miércoles, 21 de mayo de 2014

Una feliz oportunidad

Sentir que la vida es una feliz oportunidad. Expresar siempre pensamientos positivos y constructivos, presuponer siempre que podemos salir adelante en lo que nos propongamos.

Manteniendo esta actitud pondremos en juego la ley de atracción por afinidad y sólo traeremos cosas buenas y positivas a nuestra vida. Si lo aplicamos con constancia y regularidad, lograremos el milagro de nuestra propia realización. Fijarnos ideales en nuestra conciencia y repetirlos… hasta que se hagan carne en el inconsciente y sean parte integral de nuestra manera de ser, de actuar y de pensar.

Fuente: Oasis

Biografía de Alberto Durero

(Albrecht Dürer; Nuremberg, actual Alemania, 1471-id., 1528) Pintor y grabador alemán. Fue sin duda la figura más importante del Renacimiento en Europa septentrional, donde ejerció una enorme influencia como transmisor de las ideas y el estilo renacentistas, a través de sus grabados. Se formó en una escuela latina y recibió conocimientos sobre pintura y grabado a través de su padre, orfebre, y de Michael Wolgemut, el pintor más destacado de su ciudad natal.


Como era habitual en la época, al concluir sus estudios realizó un viaje, que lo llevó a diversas ciudades de Alemania y a Venecia (1494), ciudad a la que regresaría entre 1505 y 1507 y en la cual recibiría las influencias de Mantegna y Giovanni Bellini, además de asimilar los principios del humanismo. Previamente había contraído matrimonio y abierto un taller en su Nuremberg natal, donde se dedicó a la pintura (Retablo Paumgärtner) y sobre todo al grabado.

A esta época pertenecen las series de grabados El Apocalipsis, La Gran Pasión y la Vida de la Virgen, convencionales en cuanto a temática pero revolucionarios por lo que se refiere a su concepción y su complejidad técnica. Las figuras, plenas de expresividad, son esculturales y están definidas por una multitud de detalles. La minuciosidad es precisamente uno de los rasgos destacados del estilo de Durero, carácter que es probable que heredara del oficio paterno.

Después de su segunda estancia en Italia, pintó algunas obras de grandes dimensiones como El martirio de los diez mil, en las que incorporó la riqueza del colorismo veneciano en composiciones de gran dinamismo y repletas de figuras. También por entonces pintó las figuras de tamaño natural de Adán y Eva, pieza clave de su creación artística.

Adán y Eva (1507), de Durero
Tal era su fama que fue nombrado pintor de corte del emperador Maximiliano I (1512); también Carlos I lo reclamó. De Maximiliano realizó retratos de carácter, animados por la riqueza y variedad de las texturas, que rivalizan en perfección con los Autorretratos, quizá lo más conocido de su obra pictórica. Alberto Durero gustó de retratarse a sí mismo desde la temprana edad de trece años y mantuvo siempre esta costumbre, reflejo del nuevo interés renacentista por el hombre, y en especial el artista.

Sin embargo, son los grabados las realizaciones en que dio una muestra más cabal de su genio; destacan los de 1513-1514, sobre temas imaginativos y que permiten varios niveles interpretativos: El caballero, la muerte y el diablo, San Jerónimo en su estudio y la triste Melancolía I, su obra cumbre como grabador, que constituye una compleja alegoría sobre las dificultades con que tropieza el artista en la realización de su obra creativa.

Durante los últimos años de su vida, Durero se centró en la ejecución de un retablo para su ciudad natal:Los cuatro apóstoles. Esta obra, de grandes dimensiones e intenso colorido, refleja el trabajo de toda una vida, en particular los numerosos estudios que había hecho sobre las proporciones y la monumentalidad de la figura humana.

Se recuerdan también como obras de un maestro algunos de sus dibujos de plantas y animales, así como las acuarelas pintadas por puro placer a partir de paisajes que había contemplado durante sus viajes, y los dibujos de gentes y lugares de los Países Bajos, que constituyen un testimonio histórico inapreciable. Erasmo de Rotterdam le dedicó la mejor alabanza que un humanista podía hacer de un pintor, al definirlo como el «Apeles de las líneas negras».

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Biografía de Mary Anning

La vida de Mary Anning ha sido el tema de muchos libros y artículos. Y sin embargo muy pocos conocen el aporte que ha hecho a la paleontología como disciplina científica. ¿Cómo es posible que alguien considerada “la más grande descubridora de fósiles” sea tan desconocida incluso entre muchos paleontólogos?

Nació de Richard y Mary Anning en Lyme Regis, en el sur de Inglaterra, una costa que aún contiene fósiles del período jurásico. Richard y Mary tuvieron diez hijos, de los que sólo sobrevivieron dos, Mary y Joseph. Su padre, de profesión ebanista, murió en 1810 y dejó a su familia endeudada aunque les dejó el amor por su pasatiempo: la búsqueda de fósiles, una tarea peligrosa en la que sus hijos siempre lo acompañaban. Mary caminaba y se metía debajo de precipicios precarios cuando bajaba la marea para buscar fósiles que se soltaban de las rocas y luego venderlos. La familia Anning vivió en la pobreza y el anonimato, vendiendo fósiles en Lyme Regis hasta 1820, cuando el coleccionista de fósiles Thomas Birch los conoció y quiso ayudarlos en su difícil situación económica. Organizó una subasta y vendió todos sus fósiles para donar lo recaudado a la familia Anning ya que no podía creer que estuvieran en tan difícil situación económica “habiendo entregado siempre todos los fósiles que han descubierto para su estudio científico…”. A partir de 1820, Mary pasó a ser, con su mirada observadora, la más experta anatomista dentro de la familia. Joseph pronto se dedicó a la tapicería y dejó a Mary al frente del negocio.
A Mary Anning se le atribuye el descubrimiento de la mayor cantidad de fósiles del primer ictiosaurio que se conoce en la comunidad científica de Londres. Los fósiles que Mary encontró no sólo tenían inmenso valor para los museos y científicos, sino también para los nobles europeos que tenían colecciones increíbles de fósiles y “curiosidades”.

El descubrimiento más importante de Mary, desde el punto de vista científico, fue el del primer plesiosaurio. El famoso anatomista francés, George Cuvier, dudó de la validez del espécimen al examinar un dibujo detallado por primera vez. Pero una vez que confirmó su legitimidad, los Anning ganaron el respeto de la comunidad científica. A pesar de este reconocimiento, la mayoría de los descubrimientos de Mary terminaron en museos y colecciones personales sin que se le adjudicara el mérito de haber descubierto los fósiles. 

Con el correr del tiempo, la comunidad científica olvidó a Mary Anning y a su familia debido a la falta de documentación histórica. Parte de esta “distracción” y la falta de mención de su contribución a la paleontología se debió a su condición social y su género. Muchos años antes de que Charles Darwin publicara El orígen de las especies, se desprende de las cartas de Mary Anning que ella ya tenía una teoría parecida. Los científicos de la época no podían creer que una joven de un estrato social carenciado pudiera tener el conocimiento y la capacidad que ella mostraba. En 1824, Lady Harriet Sivester, viuda del escribano registrador de Londres, escribió en su diario luego de visitar a Mary Anning:
“. . .es extraordinario que esta joven conozca la ciencia que rodea a cada descubrimiento…Es un favor divino que esta pobre niña ignorante reciba esta bendición, ya que por medio del estudio minucioso ha llegado a tener tal conocimiento que habitualmente escribe y conversa con profesores y otros hombres sabios sobre el tema. Todos admiten que ella entiende más sobre esta ciencia que ninguna otra persona en el reino.”

Sus descubrimientos fueron fundamentales para la reconstrucción del pasado de la vida y su historia. En los últimos diez años recibió una renta vitalicia por sus contribuciones, y sin embargo la Sociedad Geológica de Londres no admitió la inclusión de mujeres hasta 1904. Al morir su madre, Mary vivió sola y se dijo erróneamente que se dio a la bebida, cuando en realidad tomaba grandes dosis de láudano para aplacar el dolor del cáncer de mama que terminó con su vida en 1847. Al morir, científicos e historiadores simplemente la borraron de sus libros y acreditaron a los naturalistas que compraron sus especímenes como los descubridores. No era apropiado adjudicar tan importante y pionera labor a una mujer que además era de clase trabajadora.

“El mundo me ha utilizado con tan poca consideración
que me ha hecho sospechar de la humanidad en general.”M.A.

“Siempre disfruto de una buena discusión
con los grandes.” M.A.

Fuente:

Biografía de Henri Julien Félix Rousseau

(Henri Julien Félix Rousseau, llamado el Aduanero; Laval, Francia, 1844 - París, 1910) Pintor francés. Por sus humildes orígenes no pudo recibir una formación artística y no se dedicó a la pintura hasta 1893, por lo que se le considera autodidacta. Su peculiar pintura figurativa, que combina la ingenuidad formal con la sofisticación temática y compositiva, constituye un caso único en el marco de las experiencias innovadoras de su época. Después de unas primeras obras (paisajes y naturalezas muertas) en las que describe minuciosamente la realidad eliminando por completo la perspectiva, Henri Rousseau pasó a colocar sus figuras en un espacio bidimensional de ambiente mítico, como es el caso en La cabalgata de la desolación. Sin embargo, sus obras más interesantes son aquellas que representan un mundo exótico, lleno de visiones oníricas, a menudo ambientadas en la jungla. En esta línea se inscribe sobre todo el famoso cuadro La encantadora de serpientes (1907). Su obra ejerció una destacada influencia en la pintura naif.


La misteriosa poesía y la sencilla técnica de los cuadros de Henri Rousseau, ambientados con frecuencia en escenarios exóticos, hicieron de él el prototipo del llamado artista naif o ingenuista. En la década de 1890 su obra fue objeto de la atención de Degas y Gauguin, entre otros; más tarde sería celebrado por los cubistas como uno de los innovadores de la pintura europea de finales del siglo XIX.

De origen humilde, durante su juventud pasó cuatro años en el ejército, y en 1871 se estableció con su esposa en París como empleado de los arbitrios (oficinas fiscales) municipales, lo que daría origen a su sobrenombre. Apasionado por la pintura pese a su carencia de formación técnica, en 1886 presentó en el Salón de los Independientes su primer cuadro conocido, El carnaval de los animales, que pasó inadvertido y que mostraba ya su tendencia a la representación detallista (producto de su admiración por el arte académico) y al empleo de colores intensos y sutilmente modulados, que serían rasgos característicos de toda su obra.

En 1893 Rousseau, aunque ignorado o ridiculizado por los críticos, abandonó su trabajo para dedicarse plenamente a la pintura. Vivió de una pequeña pensión y de los retratos que pintaba a sus vecinos, y fundó una pequeña escuela donde enseñaba arte y música. Formalmente carecía de instrucción artística, pero con trabajo metódico y tenaz llegó a dominar la técnica del óleo. Admiraba el formalismo de la pintura academicista, pero su propia obra se caracteriza ante todo por la ingenuidad, el calor humano y la percepción poética.

Pronto obtuvo cierto reconocimiento en los círculos artísticos de vanguardia gracias a obras como La guerra (1894), alegoría de gran fuerza expresiva, y La gitana dormida (1897), cuyo paisaje desolado e irreal, interrumpido sólo por las figuras de una joven yacente y un león situado junto a ella, fue una de las primeras muestras de su capacidad para crear mundos de un onírico lirismo. Admirado por artistas de la talla de Pablo Picasso y el escritor Guillaume Apollinaire, que apreciaban su talante a un tiempo ingenuo y orgulloso, Rousseau creó desde 1905 una serie de extraordinarias escenas selváticas (El león hambriento, La encantadora de serpientes, El sueño de Yadivigha) cuya apelación a un perdido paraíso natural influyó no sólo en el arte naif, sino en numerosas corrientes imaginativas de la pintura posterior.

La gitana dormida (1897)
Dentro de la serie de pinturas sobre la jungla, La encantadora de serpientes (1907) es una excelente muestra del estilo de Rousseau, antirrealista y evocador de espacios y situaciones entresacados de la infancia y de los sueños. En esta tela, la figura principal se presenta oscurecida, lo que incrementa su misterio, tocando una flauta a cuyo son parecen acudir los animales, además de las serpientes mencionadas en el título. El marco que sirve de fondo a la escena se presenta ricamente ornado por una abundante y variada vegetación, más fabulosa que real. El cuadro fue pintado a partir de la narración de un viaje a la India que le hizo la madre del pintor Delaunay.

Tomada en su conjunto, los temas de la obra de Henri Rousseau van desde los barrios pequeño burgueses de París a las flores, pasando por imágenes de sueños simbólicos y paisajes de fantasía. Sus imaginarios animales y extrañas flores están inspirados en estudios hechos en los jardines botánicos y zoológicos, y posiblemente también por un viaje a México que realizó en su juventud, aunque actualmente se tiende a pensar que tal viaje no es más que una leyenda. Los colores de sus cuadros son intensos y elementales, y el dibujo está simplificado hasta el punto de recordar las producciones infantiles.

No obstante, este acercamiento al arte del pueblo está teñido de una paradójica sofisticación, y las composiciones (que tienen cierta similitud a veces con las de Marc Chagall, otro artista empeñado artificialmente en alcanzar una expresión de apariencia espontánea) poseen una vigorosa carga romántica. Uno de sus paisajes, El sueño, tuvo su interpretación poética en un poema del escritor y crítico Apollinaire, que al igual que Picasso y otros, apoyaron a Rousseau y lanzaron su obra.

El interés del público europeo por el arte primitivo de finales del siglo XIX allanó el camino para la pintura ineducada y poética de Rousseau. Su obra halló pleno reconocimiento ya antes de su muerte, y actualmente el Aduanero está considerado como uno de los principales representantes de la pintura naif y de las tendencias neoprimitivistas. Sus motivos alegóricos y simbólicos señalan también el camino del surrealismo.

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