lunes, 8 de septiembre de 2014

La Vaquita

Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, decidió hacer una breve visita al lugar.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado.

Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?. El señor calmadamente respondió: Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días.

Una parte del producto la vendemos o la cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc.; para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo. El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue.

En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: Busque la vaquita, llévela al precipicio de allí enfrente y empújela al barranco. El joven espantado vio al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Más como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años.

Un bello día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarles. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en el jardín.

El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático, el joven preguntó por la familia que vivía allí hace unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí. Espantado el joven entro corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?.

El señor entusiasmado le respondió: nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, y de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos; así alcanzamos el éxito que sus ojos vislumbran ahora. Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra supervivencia la cual es una convivencia con la rutina. Descubre cual es tu vaquita y aprovecha para empujarla por el precipicio.

¡Innova, haz que se produzca un cambio en tu existencia!.

Desconozco a su autor

Biografía de Francisco de Quevedo y Villegas

Escritor español

Nació el 17 de septiembre de 1580 en Madrid en el seno de una familia de la aristocracia cortesana.

Fue el tercero de los cinco hijos de Pedro Gómez de Quevedo, que ocupó cargos palaciegos, y de María de Santibañez. Quevedo perdió a su padre a la edad de seis años, quedando bajo la tutela de su tío don Agustín de Villanueva, del Consejo de Aragón.

Físicamente sufría una leve cojera por deformación de los pies y su exagerada miopía lo obligaba a llevar anteojos. Cursó estudios en el colegio de la Compañía de Jesús en Madrid y en la Universidad de Alcalá (Madrid); Cuando abandonó esta primera formación, estudió teología en la Universidad de Valladolid (1601-1606), pues allí se había desplazado la Corte.

En 1606 se traslada a Madrid en busca de éxito y fortuna a través del duque de Osuna que se convierte en su protector; también entabla un pleito por la posesión del señorío de La Torre de Juan Abad, pueblo de la provincia de Ciudad Real, en el que hasta 1631 gastó una gran fortuna y muchas energías.

Se inició en el mundo de la literatura con obras satíricas y burlescas como La vida del Buscón llamado don Pablos, Los Sueños (1605-1622) cinco piezas cortas basadas en los desengaños que padeció en esos años. Estas obras fueron publicadas en 1631 bajo el título de Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio con un prólogo en el que arremetía contra los editores piratas y declaraba la intención de estos escritos en los que pretendía denunciar los "abusos, vicios y engaños de todos los oficios y estados del mundo".

Amigo de Félix Lope de Vega y de Miguel de Cervantes, con los que formaba parte en la Cofradía de Esclavos del Santísimo Sacramento. Enemistado con el dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón, y sobretodo con Luis de Góngora, al que dirigió una serie de terribles sátiras.

De su poesía se conservan casi un millar de poemas, pero sabiendo que nunca se preocupó por editarlos y que los conservados proceden de personas próximas a él, es de suponer que escribió muchos más. Cuando falleció, aparecieron en dos volúmenes Parnaso español (1648), compilado por su amigo José Antonio González de Salas, y Las tres musas (1670), llevado a cabo por su sobrino Pedro Aldrete Quevedo y Villegas.

Visita Italia en 1613 al ser requerido por el duque de Osuna, entonces virrey de Nápoles, el cual le encarga importantes y arriesgadas misiones diplomáticas con el fin de defender el virreinato que empezaba a tambalearse; entre éstas intrigó contra Venecia y tomó parte en una conjura. En 1620 el duque de Osuna fue derrotado, por lo que Quevedo fue desterrado en La Torre (1620), encarcelado en Uclés (1621) y, por último, desterrado de nuevo en La Torre.

En 1634 contrajo matrimonio con Esperanza de Mendoza, aunque la abandonó al poco tiempo. De nuevo se siente tentado por la política, pues ve el desmoronamiento que se está cerniendo sobre España y desconfía del conde-duque de Olivares, valido del rey, contra quien escribió algunas diatribas amargas. Debido a un asunto sobre una conspiración con Francia, es en 1639 detenido y encarcelado en San Marcos de León, donde las duras condiciones mermaron su salud.

Francisco de Quevedo es puesto en libertad en 1643 y se retira a La Torre para después instalarse en Villanueva de los Infantes donde, el 8 de septiembre de 1645 fallece.

Cierta noche que el literato español transitaba por la plazuela del Ángel de Madrid escuchó sonoros gritos de espanto y furiosos ladridos de perros. Rápidamente saca la espada, se pone en guardia y siente una tremenda embestida y algo que se le clava en su broquel. A bulto, pues su vista no es muy buena, asesta estocada tras estocada. Se escuchan unos aullidos de dolor y los testigos de la escena que se habían escondido salen a felicitarlo. A la luz de los hachones el poeta descubre a una pantera escapada de la casa de un embajador. Comentó que de haber sabido quién era su atacante no se habría sentido tan entero.

Obras seleccionadas

Mundo caduco y desvaríos de la edad (1621)
Grandes anales de quince días (1621)
La culta latiniparla (1624)
Cuento de cuentos (1626)
Memorial por el patronato de Santiago (1627)
Lince de Italia y zahorí español (1628)
El chitón de Tarabillas (1630)
Doctrina moral del conocimiento propio, y del desengaño de las cosas ajenas (1630)
La aguja de navegar cultos con la receta para hacer Soledades en un día (1631)
La Perinola (1633)
Execración contra los judíos (1633)
La cuna y la sepultura para el conocimiento propio y desengaño de las cosas ajenas (1634)
Breve compendio de los servicios de Francisco Gómez de Sandoval, duque de Lerma (1636)
La rebelión de Barcelona ni es por el güevo ni es por el fuero (1641)
Providencia de Dios (1641)
Vida de Marco Bruto (1644)
Vida de San Pablo (1644)
Las cuatro pestes del mundo y los cuatro fantasmas de la vida (1651)
España defendida y los tiempos de ahora, de las calumnias de los noveleros sediciosos
Vida de Santo Tomás de Villanueva
La constancia y paciencia del santo Job


A una nariz

Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.

Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.

Erase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce Tribus de narices era.
Erase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito.