jueves, 1 de mayo de 2014

Abrazar un árbol

Nuestros antepasados buscaban un árbol para abrazarse a su tronco, cuando se sentían angustiados o cargados de problemas. Por el tronco fluye la savia que da energía directamente de la tierra.

En las técnicas orientales, como el chi-kung, hay una postura que se llama “abrazar el árbol”. Esta posición estática alinea todos los huesos del modo más eficaz posible.

Para los occidentales puede parecer algo ridículo, sin embargo, cada vez más naturópatas lo recomiendan.

Es una forma gratuita de sentirse en comunión con la naturaleza. Cuando caminamos entre los árboles en un parque o un bosque, podemos llegar a sentir la energía que desprenden. Los celtas creían que cada árbol poseía un espíritu sabio y que sus rostros podían verse en la corteza de sus troncos y sus voces escucharse en el sonido de las hojas moviéndose con el viento.

Los árboles nos ayudan a establecer contacto con el poder de la naturaleza, nos dan herramientas para sanarnos, relajarnos, fortalecernos, cargarnos de energía vital y son portadores de los mensajes de la madre Tierra.

Existen cada vez más personas que han comprobado los beneficios de abrazar los árboles. Al revés que con las personas que al abrazarlas podemos notar pérdidas de energía debido a factores emocionales, con un árbol siempre notaremos que nos carga, nunca que nos descarga.

No olvidemos que todo ser vivo es energía, y al igual que nosotros, los árboles tienen la suya propia, muchas veces entramos en sintonía y sentimos como fluye expresando nuestra sensación de bienestar, tranquilidad, serenidad, etc. Desde aquí queremos compartir la energía que te aporta cada árbol en concreto, porque cada uno tiene una característica, determinada por su especie, velocidad de crecimiento, entorno.

¿CÓMO CAPTAR LA ENERGÍA DE LOS ÁRBOLES?

La energía que emanan los árboles, al igual que la nuestra, es invisible al ojo físico, es lo que llamamos el aura, muy perceptible sensitivamente. El árbol al igual que las personas está emitiendo vibraciones energéticas constantemente y son perfectamente asimilables por el ser humano, se pueden absorber y podemos beneficiarnos de sus efectos.

Existen dos formas fundamentales de captarla:

A TRAVÉS DE LA ENERGÍA DEL ÁRBOL:

Su extensión es más o menos grande según las características de cada árbol y su situación ambiental. Bastará penetrar en su radio de acción. Este tipo de energía se absorbe con el simple hecho de pasear por un bosque, conscientemente podemos aumentar su captación regulando nuestra respiración a un ritmo tranquilo y algo profundo.

En la práctica, esto lo podemos hacer:

1.- Camina entre los árboles y escoge alguno que te llame la atención.

2.- Acércate a él, obsérvalo y capta su energía, no trates de analizarlo mentalmente o de establecer un vínculo emocional. Sólo nota su tono vibratorio.

3.- Tócalo al mismo tiempo que cierras los ojos, con tu mano izquierda. Reconoce su fuerza y su influencia en el entorno. Observa si es un árbol solitario o un pastor de árboles que tiene influencia sobre el colectivo. Capta si su energía es curativa, o si es protectora y amorosa, o si es sabia, o si es imponente en todo ese territorio o de cualquier otro tipo. Acepta esa energía sin más y pregúntate si deseas recargarte a ti mismo con esa fuerza.

4.- Establece contacto con la energía del árbol mediante tu corazón energético. Vacía tu ruido interno, fluye en el amor y escucha al árbol. Capta su espíritu. Preséntate con tu nombre y entra en un espacio donde la comunicación es energética y no sonora. Puedes pedir consejo sobre cualquier situación que necesites, cargarte de energía, relajarte o aceptar su sabiduría.

5.- Escucha la en tu corazón, da las gracias, levántate y despídete poniendo tu mano derecha sobre su tronco.

EN CONTACTO DIRECTO CON EL ÁRBOL:

Utilizando las manos: A través de ellas podemos realizar una captación más consciente, son una zona muy sensible a la emisión y captación vibratoria ya que en la palma existen varios puntos de entrada y salida de energía. La posición más conveniente es la de seguir las grietas o fisuras de la corteza en el sentido que las presenta el árbol.

Utilizando la espalda: La parte central de la espalda, recorriendo la columna vertebral, se encuentra el canal energético principal del cuerpo. Apoyando esta zona en el tronco del árbol absorberemos la energía que emana.

Por García Azañedo
Fuente: Hermandad Blanca

Día Internacional de los Trabajadores por Merlina Meiler


El 1 de mayo en muchísimos países se conmemora el día del trabajo (o de los trabajadores).

Siempre es útil recordar qué se festeja realmente y esta es la historia:

Antes de 1829, existía en Estados Unidos una ley que prohibía trabajar más de 18 horas, “salvo caso de necesidad”. En 1868 se promulgó una ley que reducía el número de horas de trabajo diario a 8 y, posteriormente, varios estados sancionaron leyes con jornadas máximas de 8 y de 10 horas (aunque incluían cláusulas que permitían aumentarlas a entre 14 y 18 horas). Sin embargo, esta normativa no se cumplía, por lo que organizaciones laborales y sindicales de EE.UU. iniciaron una huelga el 1 de mayo de 1886.

Varios cientos de miles de trabajadores armaron una revuelta y convocaron a un paro para reclamar una jornada laboral de 8 horas (la máxima era “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”).

Los principales diarios de la época calificaron la demanda por las 8 horas como “indignante e irrespetuosa” y “delirio de lunáticos”. Los días que se sucedieron fueron muy sangrientos, en especial en Chicago, donde gran cantidad de sindicalistas fueron detenidos e incluso ejecutados por su participación en las jornadas de lucha.

Hasta que se logró el objetivo buscado, un derecho que nosotros gozamos en la actualidad.

Aunque todo comenzó en EE. UU., curiosamente, en ese país “Labor Day” (Día del Trabajo) se celebra el primer lunes de septiembre.

¡Feliz día!