viernes, 9 de mayo de 2014

Biografía de Friedrich von Schiller

(Friedrich o Federico Schiller; Marbach, Alemania, 1759 - Weimar, id., 1805) Poeta y dramaturgo alemán. Hijo de un cirujano militar, estudió medicina y derecho en la Escuela Militar de Stuttgart, en lugar de teología, tal como era su deseo. Sin tener en cuenta las prohibiciones de la disciplina militar, empezó a interesarse por la literatura protorromántica del «Sturm und Drang» y, en 1781, estrenó su primera pieza teatral, Los bandidos, drama antiautoritario que le supuso la deposición del cargo de cirujano mayor y la prohibición de escribir obras que pudieran atentar contra el orden social.


Obligado a abandonar Stuttgart, se dirigió primero a Mannheim (1782), donde representó obras de contenido republicano que ensalzaban la libertad y la fuerza de espíritu; más tarde, por temor a nuevas represalias, se trasladó a Leipzig. Durante este período de vida errante, fundó una revista y trabó amistad con una dama influyente, Charlotte von Kalb, que le brindó su protección.

Finalmente, se desplazó a Dresde, y se hospedó en casa del jurista Körner, admirador suyo, quien lo encaminó hacia una ideología y una estética menos exaltadas. Bajo esta influencia acabó su Don Carlos(1787), obra que marca la frontera entre su primera etapa revolucionaria y clasicista, caracterizada, sin embargo, por un clasicismo más próximo a Shakespeare que a la cultura grecolatina.

Según la crítica, su obra más lograda es la trilogía en verso Wallenstein (1776-1799), un drama en el cual los acontecimientos históricos adquieren una dimensión ideológica en los personajes que los protagonizan. Durante su estancia en casa de Körner escribió también su himno A la alegría (1775), incorporado por Beethoven a la novena sinfonía, en el que expresa su generoso e imperturbable idealismo.

En 1787 se dirigió a Weimar con el ánimo de conocer a Herder, Wielan y Goethe. Se dedicó entonces a la investigación histórica, y en 1789 obtuvo la cátedra de historia en la Universidad de Jena. Escribió algunos trabajos en los que expuso su concepción idealista de la historia, así como los poemas filosóficos Los dioses de Grecia (1788) y Los artistas(1789).

En 1790 se casó con Charlotte von Lengefeld, y un año más tarde obtuvo una pensión del duque de Holstein-Augustenburg, gracias a la cual pudo dedicarse al estudio de Kant, en cuya filosofía se refugió de las consecuencias reales de la Revolución Francesa, que con tanto ardor había defendido teóricamente. Fruto del estudio de la filosofía kantiana, publicó algunos tratados estéticos en los que, a su ideal de perfección moral, unió la busqueda de la belleza, según él, los dos valores que, asumidos individualmente, determinan los progresos y las transformaciones de la sociedad.

Dejando de lado sus investigaciones históricas y filosóficas, en 1794 fundó la revista Die Horen e inició una fructífera colaboración con Goethe. Su amistad se consolidó tras fijar su residencia en Weimar (1799), cuando ya habían fundado (1797) otra revista, Musenalmanach (Almanaque de las musas), en la que también colaboraba Wilhelm von Humboldt. En ella, Schiller y Goethe publicaron en colaboración la colección de epigramas Xenias (1797) y, un año más tarde, cada uno de ellos publicó por separado sus Baladas, inspiradas principalmente en la Antigüedad y la Edad Media.

Schiller dedicó los últimos años de su vida al teatro, el género en el que más refulgió su talento. En 1804 vio la luz la más popular de sus obras, Guillermo Tell, en la cual el amor y la glorificación de la libertad, ideal constante en el escritor, se manifiestan de la forma más armoniosa y eficaz. Falleció un año después sin haber podido dar cima a su tragedia más ambiciosa, Demetrio, sobre el hijo de Iván el Terrible, y que parecía preludiar un cambio de orientación en su obra.

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Biografía de Joseph Louis Gay-Lussac

(Saint-Léonard-de-Noblat, Francia, 1778-París, 1850) Físico francés. Se graduó en la École Polytechnique parisina en 1800. Abandonó una posterior ampliación de sus estudios tras aceptar la oferta de colaborador en el laboratorio de Claude-Louis Berthollet, bajo el patrocinio de Napoleón.


En 1802 observó que todos los gases se expanden una misma fracción de volumen para un mismo aumento en la temperatura, lo que reveló la existencia de un coeficiente de expansión térmica común que hizo posible la definición de una nueva escala de temperaturas, establecida con posterioridad por lord Kelvin.

En 1804 efectuó una ascensión en globo aerostático que le permitió corroborar que tanto el campo magnético terrestre como la composición química de la atmósfera permanecen constantes a partir de una determinada altura. En 1808, año en que contrajo matrimonio, enunció la ley de los volúmenes de combinación que lleva su nombre, según la cual los volúmenes de dos gases que reaccionan entre sí en idénticas condiciones de presión y temperatura guardan una relación sencilla.

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Biografía de Howard Carter

(Swaffham, Reino Unido, 1873 - Londres, 1939) Arqueólogo y egiptólogo británico. Entre 1891 y 1899 fue miembro de la Misión Arqueológica en Egipto. En 1892 colaboró con el egiptólogo Flinders Petrie en la excavación de Tell el-Amarna. Fue también designado inspector jefe del departamento de Antigüedades del gobierno egipcio. Hasta 1922, sus descubrimientos más importantes fueron las tumbas del faraón Tutmosis IV y de la reina Hatshepsut. Sin embargo, el hallazgo arqueológico que le supuso convertirse en una celebridad mundial fue el descubrimiento en 1922, junto con lord Carnarvon, de la tumba del joven faraón Tutankamón, situada en el Valle de los Reyes. Lo extraordinario del hallazgo no fue tanto la importancia histórica del faraón como el hecho de que la tumba se encontrara intacta y que contuviese un espléndido tesoro, que actualmente se exhibe en el Museo Egipcio de El Cairo.


Desde la expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto, el interés por el país del Nilo había ido en aumento. A lo largo del siglo XIX diversas expediciones estudiaron los vestigios de la antigua civilización egipcia y se llevaron a cabo numerosas excavaciones. Sin embargo, se ha de reconocer que el nivel científico de muchas de ellas no difería demasiado de un simple expolio. De hecho el expolio era la verdadera motivación incluso de algunos supuestos estudiosos que no buscaban otra cosa que apoderarse de antigüedades con las que dar lustre a diversas colecciones privadas.

Por fortuna, muchos arqueólogos comprometidos con su trabajo, con el apoyo de las autoridades, consiguieron poner freno a estas actividades e iniciaron una importante etapa de investigación científica del Antiguo Egipto. Con todo, las excavaciones en Egipto siempre tuvieron que enfrentarse al problema de los saqueadores, y lo peor de todo era que los más exitosos no eran precisamente los contemporáneos. La costumbre egipcia de enterrar a sus muertos con gran parte de sus riquezas para que les acompañasen al más allá había generado una fructífera actividad expoliadora ya en tiempos de los faraones y también en diversas épocas posteriores. No es de extrañar que los faraones hubiesen tomado precauciones intentando ocultar sus lugares de entierro, aunque sin éxito: a principios del siglo XX ninguna tumba había sido hallada intacta.

El recuerdo del egiptólogo británico Howard Carter estará siempre relacionado con su mayor descubrimiento, el más renombrado de todos los hallazgos arqueológicos en el valle del Nilo: la tumba de Tutankamón, en el Valle de los Reyes. Si bien este faraón gobernó sólo durante un breve período a finales de la dinastía XVIII, su tumba, a diferencia de todas las otras del valle, no había sido saqueada, lo que permitió mostrar al mundo un espectacular ajuar funerario que incluye joyas, estatuas de oro y mobiliario, así como la famosa máscara y los sarcófagos del faraón.

Howard Carter había nacido en Gran Bretaña en 1874. De salud siempre delicada, inició su carrera como egiptólogo a los diecisiete años, cuando se incorporó al equipo de trabajo de P. Newberry. Más tarde trabajó bajo la supervisión de sir Flinders Petrie en las excavaciones realizadas en El-Amarna, y con E. Naville en Deir el-Bahari. En El-Amarna se ocupó de limpiar y copiar las escenas e inscripciones visibles en el templo.

A partir de 1899 inició su carrera en el Servicio de Antigüedades egipcio, donde fue inspector en jefe de las antigüedades del Alto Egipto. Tras ejercer funciones también en el Bajo Egipto, renunció a sus cargos en 1905. En 1909 comenzó a trabajar en la necrópolis tebana para lord Carnarvon. En los primeros años de excavaciones, Carter descubrió cinco tumbas reales, tres de ellas asociadas con los faraones Montuhotep, Amenofis I y Tutmosis IV, y dos vinculadas con la reina Hatshepsut.

A principios de la década de 1920 pidió permiso para excavar en el Valle de los Reyes. Una vez obtenido, inició las excavaciones en una zona restringida en la que esperaba encontrar la tumba de Tutankamón, llamado el faraón niño por la corta edad en que subió al trono y por haber fallecido a los dieciocho años. Se trataba de una búsqueda difícil: las pistas que habían llevado a ese lugar a Carter y a lord Carnarvon, el mecenas que financiaba las excavaciones, eran muy tenues, y el Valle había sido tan excavado que nadie esperaba que pudieran encontrar nada.

En 1922, tras varias campañas infructuosas, Carter decidió excavar las ruinas de unas casas de los obreros dedicados a construir las tumbas reales; era el último lugar que quedaba por investigar. El 5 de noviembre de 1922, a cuatro metros de la tumba de Ramsés II, descubrió los restos de una escalera que se adentraba en la roca; excitado por el hallazgo, retiró los escombros que cubrían los dieciséis peldaños hasta topar con una puerta sellada. A pesar de la decepción inicial al comprobar que los sellos habían sido rotos por saqueadores, procedió junto con Carnarvon a horadar el tabique que cerraba la puerta. Su reacción ante lo que vieron sus ojos, a la luz de una vela, es ya famosa: "Veo maravillas".

Habían descubierto la tumba de Tutankamón, faraón de la XVIII dinastía asesinado a los dieciocho años, en el siglo XIV antes de Cristo. Se trataba de un complejo funerario compuesto por varias cámaras, lleno de riquezas, que guardaba el sepulcro del joven faraón. La suntuosidad del ajuar hallado, que comprendía joyas, armas, vasijas, muebles y hasta carros (que tuvieron que ser serrados para introducirlos en la cámara), hace suponer que los saqueadores fueron descubiertos antes de que pudiesen perpetrar su expolio. Si se tiene en cuenta que Tutankamón fue un faraón poco importante y con un corto reinado, cabe preguntarse qué maravillas no contendrían las tumbas de otros faraones mucho más poderosos, como Seti I, Ramsés II o Amenofis III.

La excavación llevada a cabo por Carter se puede considerar, dentro de los parámetros de la época, modélica. Paciente y metódico, una vez fue consciente de la importancia de su descubrimiento, optó por interrumpir los trabajos y tapar los accesos a la tumba para reunir el equipo necesario a fin de documentar y conservar adecuadamente el material encontrado. Después de tres semanas de intensos trabajos, el equipo franqueó la puerta de la tumba. Al penetrar en la estancia quedó a la vista un incomparable tesoro, de una excepcional riqueza: material, por el valor intrínseco de las piezas allí depositadas, y arqueológico, como fuente de investigación de la cultura egipcia. Jarrones, vasos canopos, arquetas, cofres, pinturas, barcas, pequeñas estatuas, enseres domésticos y una variada tipología de objetos de oro macizo se hallaban allí al alcance de los investigadores.

Lo más excepcional del conjunto son las cuatro capillas funerarias, dispuestas una dentro de otra; en la cuarta se hallaba un gran ataúd, en cuyo interior se descubrieron tres sarcófagos encajados uno dentro del otro. Al romper los sellos y abrir el último sarcófago, los expedicionarios contemplaron, por primera vez desde su fallecimiento, el cadáver momificado del faraón, con el rostro cubierto con una mascarilla de oro, retrato del difunto, con incrustaciones de piedras de colores. Sobre el cuerpo vendado había depositadas numerosas joyas.

A pesar de que la mayoría de las salas estaban revueltas, con señales evidentes de haber sido saqueadas en la antigüedad, eran tales la abundancia de las obras encontradas y su valor que el equipo de Carter tardó años en catalogar y documentar las piezas. En total, las tareas de apertura, el traslado al Museo de El Cairo y el registro exhaustivo de la impresionante cantidad de objetos que constituían el ajuar funerario del monarca llevaron a Carter y a su equipo diez años de trabajo. Tras ello, su delicada salud no le permitió emprender nuevas actividades arqueológicas; falleció en Londres en 1939.

El descubrimiento de la tumba de Tutankamón sirvió para esclarecer numerosos aspectos de la tradición funeraria egipcia desconocidos hasta el momento y pronto fue considerado como un acontecimiento de primer orden no sólo en el reducido círculo de los egiptólogos, sino por todo el mundo. De hecho, la tumba de Tutankamón se convirtió en un verdadero fenómeno mediático, un acontecimiento que captó la atención mundial y que dio lugar a más de una leyenda, la más popular de las cuales fue la relacionada con una supuesta maldición infligida sobre los miembros de la expedición y cuyo origen cabe buscar en la muerte accidental, a las pocas semanas del descubrimiento, del mismo lord Carnarvon.

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Biografía de José Ortega y Gasset

(Madrid, 1883 - 1955) Filósofo y ensayista español. Su pensamiento, plasmado en numerosos ensayos, ejerció una gran influencia en varias generaciones de intelectuales.


Hijo del periodista José Ortega Munilla, hizo sus estudios secundarios en el colegio de Miraflores del Palo (Málaga) y los universitarios en Deusto y Madrid, en cuya universidad se doctoró en Filosofía y Letras con una tesis sobre Los terrores del año mil (1904), subtitulada Crítica de una leyenda. Entre 1905 y 1908 completó sus estudios en Leipzig, Berlín y Marburgo, donde asistió a los cursos del neokantiano Hermann Cohen.

Fue catedrático de Metafísica (su titular anterior había sido Nicolás Salmerón) de la Universidad de Madrid entre 1910 y 1936. En 1916 fue designado académico de la de Ciencias Morales y Políticas. Fundó la Revista de Occidente (1923-1936), la publicación intelectual más abierta al pensamiento europeo de nuestro siglo. Aneja a ella ha funcionado una editorial que, así como su salón de tertulias, ha representado la más selecta modernidad intelectual de su época.

Elegido diputado al proclamarse la república, fundó con Marañón y Pérez de Ayala la Agrupación al Servicio de la República. A partir de 1936 vivió en Francia, Holanda, Argentina y Portugal. Regresó a España en 1945 y residió (salvo viajes al extranjero, especialmente a Alemania) en Madrid. En 1948 fundó con su discípulo, el prestigioso Julián Marías, el Instituto de Humanidades.

Ortega ocupó un lugar de privilegio en la historia del pensamiento español de las décadas centrales del siglo XX. Maestro de varias promociones de jóvenes intelectuales, no sólo fue un brillante divulgador de ideas sino que elaboró un discurso filosófico de notable originalidad.

Gran parte de su actividad se canalizó a través del periodismo, un mundo que conocía por motivos familiares y se adecuaba perfectamente a la esencia de sus tesis y a sus propósitos de animar la vida cultural del país. Además de colaborar en una extensa nómina de publicaciones, fundó el diario El Sol (1917), la revista España (1915) y la Revista de Occidente (1923).

En sus artículos y ensayos trató temas muy variados y siempre incardinados en la actualidad de su época, tanto de filosofía y política como de arte y literatura. Su obra no constituye una doctrina sistematizada sino un programa abierto del que son buena muestra los ocho volúmenes de El espectador (1916-1935), donde vertió agudos comentarios sobre los asuntos más heterogéneos.

No obstante, como denominador común de su pensamiento puede señalarse el perspectivismo, según el cual las distintas concepciones del mundo dependen del punto de vista y las circunstancias de los individuos, y la razón vital, intento de superación de la razón pura y la razón práctica de idealistas y racionalistas. Para Ortega, la verdad surge de la yuxtaposición de visiones parciales, en la que es fundamental el constante diálogo entre el hombre y la vida que se manifiesta a su alrededor, especialmente en el universo de las artes.

El núcleo del ideario orteguiano se encuentra en obras como España invertebrada (1921), El tema de nuestro tiempo (1923), La rebelión de las masas(1930), Ideas y creencias (1940), Historia como sistema (1940) y ¿Qué es filosofía? (1958).

Las cuestiones de estética y crítica literaria fueron objeto de sus reflexiones en Meditaciones del Quijote(1914), Ideas sobre la novela (1925), La deshumanización del arte (1925), Goethe desde dentro(1932), Papeles sobre Velázquez y Goya (1950) e Idea del teatro (1958). Permanentemente cercano a la realidad inmediata, abordó los asuntos políticos enVieja y nueva política (1914), La decadencia nacional(1930), Misión de la universidad (1930) o Rectificación de la República (1931).

Su estilo, más cerca de la prosa literaria que del discurso filosófico, posee una brillantez expositiva en la que reside una de las claves del éxito y difusión de sus libros.

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