víticos, de sus sueños, debía ser más imponente aún. Esa misma obsesión lo llevaron a estudiar las crónicas e, incluso, los archivos españoles.

Igualmente, entusiasmado por este primer hallazgo, Bingham regresa a los Estados Unidos a fin de reunir fondos para continuar con sus exploraciones, logrando conseguir el apoyo de la National Geographyc Society y de la Universidad de Yale, además de haberse provisto de algún dinero entregado por amigos y familiares. Encontrar Victos ya no era solo un interés académico, era una empresa bien planificada.

En 1911 regresa a Perú a fin de realizar estudios de geología y botánica, y con seguridad de encontrar Willkapampa.

Fuente: Machu Picchu