jueves, 29 de mayo de 2014

¿Cuál es el límite?

¿Qué tan dispuestos estamos a sufrir por alguien? ¿Cuál es el límite? La respuesta es personal e intransferible. La egoísta sensación de merecer que surge por el hecho de dar, no es siempre egoísmo o utilitaria generosidad, sino auténtica dignidad.

Cuando damos lo mejor de nosotros mismos, cuando decidimos compartir nuestra vida en intimidad, cuando abrimos nuestro corazón de par en par y desnudamos nuestra alma hasta el último rincón, cuando perdemos toda vergüenza, cuando los secretos dejan de serlo, al menos merecemos comprensión, existe merecimiento. Por supuesto que merecemos en virtud de honesta y franca dignidad. Que se menosprecie, ignore, olvide o desconozca fríamente el amor que regalamos a manos llenas es desconsideración, vileza del ser, o, en el mejor de los casos, ligereza. Cuando amamos a alguien que, además de no correspondernos, desprecia nuestro amor, estamos en el lugar equivocado.

Definitivamente, esa persona no se hace merecedora del afecto que le prodigamos. Con una nueva conciencia la disyuntiva empieza a dejar de serlo, la cuestión empieza a hacerse clara y transparente, obvia: si no me siento bien recibido en algún lugar, empaco y me voy.

Nadie de corazón sensato se quedaría tratando de agradar o disculpándose por no ser como les gustaría a los otros que fuera. R.W. Emerson lo expresó de sublime manera: La verdad es más hermosa que el fingimiento del amor. En cualquier relación de pareja que tengas, no te merece quien no te ame, y menos aún, quien te lastime.

Haz surgir una nueva conciencia en ti! Incluso, si alguien te hiere reiteradamente sin "mala intención" - este absurdo existe - es posible que te merezca, pero en verdad no te conviene. Definir tus límites basados en tu dignidad, es el mejor modo de conservar tu emoción por existir.

Fuente: Oasis 

Biografía de Juan Ramón Jiménez

(Moguer, 1881 - San Juan de Puerto Rico, 1958) Poeta español. Su lírica evolucionó desde las últimas derivaciones del modernismo hacia una poesía a la vez emotiva e intelectualista. Tras cursar el bachillerato en el colegio de los jesuitas de Puerto de Santa María (Cádiz), ingresó en la universidad de Sevilla para estudiar derecho, carrera que abandonó para seguir su vocación artística.

Aunque inicialmente quiso ser pintor, pronto se orientó hacia la poesía, animado por la lectura de Rubén Darío y de los escritores románticos. Sus primeras colaboraciones en la revista madrileña Vida Nueva fueron acogidas con entusiasmo por los modernistas, por lo que decidió trasladarse a Madrid en 1900 y publicar ese mismo año sus dos primeros volúmenes de versos, Ninfeas y Almas de violeta, títulos que le fueron sugeridos por Ramón del Valle-Inclán y Rubén Darío.


De carácter melancólico y depresivo, la repentina muerte de su padre le causó fuertes crisis nerviosas que lo obligaron a pasar largas temporadas en sanatorios de Burdeos y Madrid. A esta época corresponden los libros Rimas (1902), Arias tristes(1903) y Jardines lejanos (1904), que configuraron una poética impregnada de musicalidad, nostalgia y amor por la naturaleza, con metros sencillos en los que predomina el octosílabo y un ritmo fluido de inspiración modernista.

Entre 1905 y 1912 el autor vivió en su pueblo natal, entregado a la lectura y admirando la vida campesina andaluza. Este acercamiento al mundo rural se tradujo en un nuevo sentimentalismo que, sin abandonar la languidez inicial, se enriqueció con impulsos apasionados y juveniles. En los escenarios crepusculares de pálidos jardines, decadentes ensueños y estancias silenciosas, aparecieron por primera vez colores brillantes e imágenes de mujeres desnudas que tiñeron los versos de erotismo.

En este período escribió varios volúmenes: Elegías(1908-1910), Olvidanzas (1909), La soledad sonora(1911), Poemas mágicos y dolientes (1911), Melancolía(1912) y Laberinto (1913), así como el libro en prosaPlatero y yo (1914), tierna elegía a un borriquillo que se convirtió en uno de sus textos más célebres. De regreso a Madrid conoció a Zenobia Camprubí, española educada en Estados Unidos, con la que se casó en Nueva York en 1916. La vitalidad y las constantes atenciones de Zenobia influyeron decisivamente en el nuevo rumbo que adoptó su trayectoria poética.

Tanto en los Sonetos espirituales (1914) como enEstío (1916) se anunciaba un cambio formal que culminó en el Diario de un poeta recién casado (1917), escrito casi en su totalidad durante la travesía del Atlántico. Según declaró el autor, el constante movimiento de las olas le transmitió la obsesión por el ritmo y lo llevó a abandonar las estructuras estróficas tradicionales, y a cultivar el verso libre. Al mismo tiempo, la ornamentación modernista desapareció en favor de un lenguaje sobrio y desnudo, que huyó de la vaguedad y aspiró a la precisión absoluta.

Muestra de ello son las composiciones de Eternidades(1918), Piedra y cielo (1919), Poesía (1923) y Belleza(1923), donde eliminó todo aquello que no tendiese a la esencia poética y a la plenitud espiritual y estética. El autor intentó llevar al ámbito de la prosa las conquistas obtenidas en sus versos y escribió la serie de retratos líricos que integraron el libro Españoles de tres mundos (1942), aparecido en su mayor parte en la revista Índice.

Paralelamente, incitado por un afán de depuración máxima, sometió su obra a una permanente revisión. Fruto de esta inquietud son las colecciones de textosUnidad (1925), Obra en marcha (1928), Sucesión(1932), Presente (1933) y Hojas sueltas (1935), que incluyeron páginas susceptibles de ser reelaboradas con posterioridad.

Tras la publicación de Cántico (1935), el estallido de la Guerra Civil interrumpió la labor creadora del poeta, que fue nombrado agregado cultural en Washington. Después de vivir en Estados Unidos y Cuba se instaló en Puerto Rico, donde enseñó en la universidad y se dedicó a retocar gran parte de su obra. A esta última época pertenecen los libros La estación total (1946),Romances de Coral Gables (1948) y Animal de fondo(1949), en los que la búsqueda de la belleza total se plasmó a través de una visión intelectualista y metafísica, en función de la cual su poesía se transformó en un "dios deseante y deseado", con conciencia de la divinidad y con manifestación inefable de lo eterno. Juan Ramón Jiménez fue galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1956.

El éxito del fracaso por Merlina Meiler

Sí, es más común de lo que se supone que un fracaso sea la antesala de un éxito rotundo.

Los errores pueden fomentar la innovación y dar lugar a un panorama mucho más positivo que el vislumbrado preliminarmente.

Este es un extracto de un artículo escrito por Sebastián Campanario para La Nación.

Un joven veinteañero entra con una sonrisa a su casa y les grita a sus padres: “Mamá, papá: fracasé. La carrera que elegí es un desastre”. Sus padres se miran, sonríen y lo abrazan: “Estamos orgullosos de vos”.

Aunque exagerada, la escena podría servir para un comercial de uno de los mantras que vienen ganando protagonismo en el terreno de la creatividad: el de la “puesta en valor” de los errores, como un mecanismo de aprendizaje y superación. Los libros sobre “el éxito del fracaso” se acumulan, están apareciendo cátedras en escuelas de negocios sobre este tema, hay teorías evolutivas al respecto y uno de los modelos para nuevos emprendimientos de moda, el Lean Startup, tiene a los errores -cuanto más rápidos y a bajo costo, mejor- como piedra angular para llegar a buen puerto.

“El primer paso es admitir que uno, por lo general, está equivocado, y eso es más difícil de lo que parece”, cuenta a la nacion Alexis Caporale, un ex estudiante de ingeniería química de 24 años que en 2010 fundó junto a su hermana la compañía Bixti, una tienda online de productos de artesanos y diseñadores independientes que en 2012 se vendió a la brasileña Elo7. “En Bixti tuvimos muchos fracasos”, dice Caporale, que aplicó la metodología Lean a su emprendimiento.

“La forma de trabajo Lean tiene un verbo clave: iterar. Esto significa modificar una de las variables de la ecuación en forma controlada para ver cómo impacta en el resultado, o sea, ir cambiando una cosa por vez -no todo de una- para poder ir validando la hipótesis a través de información clara y no depender de subjetividades”, explica el joven empresario, que además da clases de Emprendimientos en Ingeniería de la UBA, forma parte de Trimaker, un proyecto que desde la Argentina hace impresoras 3D para todo el mundo, y es el referente para temas de energía del Instituto Baikal.

En un reciente libro aún no traducido al castellano, The Up Side of Down (El lado bueno de las caídas), Megan McArdle rastrea los orígenes evolutivos de la intolerancia al error. “Miles de años atrás, en una sociedad de cazadores y recolectores, los fracasos se olvidaban rápido, por una cuestión de supervivencia. El nacimiento y desarrollo de la agricultura promovió un énfasis en la responsabilidad personal: aquellos que trabajaban menos o lo hacían en forma deficiente debían sufrir algún tipo de castigo”, explica McArdle. La autora destaca que todo el sistema educativo y laboral de los siglos siguientes se construyó aumentando el miedo y la aversión a cometer errores. “La escuela no debería perseguir la perfección en las pruebas y exámenes, sino fomentar la experimentación y la resiliencia ante fracasos”, sostiene.

GENIOS CREATIVOS

Los estudios sobre “genios creativos” muestran que la tasa de éxitos está correlacionada con un alto número de fracasos previos. Orson Welles comenzó a filmar El otro lado del viento en 1970, la siguió modificando hasta su muerte, en 1985, y la película jamás se estrenó. Axl Rose invirtió 15 años en arreglar la canción “Chinese Democracy”, que mostró recién en 2008, cuando varios de los miembros originales de Guns N’ Roses ya se habían retirado de la banda. Las biografías de varios de los escritores más exitosos del último siglo, como Stephen King, John Grisham o J.K. Rowling están repletas de fracasos estrepitosos que se suceden una y otra vez. Thomas Alva Edison, la quintaesencia del inventor e innovador, pasó mucho más tiempo de su vida intentando lograr un método para separar metales -sin éxito- que con la lamparita. Edison, que acumuló más de mil patentes en su vida -un invento cada 15 días- fue un fracaso en la escuela primaria: sus profesores lo consideraban “estéril e improductivo”.

En el mundo corporativo, la aversión a los errores suele provocar estragos sobre los procesos de decisión, y mucho más sobre la innovación. Por eso, hay compañías que están creando “premios al error del año”, o fomentando prácticas como repartir al principio de cada ciclo una o dos cartas que sirvan para obtener un “perdón” si una determinada iniciativa no sirve, sin costos personales. Así, en las evaluaciones de fin de año, se restan puntos si no se utilizan, ya que se considera que no hubo toma de riesgos.

“Muchos altos gerentes sueñan con convertirse en millonarios con un proyecto personal para abandonar la carrera corporativa. Pero la mayor parte de ellos nacieron y se desarrollaron en una empresa grande, con lo cual no tienen ni la menor idea de cómo gestionar un emprendimiento propio. En estos casos, sirve la metodología Lean Startup, para darse cuenta de si una idea es buena o no, a bajo costo y sin echar a perder el camino ya recorrido”, explica Andrés Hatum, director del Centro de Investigación Grupo RHUO del IAE Business School y autor de Yrrupción (Temas).

“Hoy en día, en nuestra cultura, el fracaso es prácticamente la muerte civil, por eso los proyectos se estiran hasta el infinito, cuando en realidad lo lógico o más eficiente sería aceptar la caída, aprender y empezar de nuevo”, cuenta ahora Mariano Mayer, director de Emprendedores de la CABA.

Mayer cree que, “si no se logra este cambio cultural, es muy difícil que la gente se anime y se arriesgue a emprender e innovar. Quizá debiéramos empezar por hablar no tanto de fracaso sino de falla, de error”. O filmar un comercial como el del primer párrafo de esta nota, para quitarle dramatismo a la situación.