viernes, 6 de junio de 2014

Biografía de Hiram Bingham

(Honolulú, 1875 - Washington, 1956) Arqueólogo estadounidense que descubrió las ruinas de las ciudades incas de Vitcos y de Machu-Picchu. Bingham tuvo una privilegiada educación. Acudió durante diez años a la Escuela Punahou del colegio Oahu, de donde pasó a la Academia Phillips y, finalmente, ingresó en la Universidad de Yale, donde obtuvo su título en 1898. Después estuvo trabajando en diversos oficios hasta que decidió volver a la universidad, primero a la de California y más tarde a Harvard para conseguir un título de posgrado en historia y ciencias políticas. Tras conseguir el título, en 1905 trabajó un año en Princeton.


Fue en 1906 cuando realizó su primer viaje a Sudamérica. La misión consistía en seguir la ruta que realizó Simón Bolívar en 1819 a lo largo de la geografía de los países conquistados por España para así conocer mejor la historia hispanoamericana y poder enseñarla a sus alumnos con conocimiento de causa. Dos años después siguió la ruta comercial organizada por los españoles en los países americanos.

En 1908 se convirtió en el Delegado del Primer Congreso Científico Panamericano en Santiago de Chile. Un año más tarde, fue nombrado miembro de la Facultad de Historia de la Universidad de Yale y, dos años después, se organizó una expedición arqueológica cuyo objetivo era encontrar Vilcabamba, la “ciudad perdida de los incas”, una fortaleza secreta utilizada por los incas contra la invasión de los españoles en el siglo XVI.

Los indicios de las crónicas incas de la época le llevaron a la conclusión de que los yacimientos se encontraban cerca de Cuzco (Perú), donde el acceso era muy complicado. Sin embargo, para Bingham no fue un problema debido a que su padre le aficionó al montañismo, deporte que le fue muy útil en todas sus expediciones y en concreto a la hora de escalar el monte Coropuna (6595 m); fue el primero en conseguir llegar hasta la cima.

Tras un difícil camino, el 24 de julio Bingham se dirigió a las ruinas de Machu-Picchu, donde encontró una piedra que recordaba a las estructuras del Templo del Sol en Cuzco. Se iniciaron las excavaciones, que Bingham tuvo que abandonar en 1912. Tres años después volvió a ellas, convencido de que las ruinas de Machu-Picchu correspondían a la “ciudad perdida de los incas”. Sus investigaciones fueron puestas en duda durante mucho tiempo. Tuvo que esperar hasta mediados del siglo XX para que sus suposiciones fueran tomadas en serio.

Paralelamente a las excavaciones, Bingham tuvo otras actividades totalmente ajenas a la arqueología. A partir de 1916 comenzó a ascender en la jerarquía militar, ocupando diversos puestos en los ejércitos. En 1922 ocupó el cargo de teniente gobernador de Connecticut, ciudad de la que dos años más tarde fue elegido gobernador, y abandonó la enseñanza de historia de la Facultad de Yale. No estuvo demasiado tiempo como gobernador, pues a los pocos días quedó una vacante en el Senado que fue ocupada por él. Se mantuvo en este puesto durante ocho años. Posteriormente se dedicó a los negocios hasta que, en 1951, el presidente Truman le designó para formar parte del Civil Service Loyalty Review Board, para investigar casos de subversión dentro del Departamento de Estado.

Bingham fue miembro de numerosas asociaciones, entre las que cabe destacar la National Geographical Society y la Royal Geographical Society. También escribió libros sobre cada uno de sus viajes: Diario de una expedición a través de Venezuela y Colombia; Tierra Inca (1922); Machu-Picchu, la ciudadela de los incas(1930) y La Ciudad perdida de los incas (1948).

Fuente:

Biografía de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez

(Diego de Silva Velázquez; Sevilla, 1599 - Madrid, 1660) Pintor español. Además de ser la personalidad artística más destacada de su tiempo, Diego Velázquez es también la figura culminante del arte español, sin rival hasta los tiempos de Goya.

Diego Velázquez realizó su aprendizaje en Sevilla, en el taller de Pacheco, con cuya hija casó en 1617. Cuando todavía era un adolescente, pintó algunas obras religiosas (La Inmaculada Concepción, La Adoración de los Reyes Magos) con un realismo inusual y pronunciados efectos de claroscuro. A la misma época pertenece una serie de obras de género con figuras de prodigiosa intensidad y una veracidad intensísima en la reproducción tanto de los tipos humanos como de los objetos inanimados; entre otros ejemplos se pueden citar Vieja friendo huevos y El aguador de Sevilla.

También por entonces pintó inusitados cuadros de temática religiosa ambientados en escenarios cotidianos, como Cristo en casa de Marta o Cristo en Emaús; de hecho, la capacidad de convertir las escenas religiosas en algo cercano y realista constituye una característica del barroco sevillano que Velázquez legó a otros artistas de su tiempo.

Estas obras, de un estilo por lo demás muy distinto del de su época de madurez, le valieron cierta reputación, que llegó hasta la corte, por lo que en 1623 Diego Velázquez fue llamado a Madrid por el conde-duque de Olivares, valido de Felipe IV, para que pintara un retrato del rey; tanto gustó la obra al soberano que lo nombró pintor de corte.

Las Meninas, de Velázquez
Comenzó así para Velázquez una larga y prestigiosa carrera cortesana, a lo largo de la cual recibió destacados títulos, como los de ujier de cámara y caballero de la Orden de Santiago. Desde su nombramiento oficial hasta el final de sus días pintó numerosos retratos de Felipe IV y de diversos miembros de su familia, a pie o a caballo.

Se trata de obras de gran realismo y excepcional sobriedad en las que el magistral empleo de la luz sitúa los cuerpos en el espacio y hace vibrar a su alrededor una atmósfera real que los envuelve. Los fondos, muy densos al principio, se suavizan y aclaran luego, con el paso del tiempo. En los retratos femeninos (el de Mariana de Austria, por ejemplo), el artista se recrea en los magníficos vestidos, en los que muestra sus grandes cualidades como colorista.

La culminación de su carrera como retratista es Las Meninas, considerada por algunos como la obra pictórica más importante de todos los tiempos. Hay que destacar igualmente las incomparables series de enanos y tullidos de la corte. Velázquez realizó dos viajes a Italia, uno en 1629-1631 y otro en 1648-1651. En ambos produjo obras importantes: La túnica de José y La fragua de Vulcano en el primero; los retratos de Juan de Pareja y de Inocencio X en el segundo; el del Papa es un retrato portentoso, dotado de una vivacidad, una intensidad y un colorismo excepcionales.


La rendición de Breda, de Velázquez
Al genio sevillano se debe también una obra maestra de la pintura histórica, La rendición de Breda, pintada en 1634 para el Salón de Reinos del palacio del Buen Retiro de Madrid. El mérito de la obra reside en la ausencia del engolamiento habitual en los cuadros de temática histórica y en la plasmación de las facetas más humanas del acontecimiento; la composición admirablemente resuelta y la atmósfera de extraordinario realismo han hecho de esta obra una de las más conocidas del maestro.

Artista prolífico, Diego Velázquez dejó también importantes creaciones de temática religiosa (Crucificado) y algunas de tema mitológico en clave cotidiana, como Los borrachos o Las hilanderas, ésta una de las obras capitales del artista por la perfección que alcanza en ella la perspectiva aérea. El tono de cotidianidad, de acontecimiento vivo, confiere a estas realizaciones un particular atractivo.

De temática mitológica es así mismo la magistralVenus del espejo, el único desnudo femenino que pintó y uno de los pocos de la historia de la pintura española. Poco conocido fuera de España hasta el siglo XIX, Diego Velázquez es hoy considerado uno de los grandes genios de la pintura universal.


Biografía de Pierre Corneille

(Ruán, Francia, 1606 - París, 1684) Dramaturgo francés. Hijo de un abogado, en 1615 ingresó en el colegio de los jesuitas de Ruán, donde pronto llamaron la atención sus composiciones en versos latinos y algunos poemas dedicados a Catherine Hue. Se licenció en derecho en 1624, y hasta 1628, año en que su padre le consiguió dos cargos jurídicos, realizó prácticas como abogado en el Parlamento de Ruán.

Su primera comedia, Melita, inspirada por una frustrada pasión juvenil, la estrenó en París, en 1629, la compañía de Mondory y Le Noir. Gracias al éxito de la obra, la compañía se estableció en el teatro del Marais, en el que se estrenarían todas las creaciones de Corneille hasta 1647. Durante siete años, mientras empezaba a ejercer como abogado, sus comedias se sucedieron con rapidez (Clitandro Clitandro o la inocencia liberada, La galería del palacio); además, escribió su primera tragedia, Medea. En 1635, designado por Richelieu como uno de los Cinco Autores, participó en la elaboración de La comedia de las Tullerías (1635).


El arrollador éxito de la tragicomedia El Cid, en enero de 1637, hizo que sólo dos meses después de su presentación circularan ya las primeras copias. La obra suscitó también una enconada polémica, conocida como «la querella del Cid», en parte debida a la acusación de plagio (la obra está basada en Las mocedades del Cid, de Guillén de Castro), pero sobre todo porque rompía con las tres unidades teatrales clásicas (de tiempo, de lugar y de acción), verdadero dogma para el teatro de la época; su osadía le valió incluso la condena oficial de la Academia.

Entre 1640 y 1642, las tragedias Horacio y Cinna lo confirmaron como el mayor dramaturgo de su época; en ellas, el autor se mantuvo dentro de los límites de las unidades clásicas, tal como haría a partir de entonces, y demostró el absoluto dominio que tenía sobre ellas. En 1641 contrajo matrimonio con Marie de Lampérière. A la muerte de Richelieu, gozó de la protección de Mazarino y fue admitido en la Academia Francesa (1647).

En 1650, la maquinaria necesaria para la puesta en escena de Andrómeda, presentada como su obra maestra, justificó la construcción del Théâtre du Petit-Bourbon. Durante la Fronda, renunció al ejercicio de la abogacía para sustituir al procurador general de Normandía, quien fue restablecido en sus funciones en 1651 sin que Corneille pudiera recuperar sus cargos anteriores. Nicomedes, la tragedia que siguió entonces, lo enemistó con Mazarino por su apoyo implícito a Condé, su adversario político.

Perdido el apoyo económico oficial, y hundido en una profunda crisis moral, acentuada por el fracaso dePertharite, en 1652 anunció que abandonaba el teatro. Hasta 1658 se dedicó a la traducción en verso de La imitación de Jesucristo y a la composición laboriosa del Teatro, obra en tres volúmenes que se editaron en 1660. Fouquet le inspiró el tema deEdipo, la tragedia con la que volvió al escenario. Su carrera literaria se prolongó aún quince años más, pero ya no volvió a conocer los éxitos de etapas anteriores.

En 1662 se instaló en París con su familia, y a partir de 1663 recibió una pensión anual por figurar, junto con Molière y otros autores, en la lista de las gratificaciones reales. Compuso en esa época unos poemas panegíricos de Luis XIV y tradujo obras piadosas. Por estos años, la opinión pública estaba divida entre sus admiradores y los de Jean Racine, si bien su Tito y Berenice, en 1670, fue peor recibida por público y crítica que la obra de su rival sobre el mismo tema (Berenice).

Corneille se retiró definitivamente en 1674. A partir de 1677 sus tragedias fueron recuperadas y llevadas de nuevo al escenario, y en 1682 se volvió a editarTeatro. Corneille es, por excelencia, el autor de la tragedia clásica francesa; creó héroes admirables tanto por su grandeza moral, como por su afán de gloria, y representó pasiones extremadamente violentas gracias al vigor inigualable de su estilo oratorio.

Biografía de Aleksandr Sergeivich Pushkin

(Aleksandr o Alexander Sergeevich Pushkin; Moscú, 1799 - San Petersburgo, 1837) Poeta y novelista ruso. Tal como solía ser habitual entre la aristocracia rusa de principios del siglo XIX, su familia adoptó la cultura francesa, por lo cual tanto él como sus hermanos recibieron una educación basada en la lengua y la literatura francesas. A los doce años fue admitido en el recientemente creado Liceo Imperial (que más tarde pasó a llamarse Liceo Puskhin), y allí fue donde descubrió su vocación poética.

Alentado por varios profesores, publicó sus primeros poemas en la revista Vestnik Evropy. De tono romántico, en ellos se apreciaba la influencia de los poetas rusos contemporáneos y de la poesía francesa de los siglos XVII y XVIII, en especial la del vizconde de Parny. También en el Liceo inició la redacción de su primera obra de envergadura, el poema romántico Ruslan y Lyudmila, finalmente publicado en 1820.


Poco antes, en 1817, Pushkin había aceptado un empleo en San Petersburgo, donde entró en contacto con un selecto círculo literario que, progresivamente, se fue convirtiendo en un grupúsculo político clandestino. También entró a formar parte de laZel’onaja lampa («La luz verde»), otro movimiento de oposición al régimen zarista que a la postre sería el germen del partido revolucionario que encabezó la rebelión de 1825.

Si bien su poesía, durante estos años de juventud, era más sentimental que ideológica, algunos de los poemas escritos por entonces (La libertad, 1817; El pueblo, 1819) llamaron la atención de los servicios secretos zaristas, que quisieron leerlos sólo en clave política. A consecuencia de ello, acusado de actividades subversivas, fue obligado a exiliarse. Fue confinado en Ucrania primero y luego, en Crimea, donde compuso varios de sus principales poemas: El prisionero del Cáucaso (1822); Los hermanos bandoleros (1821-1822); La fuente de Bakhcisaraj(1824). En mayo de 1823 inició la redacción de su novela en verso Yevgeny Onegin (1833), en la cual estuvo trabajando hasta el año 1831.

En 1824, las autoridades rusas interceptaron una carta dirigida a un amigo en la cual se declaraba ateo, por lo que sufrió un nuevo extrañamiento, en esta ocasión en Pskov, donde su familia tenía varias posesiones. Dedicó los dos años que permaneció en Pskov a estudiar historia y a recopilar cuentos y relatos tradicionales. Todo ello quedó reflejado en su obra, en la que se aprecia un creciente interés por la literatura popular y un progresivo acercamiento hacia formas más propias del realismo que del romanticismo. Son prueba de ello la tragedia Boris Godunov (1824-1825) y la continuación de Yevgeny Onegin.