martes, 30 de septiembre de 2014

Al otro lado del muro

Vivimos en una sociedad en la que se nos ha enseñado desde diferentes ángulos que debemos buscar siempre la ley del mínimo esfuerzo, el camino mas corto, el más sencillo, el que nos lleve antes a donde queremos.

Es cierto que toda meta se pone para conseguirla, y que si para alcanzarla tenemos varias alternativas, no tiene mucha justificación convertirnos en mártires y optar por aquella que suponga dificultades y sufrimientos si al final el resultado es el mismo. Pero créeme, esta enseñanza esconde algo mucho más peligroso, ya que crea un sedimento tremendamente venenoso, pues estaremos edificando unos pilares que sustentarán nuestros principios y que nos dañarán más tarde, ya que estaremos creando nuestra concepción del mundo sobre unos cimientos erróneos, y voy a explicarme.

El epicentro de todo esto está no en que consigamos antes nuestros objetivos, sean estos los que sean, sino que habremos aprendido que en cuanto encontremos una dificultad en cualquier área de nuestra vida, rápidamente deberemos buscar una alternativa para evitarla en vez de valorar el obstáculo y buscar soluciones para superarlo. El daño no es otro que la debilidad que nos crea esa forma de pensar, pues si hay algo indiscutible, es que cada dificultad que superamos nos hace mejores, más fuertes, más hábiles, y nos capacita para superar otras dificultades mayores, y cada vez que abandonamos, somos mas débiles y estamos menos preparados para afrontar la próxima, independientemente de lo grande o pequeña que ésta sea.

Cuando aprendimos las letras y a reconocerlas escritas fue todo un esfuerzo, pues aprender a decir "a, e, i, o, u" no fue muy complicado, sin embargo combinar las consonantes con las vocales, eso si que era difícil, y por fin decir "la, ma, pa, re, fi,..." resulto ser un gran esfuerzo, aunque vinieron dificultades mayores y cuando tuvimos que aprender a decir combinaciones de letras como "trans" o similares, eso si que parecía imposible de conseguir. Sin embargo lo conseguimos y lo superamos y eso nos abrió la posibilidad de leer palabras enteras, y luego a comprender lo que decían, y luego frases, y luego párrafos, y luego libros. ...

Primero aprendimos los números, luego entendimos lo que representaban, y aprendimos que dos caramelos y dos caramelos son cuatro caramelos, y así entendimos como se sumaba. Después aprendimos que si tenemos cuatro caramelos y nos quitaban tres, solo nos quedaba uno, y eso además de una enseñanza fue doloroso pensarlo, pero aprendimos a restar. De esta forma vinieron las multiplicaciones como una repetición de sumas, y luego las divisiones. Más tarde aprendimos a formular ecuaciones, de una, de dos e incluso de tres incógnitas, luego raíces cuadradas, derivadas, integrales, logaritmos, matrices, y cuantas cosas más.

Dice una frase que me encanta que "El disfraz preferido de la oportunidad, es la dificultad", y si lo pensamos es muy cierto, pues cada muro que aparece en nuestro camino, nos abre oportunidades inmensas que nunca antes hubiéramos imaginado: oportunidades de entender, de aprender, de ser, de vivir, de ver, de pensar, de alcanzar, pero que solo se ven una vez pasado el muro, siempre están al otro lado, y solo podremos conocerlas si somos capaces de llegar hasta allí.

Desde aquí, os animo a nunca os rindáis ante una dificultad; nunca giréis el cuello buscando el camino fácil, no, mirarla a los ojos con valentía y decisión y buscar su lugar más débil, que siempre existe.No olvidéis el dicho: "Cuando el camino de vuelve duro, los "duros" se mantienen en el camino", así que mantener a la vista vuestras metas y buscar la solución a esas dificultades. No hay nada imposible, solo hay cosas que no se han intentado lo suficiente.

Y cuando las energías flaqueen, y las dificultades parezcan insalvables, recordar que tenéis unos sueños dormidos en vuestro corazón y que los sueños sólo existen para que alguien se atreva a hacerlos realidad.

Hasta pronto
Os deseo muchos éxitos en la vida.

Antonio Domingo
www.antoniodomingo.com

Biografía de James Dean

Actor estadounidense

Nació el 8 de febrero de 1931 en Marion, Indiana. Hijo de un dentista, cuando tenía 9 años, su madre murió y lo enviaron de nuevo a Indiana a la granja de sus tíos en donde estuvo la mayor parte de su niñez y adolescencia.

Cursó estudios de interpretación en la Universidad de UCLA y apareció en algunas películas de televisión y anuncios publicitarios; también en dos obras de teatro en Broadway en 1952 y 1954. En el año 1954, encarnó a un joven árabe en The Inmoralist adaptación cinematográfica de la novela de André Gide.

Actuó por primera vez como protagonista en Al este del Edén (1955), basada en la novela homónima de John Steinbeck y dirigida por Elia Kazan, que poco antes había lanzado a la fama a Marlon Brando. Con esta película se convirtió en un nuevo representante del método naturalista de interpretación. Su siguiente película fue Rebelde sin causa (1955), dirigida por Nicholas Ray y protagonizada por James Dean, Natalie Wood, Sal Mineo, Jim Backus, Ann Doran y Corey Allen en los papeles principales, película que le consolidó como símbolo de la rebeldía romántica entre cierta juventud estadounidense. Su siguiente y última película fue Gigante (1956), de George Stevens, junto a Rock Hudson y a Elizabeth Taylor, largometraje épico sobre el moderno Texas.

Apenas terminó el rodaje cuando el 30 de septiembre de 1955 se mató en la carretera de Salinas,Cholame, en un accidente de automóvil cuando tan sólo contaba veinticuatro años.

Le nominaron al Oscar al mejor actor a título póstumo por Al este del Edén y de nuevo por Gigante.


Filmografía:

1956 Giant
1955 Rebel Without a Cause
1955 East of Eden
1953 Trouble Along the Way
1952 Has Anybody Seen My Gal?
1951 Fixed Bayonets
1951 Sailor Beware


Biografía de Charles Richter

Sismólogo estadounidense, nacido en 1900 y muerto en 1985. Confeccionó la primera escala cuantitativa para medir la intensidad de los sismos, que lleva su nombre.

Tras trabajar en el Carnegie Institute, se trasladó en 1936 al California Institute of Tecnology, lugar donde fue nombrado profesor de sismología en 1952. En los años treinta, Richter confeccionó una escala cuantitativa, que a diferencia de las anteriores, se basa en la medición de la energía que se libera en el movimiento ondulatorio con la ruptura de las rocas. Ésta se produce por acumulación de los esfuerzos; la energía liberada es mayor cuanto mayores sean los esfuerzos acumulados por una roca.

La escala de Richter se elabora midiendo en milímetros la amplitud de la onda más amplia registrada en los sismogramas, y también el tiempo transcurrido entre el momento de llegada de las ondas P y el de las ondas S, que depende de la distancia a la que se encuentra situado el sismógrafo del epicentro.

Es una escala logarítmica, en la que cada paso de una unidad de magnitud representa una amplitud de ondas diez veces mayor. Es decir, que si se produce un terremoto de grado 4 tendrá una amplitud de las vibraciones de las ondas diez veces menor que si se produce con una magnitud de grado 5. Los sismógrafos pueden detectar terremotos de magnitud -3 grados, que son imperceptibles para los humanos, ya que un terremoto debe tener una intensidad superior a 2 grados para ser percibido por las personas.

Escala de Richter

Magnitud 2
Energía: 2,7x107 julios.
Magnitud mínima detectada por las personas.

Magnitud 2,5-3
Energía: 108-109 julios.
Perceptible en zonas próximas;
ocurren 100.000 al año y son de foco profundo.

Magnitud 4,5
Energía: 1011 julios.
Daños localizados.
Magnitud 5
Energía: 1012 julios.
Equivalente a la bomba atómica experimentada
en Alamogordo en 1945.

Magnitud 6
Energía: 2,5x1013 julios.
Destructivo en una pequeña extensión;
se producen unos cien seísmos someros al año.

Magnitud 7
Energía 1015 julios.
Terremoto fuerte que puede detectarse
en todo el mundo y ocurren con una frecuencia
de 14 al año, pudiendo alcanzar mayores magnitudes.

Autor
José Manuel León Rodríguez

Fuente:  MCN Biografias

La mirada de los demás por Merlina Meiler

El resto de la gente siempre va a opinar sobre ti.

Tendrán su propia visión sobre lo que deberías hacer y también sobre lo que te convendría evitar en tal o cual situación.


Algunas veces te agradará lo que digan, te caerá bien y te hará sentir que te comprenden y te apoyan; en otros casos, no entenderás siquiera qué motiva sus palabras ni hacia dónde apuntan con sus comentarios y con sus críticas.

Incluso puedes llegar a dudar de cuáles son sus verdaderas intenciones al tratar de torcer tu brazo y de que hagas o actúes de la manera que ellos quieren.

Más allá de los motivos o de las razones que los impulsen y de quiénes sean esas personas (familiares, amigos, jefes), es importante que tengas en cuenta que eres tú quien decide el poder de los demás sobre tu comportamiento, tus ideas, tus elecciones. En una palabra: sobre tu vida.

Porque puedes elegir ser permeable a lo que los demás suponen que tienes que hacer y darles el gusto de que condicionen todos y cada uno de tus pasos. De este modo, te convertirán en una persona dependiente de ellos y de su estado de ánimo.

Pero también, tienes la posibilidad de entender que la forma en la que te observan y sus pensamientos corresponden a su idea de cómo debe ser el mundo y a sus propias experiencias, aciertos y frustraciones, que parecerían querer ver reflejados en ti.

Te propongo que, por un día entero, (por ejemplo, desde este momento hasta mañana a la misma hora) te desprendas de la mirada de los demás y emerjas.

Vístete como te venga en gana, di lo que piensas, haz algo que venías posponiendo porque a alguien no le caía bien.

¡Relájate!

Y cuéntame qué notas de diferente luego de estas 24 horas sin el peso de la mirada ajena.