martes, 3 de junio de 2014

Biografía de Charles Richard Drew

Tal día como hoy, de 1904, nacía en Washington, Charles Drew. Desde pequeño destacó por su gran capacidad para la práctica de deportes. Estudió en la High School de Dunbar y en la Universidad de Amherst. Antes de ingresar en la Universidad McGill de Montreal (1928), trabajó como profesor de biología y como entrenador en la Universidad del estado de Morgan, Baltimore. Tras finalizar sus estudios de medicina estuvo en el equipo del británico John Beattie que investigaba temas relacionados con la conservación de la sangre. Estuvo dos años en el Hospital General de Montreal como interno y médico residente.

En 1935 regresó a los Estados Unidos como instructor de patología de la Howard University y también estuvo de residente en el Freedmen’s Hospital. Recibió una beca de investigación de la Rockerfeller Foundation lo que posibilitó que estudiara en la Universidad de Columbia, Nueva York, donde prosiguió sus investigaciones sobre la sangre, especialmente lo relacionado con su recolección y almacenamiento. Separó las células del plasma y los congeló, comprobando que la sangre podía preservarse más tiempo.

En 1940, cuando daba comienzo la Segunda Guerra Mundial, obtuvo el doctorado con el trabajo Banked Blood: A Study in Blood Preservation. Se da la circunstancia de que fue el primer afroamericano que obtuvo este grado. Se dedicó entonces a ensayar sistemas para llevar la sangre al frente. Su antiguo maestro, Beattie, solicitó grandes cantidades de plasma para los británicos. Charles Drew se encargó de la supervisión médica del proyecto que se llamó “Sangre para los Británicos”.

Poco después fue nombrado Director del Banco de Sangre de la Cruz Roja y Director Asistente del Consejo Nacional de Investigación, a cargo de la recolección de sangre para la Armada y Marina de los Estados Unidos, que se unía al conflicto bélico. Sin embargo, en ese momento se separaba la sangre por razas. Luchó para que se derogara esta norma, pero no lo consiguió. Este hecho le llevó a renunciar.

Drew regresó a la Universidad Howard como profesor, jefe del departamento de Cirugía del Hospital Freedmen. Más tarde llegó a ser Jefe de Personal y Director del hospital universitario. El primero de abril de 1950 sufrió un accidente de automóvil cerca de Burlington, North Carolina, cuando se dirigía a dar una conferencia en el Tuskegee Institute de Alabama. Hubo muchas versiones sobre la causa real de su fallecimiento; una de ellas es que se le negó la asistencia en un hospital de blancos, lo que luego se desmintió.

Fuente:

¡Quiero enojarme menos! por Merlina Meiler


Si tiendes a enojarte bastante por lo que hacen o dejan de hacer los demás, o porque no reaccionan de la forma que desearías, leer estas líneas puede ayudarte a que logres tener una vida más relajada.

Perder los estribos puede significar no solo que tu paciencia no es lo suficientemente elástica para enfrentar las situaciones, sino también que esperas demasiado de quienes te rodean.

Los otros, por más que entiendan lo que les dices, van a actuar a su manera. Aunque sigan instrucciones detalladas, pueden llegar a desviarse un tanto de ellas, sin que esto signifique, necesariamente, que estén cometiendo un error. De hecho, incluso pueden mejorar tus propuestas, si les dejas el espacio para que así sea.

Si te enfadas con ellos por esta razón o por cualquier otra, pierden los dos.

Ellos, porque otra vez se sentirán intimidados, observados, nerviosos, lo que coartará sus movimientos en desmedro de lo que esperas de ellos, mientras piensan (tal vez con cierto dejo de certidumbre) que nada de lo que hagan te agradará.

Tú, porque hay consecuencias físicas de enojarse mucho y porque, después de tu reacción, quedarás tensionado y frustrado durante un tiempo. Tal vez incluso seas el espectador de un diálogo interno poco deseable y que se desarrolla una y otra vez, más allá de tus intentos por frenarlo.

Enfurecerse también puede estar dejando entrever algún grado de inseguridad (aunque creas que gritando sometes a los demás y demuestras poder, no llegas a acallar tus carencias internas): no sabes bien qué hacer o consideras que los demás tienen más claros algunos conceptos que tú y por este motivo, en vez de quedarte reflexionando durante unos minutos sobre lo que tienes entre manos, estallas, no les brindas a los otros la posibilidad de pensar con claridad, pero tampoco te las das a ti mismo.

¿Qué hacer?

La próxima vez que sientas que te vas a enojar (ya sea un poco o desmedidamente), respira hondo algunas veces (cuatro o cinco alcanzará).

Si puedes retirarte a un lugar en el cual estés en soledad (una oficina cerrada o la cocina de tu casa, por ejemplo), tómate unos pocos minutos para serenarte, hasta que puedas pensar con claridad sobre el motivo que te ha llevado hasta ese extremo, para buscar y encontrar una buena salida.

En frío las cosas se ven bastante distintas. Y es allí donde aparecen las mejores soluciones y las ideas más brillantes.