lunes, 19 de mayo de 2014

Biografía de Ana Bolena

(Rochford Hall, 1507 - Londres, 1536). Noble inglesa, reina de Inglaterra tras casarse con Enrique VIII. El matrimonio, que apenas duró tres años, acabó con la trágica muerte de Ana a causa de los intereses dinásticos de su esposo: su boda con Enrique no consiguió satisfacer la imperiosa necesidad de proporcionar al rey un heredero varón que perpetuara la dinastía en el trono. El matrimonio provocaría, en cambio, la ruptura de la monarquía inglesa con el catolicismo romano y la fundación de la Iglesia anglicana.


Ana Bolena (o Boleyn) nació hacia 1507, con toda probabilidad en Rochford Hall, condado de Essex. Era hija de sir Thomas Boleyn, posteriormente vizconde de Rochford y conde de Wiltshire y Ormonde, y de Isabel Howard, hija del conde de Norfolk. Pertenecía, pues, a una de las familias más influyentes de la nobleza inglesa. Buena parte de su infancia transcurrió en Francia, en la refinada corte del rey Francisco I, donde recibió una esmerada educación áulica.

A su regreso a Inglaterra en 1522, ocupó el lugar que por su rango le correspondía en la corte como dama de la reina Catalina de Aragón, primera esposa de Enrique VIII e hija menor de los Reyes Católicos. Su atractivo impresionó a la corte y pronto Ana se vio rodeada de un cerco de admiradores. Entre ellos se contaban lord Henry Percy, heredero del condado de Northumberland, y el propio rey, que cubrió de títulos y posesiones al padre de Ana para tratar de obstaculizar el matrimonio de la joven con Percy. Finalmente, Enrique ordenó la intervención del cardenal Wolsey para impedir su boda.

Ana había aparecido en la corte inglesa cuando en ella se debatía el grave problema de la sucesión al trono. Catalina de Aragón había tenido dos hijos varones, que nacieron muertos, y una niña, María (la futura María I). La edad de la reina hacía prever la imposibilidad de nuevos alumbramientos con éxito. Pero Enrique VIII necesitaba a toda costa un hijo varón para dar continuidad a su dinastía, todavía no firmemente asentada en el trono inglés. El heredero se convirtió en una auténtica obsesión para el monarca, que llegaría a determinar, más que cualquier otro factor, tanto su vida privada como su política.

En 1527, cuando Catalina contaba 44 años, Enrique solicitó formalmente al papado la anulación de su matrimonio, argumentando para ello el hecho de que la reina era la viuda de su hermano Arturo, muerto cuando todavía era príncipe de Gales. Ya en este momento el monarca había comenzado una apasionada relación con Ana Bolena. Dos años después, tras un arduo tira y afloja diplomático, el papa Clemente VII se negó a conceder el divorcio, en gran medida a causa a las presiones del rey de España y emperador de Alemania, Carlos V, sobrino de Catalina de Aragón.

La negativa papal hacía imposible un matrimonio ulterior de Enrique y, por lo tanto, descartaba la posibilidad de tener herederos varones con derechos legítimos al trono, según el derecho canónico. Ello precipitó la crisis política entre Inglaterra y Roma, que culminó con la separación oficial de la Iglesia nacional inglesa de la jurisdicción papal y con la constitución de un nuevo culto, el anglicano, influido por la Reforma luterana. A pesar de que pocos años antes Enrique VIII había proclamado su adhesión inquebrantable al catolicismo, su deseo de conseguir un heredero le arrastró a romper los vínculos religiosos de su monarquía con el papado, causando una profunda conmoción en la Cristiandad, y a asumir las doctrinas más moderadas del luteranismo que él mismo había combatido tiempo atrás.

El 25 de enero de 1533, Enrique se casó secretamente con Ana Bolena, quien posiblemente estaba encinta. En abril, con la sanción de la nueva iglesia, de la que el propio rey se había erigido en cabeza, el recién nombrado arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, declaró la nulidad de pleno derecho del matrimonio con Catalina de Aragón. El día de Pentecostés de ese mismo año, Ana Bolena fue solemnemente coronada en la abadía de Westminster. En septiembre, la reina dio a luz a una niña, a la que se llamó Isabel (futura Isabel I).

En los años siguientes, el rey esperó con creciente impaciencia el nacimiento de un varón, al tiempo que perdía interés por su esposa. Ésta se había ganado la hostilidad de los miembros más influyentes de la corte debido a su carácter caprichoso y arrogante, lo que la dejó sin apoyos políticos cuando su matrimonio entró en crisis. La reina intentó apartar del afecto del rey a María, hija de Catalina de Aragón, a la que prohibió relacionarse con sus parientes (incluida su madre, a la que nunca volvió a ver), despojó del título de princesa y humilló al nombrarla dama de compañía de su hija Isabel. En 1534, Ana tuvo un aborto y, en enero de 1536, dio por fin a luz a un niño que, sin embargo, murió a las pocas horas, lo que significó su definitiva caída en desgracia.

En mayo de ese año, Enrique hizo explícito su rechazo a la reina abandonándola en el transcurso de un torneo en Greenwich. La crónica galante afirma (con escasos visos de realidad) que el monarca sucumbió a un ataque de celos cuando la reina entregó su premio a uno de los caballeros concursantes. Al día siguiente, Ana fue arrestada por orden del rey y encerrada en la Torre de Londres. Los cargos contra ella consistieron en una lista de acusaciones de adulterio con cinco hombres de la corte, incluido su propio hermano, lord Rochford.

Ana fue juzgada por una corte de pares de la que formaba parte su propio padre (sir Thomas Boleyn, hecho duque de Norfolk por Enrique VIII) y unánimemente condenada. Tras permanecer diecisiete días encarcelada, murió decapitada en la Torre de Londres el 19 de mayo de 1536. Según los testimonios contemporáneos, su comportamiento fue digno y calmo incluso en el patíbulo, a fin de preservar de la cólera regia a su hija Isabel.

Nunca se ha probado documentalmente la culpabilidad de Ana Bolena en los cargos que la llevaron a la muerte. Casi con toda probabilidad, la reina fue víctima de un complot urdido para eliminarla del trono cuando quedaron en evidencia sus escasas posibilidades de tener hijos varones. El consejero del rey, Thomas Cromwell, y el deseo del rey de casarse con su nueva amante, lady Jane Seymour, intervinieron también en la caída de Ana. El 30 de mayo de 1536, Enrique VIII contrajo matrimonio con Jane Seymour, que moriría dos años después al dar a luz al príncipe Eduardo.

El divorcio de Catalina de Aragón y la consiguiente ruptura con Roma, la decapitación de Ana Bolena y los sucesivos matrimonios de Enrique VIII hasta completar el número de seis (incluido el que contrajo con la luego también decapitada Catalina Howard) no sirvieron para garantizar la continuidad de la dinastía Tudor. El hijo de Jane Seymour, que reinó con el nombre de Eduardo VI, murió siendo todavía muy joven y sin dejar herederos. Ascendió entonces al trono la hija de Catalina de Aragón, la católica María I. Su muerte sin hijos en 1558 deparó la subida al trono de Isabel I, hija de Ana Bolena.

La nueva reina condenó a la dinastía Tudor a la desaparición, al negarse obstinadamente a contraer matrimonio. Sin duda, la terrible muerte de su madre y la personalidad tiránica de su padre influyeron en la soltería de la reina, que sus contemporáneos contemplaron con estupor y todavía hoy sigue provocando asombro en los historiadores, que a menudo la atribuyen falazmente a supuestos defectos físicos que habrían impedido a Isabel relacionarse sexualmente con varones.

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Biografía de Jacqueline Kennedy Onassis

Más que cualquier otra mujer en el siglo XX, Jacqueline Kennedy Onassis Lee Bouvier representa un ideal de la gracia femenina, la belleza, elegancia e inteligencia. Representante de la alta sociedad de la costa este de EE.UU., Jackie se convirtió en la musa de un mundo dividido, durante la Guerra Fría, al llegar a la Casa Blanca con su marido John F Kennedy.

Nombre: Jacqueline Kennedy
Nace: 28-07-1929
En: Nueva York, Estados Unidos
Muere: 19-05-1994 En: Nueva York

Jacqueline Lee Bouvier nació en Southampton, Nueva York. Era hija de un corredor de bolsa de origen francés, John Vernon Bouvier III, y de Janet Norton Lee, hija de un presidente de banco. Se educó en las mejores escuelas privadas, estudió ballet, aprendió muy pronto a montar a caballo y escribía poemas y cuentos que ilustraba ella misma.

En 1942 luego de la separación de sus padres comenzó a trabajar de fotógrafa en Washington, donde tuvo la oportunidad de conocer a muchos políticos, entre ellos a su futuro marido, John Fitgerald Kennedy. Su boda fue en 1953 y tuvo una dedicación total al cuidado de su familia.

Ya como primera dama del presidente mas joven y católico de la historia de EE.UU., dedicó mucho tiempo y esfuerzo a hacer de la Casa Blanca un museo de historia americana y de las artes decorativas, así como una residencia familiar llena de elegancia y de encanto.

En 1963 su marido es asesinado en Dallas y se transformó en la viuda de una nación entera y fue el símbolo mundial del testimonio del asesinato de su marido. En la condición de primera dama , sorprendió a todos al casarse con el magnate Aristóteles Onassis, uno de los hombres más ricos del mundo, para demostrar su independencia. Protagonista de las mas trágicas circunstancias y la maravillosa historia de superación, Jackie, dueña de un encanto incomparable y aplomo, fue una de las mujeres más notables de su tiempo. Jacqueline también se casó por última vez y estaba contenta con el millonario judío Maurice Tempelsman, un experto en finanzas, y que ayudó a multiplicar la riqueza de Jacqueline, hasta su muerte.

Con Jonhn tuvo dos hijos, y dos abortos involuntarios. Caroline, fue su hija única y en los finales de 1990 su hijo John-John murió con la hermana de su esposa en un accidente de aéreo, en donde el piloteaba la nave. Jackie se casó con John edad 24, él era un senador, su profesión jornalista. Jackie siempre supo del gusto por las mujeres de John, sus amores, sus amantes, pero fue fiel a él hasta ese fatídico día en Dallas, Texas, donde todavía tuvo en sus manos fragmentos del cerebro desgarrado de John. Jackie siempre soportó todo, con mucha calma y diginidad.

En un viaje a París la presencia de Jackie era tan impresionante que nadie le prestó mucha atención al presidente Kennedy, y él dijo esa famosa frase. "Yo soy el hombre que vino a Francia Jacqueline".

Hoy es un mito, un modelo de mujer maravillosa con personalidad cautivamente , en la que todas las demás mujeres la han imitado usando sus cortes de vestidos, peinados y perfumes. Era una mujer grandiosa, descendiente de franceses, que hablaba cuatro idiomas frecuentemente. Le encantaba leer también, y disfrutaba de las obras de filósofos, gobernadores electos, y pensadores políticos. A los 18 años era un joven sumamente culta , que lo sabía todo acerca de cualquier cosa. John Kennedy se enamoró profundamente y se casó con ella.

PARA SABER MAS SOBRE JAQUELINE...

BIOGRAFÍA DE JAQUELINE BOUVIER KENNEDY ONASSIS

Jacqueline nació en el hospital de Southampton (en el Estado de Nueva York) el 28 de julio de 1929. Los Bouvier, familia de origen francés, radicada en Estados Unidos desde 1815, podían contar con otro miembro genuinamente americano.

A los siete años, Jackie fue matriculada en un importante colegio privado, Choping School, donde destacó pronto entre las demás alumnas. Y, recogiendo una herencia familiar, el amor a la literatura y a la hípica, mostró desde muy niña un ferviente interés por ambas cosas.Cuando sólo contaba diez años de edad escribió su primer libro: «La alegre marina», una serie de cuentos en los que dejaba constancia de su entusiasmo por el mar.

Para completar la refinada educación que para ella deseaba su familia, Jacqueline permaneció dos años en la Maltón Arms School, de Washington, y de allí pasó a una escuela para señoritas de la alta sociedad, en Farnington, Connecticut, para estudiar idiomas y literatura. Pero había otras actividades que también le gustaban a la joven Bouvier, como el dibujo, y cuenta su hermana Lee que solía diseñar vestidos para las muñecas.

A los dieciocho años, en el verano de 1947, Jackie fue presentada en sociedad, con la satisfacción de su madre, Janob, muy integrada en las altas esferas gracias a su matrimonio con un ejecutivo de las finanzas, Aucincloss.

Tras el fracaso con su primer marido, John Vernou III, hombre aficionado a! juego y a la bebida, la ex señora Bouvier logró una boda ventajosa y eso mismo deseaba para sus hijas. Lee se casó con el príncipe de Radziwill y en cuanto a Jackie, su cuenta bancaria da una idea del potencial económico de sus maridos. La señora Janet Lee, casada en terceras nupcias con un banquero neoyorkino, ha sido una buena maestra. Sus hijas han aprendido, sobradamente, el valor del dinero.

Pero volvamos a los años jóvenes de Jackie, cuando sólo era la señorita Bouvier. Amplió sus estudios en el colegio Vassar, distante de Nueva York unos 140 kilómetros, y, durante el verano de 1948, realizó un viaje por Europa, recorriendo Londres, París, Florencia, Ve-necia y Lucerna. Al año siguiente, se unió a un grupo de estudiantes del colegio Smith y volvió a Francia. Primero fue a Grenoble y más tarde a París —a la Sorbona—, donde estudió Filología francesa y Periodismo.

Se había convertido Jacqueline en una chica independiente, activa. No era excesivamente bella. Sin embargo, tenía un aire personal, distinto, y poseía unos rasgos que posteriormente se acentuarían; por ejemplo, su criticado aire altivo.

En 1951, la revista «Yogue» organizó un concurso periodístico en el que los participantes debían escribir sobre un personaje que les hubiera gustado conocer y entrevistar. Jacqueline no dudó en mandar su artículo, sobre el escritor inglés Osear Wilde, y ganó el premio.
Ese mismo año, regresó a Norteamérica y le dieron trabajo como reportera gráfica en el «Washington Times Herald» (ahora desglosado en dos periódicos: «Washington Post» y «Times Herald»). Precisamente, a través del ejercicio del periodismo conocería Jackie a su primer esposo, John F. Kennedy.

Según contó la propia Jackie a la misma revista, se conocieron durante una recepción en Washington. «Su modo de cortejarme fue bastante original: me llamaba desde un bar de Massachusetts, por ejemplo, entre un gran ruido de vasos y de monedas sobre el mostrador, para invitarme al cine a la semana siguiente... Descubrimos inmediatamente que ambos teníamos un espíritu curioso y esto sirvió para acercarnos. En su compañía me sentía llena de vida y de alegría, me parecía imposible que entre nosotros surgiera el menor desacuerdo. No le intimidaba nada... Era refinado, atento... Aunque ambos teníamos un carácter tan independiente que no se me ocultaban las dificultades de nuestro matrimonio, pero tenía clara una cosa, haría lo imposible por no perderlo.»

El 25 de junio de 1953 quedó sellado el compromiso entre John y Jacqueline. Y, tras unas primeras tomas de contacto de ella con la familia Kennedy, el 12 de septiembre de ese mismo año se celebró el matrimonio. El escenario fue la basílica de Santa María de Newport, en Rhode Island, y el cardenal arzobispo de Boston les dio la bendición.

Los novios, con aspecto juvenil, tímidamente cogidos de la mano, salieron de la iglesia ante una gran multitud, vigilada por la policía. John, delgado, con el pelo muy corto, vestía de chaqué y lucía un clavel blanco en el ojal, 'como sus amigos, hermanos y testigos. Y Jacqueline, lucía un vestido tipo Sissi, de cintura estrecha y gran vuelo abajo, con manga corta y amplio escote, en el que destacaba un ceñido collar de perlas. Llevaba guantes blancos y, sobre el pelo corto y moldeado, un largo velo de tul. Su ramo de novia era de rosas blancas.

Jackie y John pasaron una idílica luna de miel en México, y ella conservó tan grato recuerdo de Acapulco que, ya en la Casa Blanca, se lo recomendó a su marido para que celebrara una convención.

Amante de la vida familiar, John se portó como un padrazo con los hijos: Carolina (nacida en noviembre de 1957. Hoy con inquietudes periodísticas y literarias también) y John-John (nacido el 26 de noviembre de 1960). Y sufrió como Jacqueline la muerte de su tercer hijo, Patrick (hubo antes de Carolina otras dos maternidades frustradas). Este hecho, ocurrido en tanto el rostro de Jackie, del que tardó en desaparecer la mirada triste, pues el mismo año (el 22 de noviembre) le deparó un nuevo drama: el asesinato de su marido.

John F. Kennedy, el primer católico que llegó a Presidente de los Estados Unidos, fue asesinado en Dallas. El suceso hizo correr ríos de tinta. Miles de reportajes, cientos de libros y varias decenas de películas especularon con las causas y los verdaderos autores (decían que Oswald no fue solo, que el FBI y la CIA ocultaron datos). Y, años después, aún no se ha esclarecido.

Jackie dejó la Casa Blanca, cuya restauración y decoración había dirigido entre 1961 y 1963, y marchó con sus hijos a un lujoso apartamento en la Quinta Avenida de Nueva York. Fue. durante un tiempo prudencial, la sentida viuda del Presidente. Pero la alta sociedad neoyorquina no tardó en querer casarla. «She» (ella, bastaba el pronombre para nombrarla) no podía ser la viuda eterna y, por eso. en cada acompañante le veían un romance.

Pero ella —se lo tenía muy callado— sorprendió a la opinión pública mundial con una boda sorpresa en la que otro hombre poderoso iba a ser protagonista.


Fuente:
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Biografía de Thomas Edward Lawrence (Lawrence de Arabia)

(Thomas Edward Lawrence; Tremadoc, Reino Unido, 1888-Moreton, id., 1935) Escritor y militar británico. Hijo ilegítimo de un aristócrata, creció bajo la influencia de una madre dominante. Estudió lenguas clásicas y arqueología en Oxford y viajó por Francia, donde las fortalezas medievales despertaron su interés por las Cruzadas y las culturas del Próximo Oriente; con este destino partió en 1910 en una expedición arqueológica con el equipo del Museo Británico.


Recorrió en bicicleta Siria, Líbano, Palestina y otros puntos de Mesopotamia, lo cual le permitió conocer los pueblos y la lengua árabes. En el yacimiento de Carchemish conoció a Sheik Ahmed, un muchacho de quince años con quien se quedó a vivir, para escándalo de los nativos que trabajaban en la excavación. En 1914, poco antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, entró en la Sinai Survey, compañía topográfica dirigida por lord Kitchener, que era en realidad una tapadera del espionaje militar británico, a cuya oficina de El Cairo fue trasladado al cabo de unos meses.

Trabajaba en ella cuando dos años más tarde se le encomendó la misión que le abriría las puertas de la leyenda. Fue enviado a la ciudad de Jidda para que convenciera al rey Hussein de que generalizara la revuelta árabe que tímidamente habían comenzado sus hijos Abdullah y Feisal contra los turcos. La corriente de simpatía mutua que se estableció entre él y el emir Feisal fue decisiva para el éxito de su cometido, el cual implicó la ardua tarea de coordinar a las ariscas tribus beduinas.

Ascendido a coronel, participó en las operaciones militares árabes, durante las cuales resultó herido varias veces e incluso fue apresado, torturado y vejado por un bey otomano, sin que en la ocasión llegara a revelar su identidad. Transmitió a los árabes la idea de unidad nacional, al mismo tiempo que apoyaba las acciones del general Allenby: ataque a la línea férrea Damasco-Medina y toma, en julio de 1917, del estratégico puerto de Akaba.

Durante el invierno siguiente, Lawrence y los árabes mantuvieron las acciones de apoyo del flanco derecho del ejército de Allenby en Palestina hasta que, el 1 de octubre de 1918, entraron con el general británico en Damasco. Poco después, comprobó que su idea de crear una federación árabe ligada al Reino Unido había quedado abortada dos años antes, merced al tratado Sykes-Picot, por el cual su país cedía a Francia un mandato sobre Siria, reparto que se confirmó en el tratado de paz de Versalles de 1919.

Aunque profundamente decepcionado, en 1921 aceptó un cargo en la Oficina de Colonias como consejero de Churchill, a quien asesoró en asuntos árabes y acompañó a Egipto y Palestina. En este cometido, medió entre árabes y judíos y al mismo tiempo contribuyó a consolidar políticamente a Abdullah, hermano de su amigo Feisal, como rey de Transjordania. Poco más tarde decidió retirarse y, rechazando las condecoraciones que quiso concederle Jorge V, se alistó en la RAF bajo el nombre de John Hume Ross.

Descubierta su nueva identidad, en 1923 se enroló, también con nombre falso, en una unidad acorazada. Durante dos años sirvió como soldado raso en la India, antes de reingresar en la RAF como mecánico. Sus vivencias en el desierto las recogió en Los siete pilares de la sabiduría (The Seven Pillars of Wisdom, 1926). Póstumamente se editaron La mina (The mint, 1936) y una recopilación de sus Cartas. El 19 de mayo de 1935 falleció en un accidente de motocicleta al intentar esquivar a dos ciclistas. Sólo Churchill y unas pocas personas más, aparte de sus parientes próximos, supieron que el Thomas Shaw que había muerto en el hospital militar de Wool era el legendario Lawrence de Arabia.

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Energía por Merlina Meiler


Hay algo que está consumiendo tu energía y no sabes bien qué es.

Si te sientes agotado al final de cada jornada, te cuesta ponerte en marcha por las mañanas o debido al cansancio dejas de hacer ciertas actividades que deberías o desearías realizar, esto significa que no logras manejar apropiadamente el caudal de fuerza con el que cuentas.

Una televisión consume la misma cantidad de electricidad si ves un noticiero, una película violenta, un documental apacible o una película que te llene el alma.

Con nosotros sucede algo parecido: insume la misma cantidad de energía enfermarnos o curarnos, contestar mal o contestar bien, hacer nuestro trabajo desganados o con la convicción interna de que nuestro granito de arena es importante para el todo. De hecho, en muchos casos lo negativo desgasta mucho más que lo positivo

IDEAS
Ya sabes que todo regresa a nosotros de un modo u otro: si le sonríes o le agradeces a quien te sirve un café en vez de ignorarlo, estarás generando la misma corriente hacia ti (de esa persona o de cualquier otra que encuentres a tu paso).

Si no te enganchas en discusiones estériles o reiterativas y, en su lugar, esperas el momento apropiado para mantener una conversación inteligente que pueda rendir frutos, estarás abriendo canales de comunicación que, de otro modo, estarían bloqueados.

Si aprendes a decir que NO a algunas cosas o personas (en vez de recurrir permanentemente al “sí fácil” para que te acepten o por la razón que fuera) hallarás dentro de ti una fuente de vigor que no creías que podía existir – completamente a tu disposición.

Es importante que tengas algo en cuenta: cuentas con una cantidad limitada de energía al día (¡que es mucha!) y tú decides en qué gastarla y en qué invertirla. ¡Manejarla adecuadamente para tu beneficio depende de ti!

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