viernes, 25 de julio de 2014

Solo por hoy

1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

2. Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, sino a mi mismo/a.

3. Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en este también.

4. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

5. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

6. Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

7. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere.

8. Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

9. Sólo por hoy creeré firmemente aunque las circunstancias demuestren lo contrario- que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie existiera en el mundo.

10. Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.


Juan XXIII

Biografía de Elias Canetti

Escritor británico

«Todo lo que hemos olvidado grita en nuestros sueños pidiendo ayuda.» Elias Canetti

Nació el 25 de julio de 1905, en el seno de una familia hispanohablante de judíos sefardíes en Ruschuck(Bulgaria). Canetti, cuyos antepasados italianizaron el nombre de Canete, aprendió, en el seno de su familia, el español arcaico.

Nacionalizado británico. En 1911 abandonó su país para trasladarse a Inglaterra, en 1913 a Viena, aZurich en 1916 y a Frankfurt en 1921. En el año 1924 regresó a Viena. Estudió Ciencias Naturales y Química en la Universidad de Viena, obteniendo su doctorado en Química en 1929, y donde después cambio su matrícula a Filosofía y Letras, disciplina en la que alcanzó el grado de doctor. Desde entonces se dedicó plenamente a escribir.

En 1928 realizó una visita a Berlín donde conoció a los pintores expresionistas George Grosz y a Brecht. En 1933 se había casado en Viena con la escritora Venetia Toubner-Calderón, Veza, que moriría en 1963. Más tarde contrajo matrimonio con Hera Buschor con la que tuvo su única hija, Johanna. Cuando Hitler ocupa Austria emigra a Londres vía París.

Su primera obra fue un ensayo creativo sobre Kafka, con el título de El otro proceso de Kafka. Su única novela, fue Auto de fe (1936), concebida como la primera en una serie de ocho. Fue muy bien aceptado en Europa continental, mucho más que en Estados Unidos e Inglaterra, donde no alcanzó un reconocimiento general hasta la edición corregida y aumentada de 1965. A partir de esta novela, se centró en la historia, la literatura de viajes, el teatro, la crítica literaria y la escritura de sus memorias.

Autor de tres obras de teatro: La boda, La comedia de la vanidad y Los emplazados así como de La lengua absuelta, La antorcha al oído, El juego de los ojos y Las voces de Marrakech. Su Masa y poder (1962) es un libro ambicioso, una combinación de antropología e historia que intenta explicar por qué la psicología de masas es distinta, y a menudo opuesta, a la de los individuos que la componen. Sus tres volúmenes de memorias, La lengua absuelta (1977), La antorcha al oído (1980) y El testigo escuchador (1985), abarcan su vida antes de laII Guerra Mundial.

En 1981 le concedieron el Premio Nobel de Literatura. En 1983 prohibió que su autobiografía, The torch in my ear se publicara en Gran Bretaña, país en el que residía, como protesta por el trato que recibió en ese país hasta que consiguió el premio Nobel.

En 1992 se publica en Alemania La aflicción de las moscas, una colección de pensamientos sobre el arte, la religión y la literatura que el escritor fue anotando día a día durante 50 años. La obra se editó en España bajo el título El suplicio de las moscas. En 1996 se publicaron en español sus Obras completas.

Tras abandobar el Reino Unido se radicó en Zurich en 1988 ciudad en la que moriría el 14 de agosto de 1994, a los 89 años mientras dormía.


Obras

La boda (1932)
Comedia de la vanidad (1934)
Auto de fe (1936)
Los emplazados (1955)
Masa y poder (1960)
Apuntes, 1942-1965 (1965)
Las voces de Marrakech (1968)
El otro proceso de Kafka (1969)
La provincia del hombre (1973)
El testigo oidor (1974)
La conciencia de las palabras (1975)
La lengua salvada (1977)
La antorcha al oído (1980)
Juego de ojos (1985)
El corazón secreto del reloj (1987)
El suplicio de las moscas (1992)
Desde Hampstead (1994)
Apuntes, 1992-1993 (1996, póstumo)
Apuntes, 1973-1984 (1999, póstumo)
Fiesta bajo las bombas (2003, póstumo)
Apuntes para Marie-Louise (2005, póstumo)

Biografía de Rosalind Franklin

Nacida en el distrito de Kensington, en Londres, el 25 de julio de 1920.

Estudió y se graduó de la Universidad de Cambridge en 1941, no sin tener que luchar contra la oposición de su padre.

Hizo estudios fundamentales de microestructuras del carbón y del grafito. Este trabajo fue la base de su doctorado en química física, que obtuvo en la Universidad de Cambridge en 1945.

Después de Cambridge, pasó tres años (1947-1950) trabajando en el Laboratoire de Services Chimiques de L'Etat, en París, donde aprendió técnicas de difracción de la radiografía.

En 1951, volvió a Inglaterra como investigadora asociada en el Laboratorio John Randall, del King's College, Cambridge. Allí tuvo la oportunidad de aplicar sus conocimientos a la biología.

En el Laboratorio Randall, se cruzó con Maurice Wilkins; ambos estaban dedicados al estudio del DNA. Lamentablemente, la misoginia y la competitividad de Wilkins, los llevó a un conflicto permanente.

Rosalind Franklin obtuvo una fotografía de difracción de rayos X que reveló, de manera inconfundible, la estructura helicoidal de la molécula del ADN.

Esa imagen, conocida hoy como la famosa fotografía 51, fue un respaldo experimental crucial para que el investigador estadounidense James Watson y el británico Francis Crick establecieran, en 1953, la célebre hipótesis de la "doble hélice" que es característica de la estructura molecular del ADN (ácido desoxirribonucleico), por la que en 1962, junto con Maurice Wilkins, se les concediera el Premio Nobel en Fisiología y Medicina.

Considerado como el logro médico más importante del siglo XX, el modelo de la doble hélice del ADN abrió el camino para la comprensión de la biología molecular y las funciones genéticas; antecedentes que posibilitaron establecer la secuencia "completa" del genoma humano.

En ese tiempo se conocía la forma deshidratada de la molécula (forma A), la que no sugería una forma helicoidal. Rosalind se concentró primero en interpretar los patrones de difracción utilizando las laboriosas fórmulas de Patterson.

Las primeras imágenes obtenidas en Londres con el ADN deshidratado se conocieron en Cambridge. Watson había tenido ocasión de asistir a la clase que dio Franklin en noviembre de 1951 sobre el avance de sus investigaciones. Rápidamente, con Francis Crick se pusieron a la tarea de imaginar su estructura y para ello, trabajaron principalmente con modelos atómicos a escala. Este primer intento terminaría en un fracaso rotundo.

Watson y Crick invitaron a Franklin y Wilkins a Cambridge para darles a conocer su propuesta. Esta consistía en un modelo helicoidal con tres cadenas. Iones de Magnesio sostenían unidos los fosfatos y hacia la periferia las pentosas y las bases nitrogenadas.

Rosalind Franklin pulverizó sus argumentos. La cantidad de agua en el modelo no correspondía al de los estudios de difracción. Los fosfatos y, por lo tanto, el “esqueleto” de la molécula tenían que estar en el exterior de la misma. No existía en realidad ningún indicio consistente de que la estructura fuera helicoidal. La conocida flema inglesa seguramente impidió la catástrofe. De todos modos, el rumor llegó a la cabeza del laboratorio: Sir Lauwrence Bragg, quien decidió prohibir a Watson y Crick que sus estudios en el ADN continuaran.

La astucia se impuso: James Watson se concentró en el estudio del virus del mosaico del tabaco. Este tiene al ARN como uno de sus constituyentes fundamentales. Dilucidar esta estructura le permitiría acercarse al ADN y de paso profundizar sus conocimientos en cristalografía.

El machismo imperante en esos años, se manifiesta en frases como las de James Watson que se refiere a Franklin como "Rosy" y se pregunta "cómo sería si se quitase las gafas e hiciese algo distinto con su cabello".

Francis Crick admite que ese tiempo había no se permitía tomar café en una de las salas reservadas sólo para hombres.

Mientras tanto, durante 1952 Rosalind Franklin repitió los estudios cristalográficos con diferentes grados de hidratación. Al hidratarse la difracción era completamente distinta (forma B). Como sabemos ahora, las fibras de ADN se alejan entre ellas y toman su forma nativa.

A principios de 1953 Wilkins mostró a Watson uno de las fotografías cristalográficas de Franklin de la molécula de DNA, cuando Watson vio la foto, la solución llegó a ser evidente para él y los resultados fueron publicados en un artículo en Nature casi inmediatamente. Sin autorización de Rosalind, Wilkins se las mostró primero -las imágenes de la forma B (hidratada)- a James Watson y, posteriormente, un informe de Rosalind Franklin a Sir John Randall fue entregado a Watson y Crick.

Francis Crick había trabajado en descifrar cómo se verían las estructuras helicoidales de las proteínas en imágenes de cristalografía. Y eso era justamente lo que tenía al frente en el informe de Franklin. Más aún, el reflejo de 3.4 Å en la meridiana implicaba que esa era la distancia entre los nucleótidos de una misma cadena de ADN. Al aplicar estas mediciones a la forma A y corregirla por la contracción y la densidad de la molécula sólo había lugar para dos nucleótidos en cada plano transversal. Si eso era así, lo más lógico es que las cadenas fueran también dos.

Rosalind murió en Londres el 16 de abril de 1958, cuando ni siquiera había cumplido los 38 años.

Fuente: Astrojem 

Tu individualidad por Merlina Meiler

No importa a qué te dediques ni en qué emplees la mayor parte de las horas de tu vida.

Es necesario que haya algo que te pertenezca a ti solamente.

Quizá te dediques exclusivamente a tu hogar y a la crianza de tus niños.

Tal vez trabajes o estudies y el resto del tiempo estés en tu casa, con los tuyos.

Más allá de lo que hagas en compañía de tu familia de origen, pareja o hijos, es imprescindible que haya algo que te pertenezca a ti solamente.

Puede tratarse de un hobby, una amistad, una pasión, algo que refleje un gusto o una afición de tu parte y que permite que tu personalidad reluzca y tu creatividad florezca, además de hacerse sentir bien y en plenitud.

Y es esencial que cuentes con un espacio así, con la asiduidad que resulte posible.

Las parejas que están juntas hace años o los mayores de edad que viven en la casa de sus padres y están subordinados a ellos económicamente pueden llegar a acatar el punto de vista ajeno, en desmedro de sus propios intereses, deseos y aspiraciones.

La dependencia nunca es recomendable y la dependencia interna total, mucho menos.

Porque te hace perder tu individualidad, estar todo el tiempo pendiente de las decisiones y de las reacciones del otro y, además, opaca tu luz.

Te trasforma en un ser alejado de ti mismo y llegas a no reconocerte.

Créeme que nunca pero NUNCA vale la pena dejar que esto suceda. Por lo general, esto se aprende con el tiempo y con las experiencias, pero ojalá te des cuenta de la importancia antes de que esto te produzca alguna tristeza.

Porque aunque en un principio dejar nuestros intereses de lado parezca más sencillo y también una manera de evitar problemas, a mediano y a largo plazo generará conflictos que provocarán el efecto inverso al buscado, tanto en tus relaciones interpersonales como dentro de tu ser.

No renuncies a tu individualidad por nadie ni por nada.

Tampoco permitas que una persona (sea quien sea) se interponga entre tú y aquello que facilita que te reconozcas a ti mismo de una manera que solo tú conoces.

Quien te quiere bien no intentará que abandones o pospongas indefinidamente aquello que demuestra tu individualidad y que te hace feliz