martes, 7 de octubre de 2014

Biografía de Edgar Allan Poe

Escritor estadounidense

Nació el 19 de enero de 1809 en el interior de un carromato en Boston.

Hijo de Elizabeth Arlold Poe y David Poe, actores de teatro itinerantes que fallecieron cuando él era un niño. Fue criado por John Allan, un hombre de negocios de quien tomó el "Allan". En 1815, cuando contaba seis años, se trasladan a Inglaterra donde ingresó en un internado privado.

Cuando regresó a Estados Unidos en el año 1820 continuó estudiando en centros privados y más adelante entró en la universidad de Virginia donde permaneció durante un año. Durante su adolescencia ya escribía poemas con influencias de Byron. En 1827 dada su afición a la bebida y al juego, su padre adoptivo se negó a pagar sus deudas y le obligó a trabajar como empleado. Abandonó su trabajo y viajó a Boston donde publicó anónimamente su primer libro,Tamerlán y otros poemas (1827). Se alistó en el ejército, en el que permaneció dos años. En 1829 apareció su segundo libro de poemas, Al Aaraf, y se reconcilió con su padre, que le consiguió un cargo en la Academia militar, pero a los pocos meses fue despedido por negligencia en el deber; su padre adoptivo le repudió para siempre.

Al año siguiente de publicar su tercer libro, Poemas (1831), viaja a Baltimore, donde vivió con su tía y una sobrina de 11 años, Virginia Clemm. Su obra poética refleja la influencia de poetas ingleses como Milton, Shelley y Coleridge. En 1832, su cuento 'Manuscrito encontrado en una botella' ganó un concurso patrocinado por el Baltimore Saturday Visitor. De 1835 a 1837 fue redactor de Southern Baltimore Messenger.

En 1836 contrae matrimonio con su sobrina y durante la década siguiente, trabajó como redactor para varias revistas en Filadelfia y Nueva York. Escribió 'El cuervo' (1845), 'Las campanas' (1849), 'El durmiente' (1831), 'Lenore' (1831) y 'Annabel Lee' (1849). Como redactor su labor consistió en reseñar libros, escribiendo un significativo número de críticas. Uno de sus relatos más famosos es 'El escarabajo de oro' (1843).

Fue autor además de 'Los crímenes de la calle Morgue' (1841), 'El misterio de Marie Rogêt' (1842-1843) y 'La carta robada' (1844) están considerados como los predecesores de la moderna novela de misterio o policiaca. Entre sus cuentos sobresalen 'La caída de la casa Usher' (1839), 'El pozo y el péndulo' (1842) 'El corazón delator' (1843) y 'El barril del amontillado' (1846).

En el año 1847 falleció su mujer y él mismo cayó enfermo; su adicción al alcohol y su consumo de drogas, provocaron su temprana muerte en Baltimore, el 7 de octubre de 1849. Las últimas palabras de Allan Poe fueron "que dios ayude a mi pobre alma".


Obras (selección)

Cuentos

Metzengerstein
Manuscrito hallado en una botella (MS. Found in a Bottle), 1833
El Rey Peste (King Pest), 1835
Berenice, 1835
Ligeia, 1838
La caída de la Casa Usher (The Fall of the House of Usher), 1839
El hombre de la multitud (The Man of the Crowd), 1840
Un descenso al Maelström (A Descent into the Maelström), 1841
Los crímenes de la calle Morgue (The Murders in the Rue Morgue), 1841
La máscara de la Muerte Roja (The Masque of the Red Death), 1842
El pozo y el péndulo (The Pit and the Pendulum), 1842
El retrato oval (The Oval Portrait), 1842
El escarabajo de oro (The Gold Bug), 1843
El misterio de Marie Rogêt (The Mystery of Marie Roget), 1843
El gato negro (The Black Cat), 1843
El corazón delator (The Tell-Tale Heart), 1843
La caja oblonga (The Oblong Box), 1844
La carta robada (The Purloined Letter), 1844
El entierro prematuro (The Premature Burial), 1844
El demonio de la perversidad (The Imp of the Perverse), 1845
La verdad sobre el caso del señor Valdemar (The Facts in the Case of M. Valdemar), 1845
El sistema del Dr. Tarr y el profesor Fether (The system of Dr. Tarr and Prof. Fether) 1845
El barril de amontillado (The Cask of Amontillado), 1846
Hop-Frog, 1849

Poesía

Tamerlane (Tamerlane) (1827)
A... (A...) (1827)
Sueños (Dreams) (1827)
Espíritus de los muertos (Spirit of the Dead) (1827)
Estrella del anochecer (Evening Star) (1827)
Un sueño (A Dream) (1827)
El día más feliz, la hora más Feliz (The Happiest Day, The Happiest Hour) (1827)
El lago: A ... (The Lake: To ...) (1827)
Al Aaraaf (Al Aaraaf) (1829)
Soneto a la Ciencia (Sonnet To Science) (1829)
Solo (Alone) (1829)
A Elena (To Helen) (1831)
La ciudad en el mar (The City in the Sea) (1831)
La durmiente (The Sleeper) (1831)
El valle de la inquietud (The Valley of Unrest) (1831)
Israfel (Israfel) (1831)
El Coliseo (The Coliseum) (1833)
A alguien en el paraíso (To Someone in Paradise) (1834)
Himno (Hymn) (1835)
Soneto a Zante (Sonnet to Zante) (1837)
Balada nupcial a ... (Bridal Ballad to ...) (1837)
El palacio encantado (The Haunted Palace) (1839)
Soneto del silencio (Sonnet-Silence) (1840)
Lenore (Lenore) (1843)
Tierra de sueños (Dream Land) (1844)
El cuervo (The Raven) (1845)
Eulalie, una canción (Eulalie, A Song) (1845)
Ulalume (1847)
Un sueño en un sueño (A Dream Within a Dream) (1849)
Annabel Lee (1849)
Las campanas (The Bells) (1849)
A mi madre (To My Mother) (1849)

Novela

La narración de Arthur Gordon Pym (1838)

Ensayo y crítica

Filosofía de la composición (The Philosophy of Composition) (1846)
El principio poético (The Poetic Principle) (1848)
Eureka (1848)
Charles Dickens
Longfellow
Hawthorne
Criptografía
Arabia pétrea
Marginalia (1844-49)


EL CUERVO

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
"Es -dije musitando- un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más."

¡Ahl aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
"Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más."

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
"Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía."
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: "¿Leonora?"
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: "¡Leonora!"
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
"Ciertamente -me dije-, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio."
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
"Aun con tu cresta cercenada y mocha -le dije-.
no serás un cobarde.
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: "Nunca más."

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
"Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas."
Y entonces dijo el pájaro: "Nunca más."

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
"sin duda -pensé-, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de "Nunca, nunca más."

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: "Nunca más,"

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
"¡Miserable -dije-, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!"
Y el Cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!"
Y el cuervo dijo: "Nunca más."

"¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! -le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: Nunca más."

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!