viernes, 13 de junio de 2014

Biografía de Fernando Pessoa

(Lisboa, 1888- id., 1935) Poeta portugués. Pasó su infancia y juventud en la República de Sudáfrica e inició estudios de derecho en la Universidad de El Cabo, y regresó a Lisboa en 1905. Inició su obra literaria en inglés, aunque a partir de 1908 creció su interés por la lengua portuguesa.

Su obra es una de las más originales de la literatura portuguesa y fue, junto con Sá Carneiro, uno de los introductores en su país de los movimientos de vanguardia. A partir de 1914 proyectó su obra sobre tres heterónimos: Ricardo Reis, Álvaro de Campos y Alberto Caeiro, para quienes inventó personalidades divergentes y estilos literarios distintos. Frente a la espontaneidad expresiva y sensual de Caeiro, Ricardo Reis trabaja minuciosamente la sintaxis y el léxico, inspirándose en los arcadistas del siglo XVIII. Álvaro de Campos evoluciona desde una estética próxima a la de Whitman hasta unas preocupaciones metafísicas en la tarea de explicar la vida desde una perspectiva racional.

Sobre estos desdoblamientos del poeta en varias personalidades, se reflejan sus distintos yosconflictivos, y elabora su propia obra poética, a veces experimental, una de las más importantes del siglo XX y que en su mayor parte permaneció inédita hasta su muerte. Su poesía, que supone un intento por superar la dualidad entre razón y vida, fue recogida en los volúmenes Obras completas: I. Poesías, 1942, de Fernando Pessoa; II. Poesías, 1944, de Álvaro de Campos; III. Poemas, 1946, de Alberto Caeiro; IV.Odas, 1946, de Ricardo Reis; V. Mensagem, 1945; VI.Poemas dramáticos; VII. y VIII. Poesías inéditas, 1955-1956.

Su obra ensayística ha sido recogida en Páginas íntimas de autointerpretación (1966), Páginas de estética y de teoría y crítica literarias (1967) y Textos filosóficos (1968). En 1982 apareció Libro del desasosiego, compendio de apuntes, aforismos, divagaciones y fragmentos del diario que dejó al morir.

Biografía de James Clerk Maxwell

(Edimburgo, 1831-Glenlair, Reino Unido, 1879) Físico británico. Nació en el seno de una familia escocesa de la clase media, hijo único de un abogado de Edimburgo. Tras la temprana muerte de su madre a causa de un cáncer abdominal –la misma dolencia que pondría fin a su vida–, recibió la educación básica en la Edimburg Academy, bajo la tutela de su tía Jane Cay.

Con tan sólo dieciséis años ingresó en la Universidad de Edimburgo, y en 1850 pasó a la Universidad de Cambridge, donde deslumbró a todos con su extraordinaria capacidad para resolver problemas relacionados con la física. Cuatro años más tarde se graduó en esta universidad, pero el deterioro de la salud de su padre le obligó a regresar a Escocia y renunciar a una plaza en el prestigioso Trinity College de Cambridge.

En 1856, poco después de la muerte de su padre, fue nombrado profesor de filosofía natural en el Marischal College de Aberdeen. Dos años más tarde se casó con Katherine Mary Dewar, hija del director del Marischal College. En 1860, tras abandonar la recién instituida Universidad de Aberdeen, obtuvo el puesto de profesor de filosofía natural en el King’s College de Londres.

En esta época inició la etapa más fructífera de su carrera, e ingresó en la Royal Society (1861). En 1871 fue nombrado director del Cavendish Laboratory. Publicó dos artículos, clásicos dentro del estudio del electromagnetismo, y desarrolló una destacable labor tanto teórica como experimental en termodinámica; las relaciones de igualdad entre las distintas derivadas parciales de las funciones termodinámicas, denominadas relaciones de Maxwell, están presentes de ordinario en cualquier libro de texto de la especialidad.

Sin embargo, son sus aportaciones al campo del elecromagnetismo las que lo sitúan entre los grandes científicos de la historia. En el prefacio de su obraTreatise on Electricity and Magnetism (1873) declaró que su principal tarea consistía en justificar matemáticamente conceptos físicos descritos hasta ese momento de forma únicamente cualitativa, como las leyes de la inducción electromagnética y de los campos de fuerza, enunciadas por Michael Faraday.

Con este objeto, Maxwell introdujo el concepto de onda electromagnética, que permite una descripción matemática adecuada de la interacción entre electricidad y magnetismo mediante sus célebres ecuaciones que describen y cuantifican los campos de fuerzas. Su teoría sugirió la posibilidad de generar ondas electromagnéticas en el laboratorio, hecho que corroboró Heinrich Hertz en 1887, ocho años después de la muerte de Maxwell, y que posteriormente supuso el inicio de la era de la comunicación rápida a distancia.

Aplicó el análisis estadístico a la interpretación de la teoría cinética de los gases, con la denominada función de distribución de Maxwell-Boltzmann, que establece la probabilidad de hallar una partícula con una determinada velocidad en un gas ideal diluido y no sometido a campos de fuerza externos. Justificó las hipótesis de Avogadro y de Ampère; demostró la relación directa entre la viscosidad de un gas y su temperatura absoluta, y enunció la ley de equipartición de la energía. Descubrió la birrefringencia temporal de los cuerpos elásticos translúcidos sometidos a tensiones mecánicas y elaboró una teoría satisfactoria sobre la percepción cromática, desarrollando los fundamentos de la fotografía tricolor.

La influencia de las ideas de Maxwell va más allá, si cabe, de lo especificado, ya que en ellas se basan muchas de las argumentaciones tanto de la teoría de la relatividad einsteiniana como de la moderna mecánica cuántica del siglo XX.

Biografía de Martin Buber

(Viena, 1878 - Jerusalén, 1965) Escritor y filósofo israelí. A raíz del divorcio de sus padres, se crió en la localidad austriaca de Lemberg, donde residía su abuelo paterno, Salomón Buber, un famoso erudito rabínico. Allí conoció la Biblia, la lengua hebrea clásica y el pensamiento judío ortodoxo y compartió la vida de oración y estudio de los piadosos seguidores de la corriente jasídica.

A los catorce años regresó a la casa paterna y en 1896 inició estudios de filosofía e historia del arte en la Universidad de Viena, que más tarde continuó en Leipzig, aunque finalmente se doctoró en Berlín en 1904. Se afilió al sionismo y participó en el primer congreso de este movimiento celebrado en Basilea, el año 1897 y, en 1901, comenzó a trabajar como redactor en el periódico Die Welt.

Colaboró también en 1904 con el futuro primer presidente del Estado de Israel, Hayyim Weizmann, en la publicación Der Jude que no llegó a aparecer, pero a la cual se debe el manifiesto sionista que presidiría el ideario de Buber. Ese mismo año leyó un texto del rabino Israel ben Eliézer, fundador del jasidismo, con el cual sintió una profunda identificación que lo llevó a retirarse de otras actividades y a sumergirse en el estudio y lectura de los escritos de esta corriente. Finalmente, consiguió fundar Der Jude, que dirigió desde 1916 hasta 1924, uno de los primeros periódicos dedicados en Alemania al pensamiento sionista.

Desde 1923 hasta diez años más tarde enseñó teología judía e historia de las religiones en la Universidad de Frankfurt e inició el planteamiento teórico que originaría más tarde su obra Yo y Tú. Con el católico Joseph Wittig y el protestante von Weizsacker codirigió Die Kreatur desde 1926 hasta 1930. Antes, en 1920, había creado con Franz Rosenzweig la Freies Jüdisches Lehrhaus (Academia Judía Libre), que fue el más importante centro de educación de judíos adultos anterior a la Segunda Guerra Mundial.

Después de largos años de escritura y revisión, en 1923 se publicó el título antes mencionado, Yo y Tú, una de las obras fundamentales del autor. En 1933 sus estudios teológicos se vieron bruscamente interrumpidos, y cuando Hitler tomó el poder fue expulsado de la universidad y decidió emigrar a Palestina. En 1938 fue nombrado profesor de filosofía social en la Universidad hebrea de Jerusalén, donde enseñó hasta su jubilación en 1951. Durante más de cuarenta años se dedicó a estudiar las leyendas jasídicas.



Sus versiones de ellas dieron como resultado títulos como Cuentos de Rabbí Nahman (1906) y La leyenda del Baal Shem (1907); con un enfoque diferente sobre el mismo tema publicó luego El Gran Maguid y su sucesión (1921) y La luz oculta (1924). A partir de 1946, la mayor parte de estos trabajos se recogieron en cuatro volúmenes que, con el título genérico deCuentos jasídicos, constituyen lo más conocido del autor.

En su pensamiento influyeron con gran fuerza la obra de Kierkegaard, padre del existencialismo, y el estudio del misticismo judío, que floreció en Polonia a mediados del siglo XVIII, conocido con el nombre de jasidismo. Toda su vida de estudioso y su extensas producción de filosofía e historia de la religión tuvieron como objetivo la construcción de un renovado puente cultural entre judaísmo y cristianismo. Éste es el motivo de la gran popularidad y el consenso que le acompañaron.

La profundización de la particular forma de misticismo que se desarrolló en las comunidades jasídicas, en las que por su fervor se distinguían los "zaddikim" (justos) y cuyas experiencias eran contadas por los "jassidim" (fieles a la alianza), permitió a Buber poner en evidencia la experiencia de la relación directa entre Dios y el hombre, en la que se basa, en realidad, toda su teoría filosófica. Derivada del existencialismo y de la ontología, esta teoría se funda en la relación del ser respecto a sí mismo, como absoluta presencia del Ser que da al ser dado, es decir: absoluta presencia de Dios en todo lo que existe.

La relación ontológica originaria (que desarrolla de manera especial en su obra Yo y Tú) que corresponde al enlace absoluto entre Yo y Tú, no se refiere sólo al hombre, sino a toda la naturaleza, según una diferenciación de esferas relativa a los diferentes grados de conciencia de la propia relación. El primer grado es el de la naturaleza mineral y vegetal, que viven la propia presencia contemporánea en el horizonte general del Ser, pero sin tener de Él ningún conocimiento y sin aportar ninguna respuesta.

La conciencia penetra en el segundo nivel, el humano, en el que el Yo se percibe como radical apertura y trascendencia hacia el otro desde sí, y por eso es consciente del estatuto existencial general que es la presencia absoluta del Tú: a este nivel se sitúa el obrar teniendo como base la libertad, la responsabilidad, el valor ético y el destino. El último grado lo constituye la dimensión espiritual, en la que la relación con Dios ya no se puede expresar con el lenguaje ni es traducible en términos espacio-temporales, sino que se coloca a un nivel de trascendencia que Buber llama "vida con las entidades espirituales".

Biografía de Alejandro Magno

(Alejandro III) Rey de Macedonia (Pella, Macedonia, 356 - Babilonia, 323 a. C.). Sucedió muy joven a su padre, Filipo II, asesinado en el 336 a. C. Éste le había preparado para reinar, proporcionándole una experiencia militar y encomendando a Aristóteles su formación intelectual.

Alejandro Magno dedicó los primeros años de su reinado a imponer su autoridad sobre los pueblos sometidos a Macedonia, que habían aprovechado la muerte de Filipo para rebelarse. Y enseguida -en el 334- lanzó a su ejército contra el poderoso y extenso Imperio Persa, continuando así la empresa que su padre había iniciado poco antes de morir: una guerra de venganza de los griegos -bajo el liderazgo de Macedonia- contra los persas.


Con un ejército pequeño (unos 30.000 infantes y 5.000 jinetes), Alejandro Magno se impuso invariablemente sobre sus enemigos, merced a su excelente organización y adiestramiento, así como al valor y al genio estratégico que demostró; las innovaciones militares introducidas por Filipo (como la táctica de la línea oblicua) suministraban ventajas adicionales.

Alejandro recorrió victorioso el Asia Menor (batalla de Gránico, 334), Siria (Issos, 333), Fenicia (asedio de Tiro, 332), Egipto y Mesopotamia (Gaugamela, 331), hasta tomar las capitales persas de Susa (331) y Persépolis (330). Asesinado Darío III, el último emperador Aqueménida, por uno de sus sátrapas (Bessos) para evitar que se rindiera, éste continuó la resistencia contra Alejandro en el Irán oriental.

Una vez conquistada la capital de los persas, Alejandro licenció a las tropas griegas que le habían acompañado durante la campaña y se hizo proclamar emperador ocupando el puesto de los Aqueménidas. Enseguida lanzó nuevas campañas de conquista hacia el este: derrotó y dio muerte a Bessos y sometió Partia, Aria, Drangiana, Aracosia, Bactriana y Sogdiana. Dueño del Asia central y del actual Afganistán, se lanzó a conquistar la India (327-325), albergando ya un proyecto de dominación mundial. Aunque incorporó la parte occidental de la India (vasallaje del rey Poros), hubo de renunciar a continuar avanzando hacia el este por el amotinamiento de sus tropas, agotadas por tan larga sucesión de conquistas y batallas.

Con la conquista del Imperio Persa, Alejandro descubrió el grado de civilización de los orientales, a los que antes había tenido por bárbaros. Concibió entonces la idea de unificar a los griegos con los persas en un único imperio en el que convivieran bajo una cultura de síntesis (año 324). Para ello integró un gran contingente de soldados persas en su ejército, organizó en Susa la «boda de Oriente con Occidente» (matrimonio simultáneo de miles de macedonios con mujeres persas) y él mismo se casó con dos princesas orientales: una princesa de Sogdiana y la hija de Darío III.

La reorganización de aquel gran Imperio se inició con la unificación monetaria, que abrió las puertas a la creación de un mercado inmenso; se impulsó el desarrollo comercial con expediciones geográficas como la mandada por Nearcos, cuya flota descendió por el Indo y remontó la costa persa del Índico y del golfo Pérsico hasta la desembocadura del Tigris y el Éufrates. También se construyeron carreteras y canales de riego. La fusión cultural se hizo en torno a la imposición del griego como lengua común (koiné). Y se fundaron unas 70 ciudades nuevas, la mayor parte de ellas con el nombre de Alejandría (la principal en Egipto y otras en Siria, Mesopotamia, Sogdiana, Bactriana, India y Carmania).

La temprana muerte de Alejandro a los 33 años, víctima del paludismo, le impidió consolidar el imperio que había creado y relanzar sus conquistas. El imperio no sobrevivió a la muerte de su creador. Se desencadenaron luchas sucesorias en las que murieron las esposas e hijos de Alejandro, hasta que el imperio quedó repartido entre sus generales (losdiádocos): Seleuco, Ptolomeo, Antígono, Lisímaco y Casandro. Los Estados resultantes fueron los llamados reinos helenísticos, que mantuvieron durante los siglos siguientes el ideal de Alejandro de trasladar la cultura griega a Oriente, al tiempo que insensiblemente dejaban penetrar las culturas orientales en el Mediterráneo.