lunes, 14 de abril de 2014

Sanando la culpa

La culpa es tonta, auto indulgente y débil. A menudo es la punta del iceberg emocional de una auto imagen pobre.

No viniste a la Tierra porque seas perfecto, más bien al contrario. Viniste porque necesitas aprender lecciones que están disponibles aquí. Si sientes que has fallado en algunos aspectos de tu vida, todo eso significa que participaste en el seminario de la vida y cogiste el mensaje.

No hay pecado real, sólo alta energía y baja energía. Si tus acciones fueran menos que buenas, podrías perdonarte a ti mismo y proponerte hacerlo mejor la vez siguiente. Probablemente no habrá una próxima vez. Normalmente sólo tienes que “cagarla” una vez para coger el punto. Ciertamente podrías haber actuado mejor, pero no lo hiciste. Perdónate. No eres un gracioso ángel. Si lo fueras, no estarías aquí.

El pasado es pasado y no puede arreglarse. La única tragedia es cuando arrastras una memoria negativa de ello hacia el futuro. Absuélvete. Si hace falta, crea una ceremonia solemne, enciende una vela, di una oración o medita, y libérate a ti mismo de “cagadas” previas. Si has herido a gente de algún modo, escríbeles una carta mental y envíasela a su corazón; diles que lo sientes. O, mejor aún, déjate ver y discúlpate ante ellos personalmente. Eso es muy catártico para ellos y para ti.

No olvides que el modo en que la gente percibe está nublado por su propia programación y por lo que a menudo es una falta extrema de percepción. Ellos te ven del modo que les beneficia y confirma sus opiniones. Cómo eres tú realmente es, en su mayor parte, un secreto. Yace en lo profundo, dentro de tu Yo espiritual y, a menudo, los otros no lo ven. Aférrate a esa realidad y nunca te importe lo que la gente piense. Intentar ganar la aprobación de los demás haciendo el papel de bueno es tan sólo muchas veces, un residuo del niño interior que busca la aceptación de los padres. No es necesario para un adulto maduro.

Preocuparse de lo que piensa la gente merma el poder de tu valor. Coloca el control en sus opiniones y en sus reacciones.

Deja que la gente piense lo que quiera. Lo harán, de todos modos. No tienes que ser un político y actuar para ganar sus favores. En vez de eso, actúa tan honorablemente y correctamente como te sea posible. Tanto si la gente lo acepta como si no. Déjalo a su elección y recuerda no preguntárselo. De ese modo, no tendrás que merodear intentando averiguar qué piensan de ti, procesando sus reacciones y dándoles explicaciones. Eso es energía desagüe abajo. No te mezcles con eso.

Finalmente, la culpa es uno de los bastones emocionales que la gente usa para poner orden, especialmente en situaciones de familia. No uses la culpa para controlar a otros y nunca sucumbas a ese truco tú mismo. Reconócelo al verlo. Cuando los demás vean que no vas a jugar a la pelota, retrocederán. Una vez que te enganchan emocionalmente por medio de la culpa, es difícil soltarse. Cualquier salida que te inventes, normalmente llevará aparejada una gran lucha. El truco es apartarse amablemente y respetuosamente de su red emocional antes de que te atrapen.


REFLEXIÓN
.”Suspirar por un pasado alternativo es un malgasto de energía. En el prístino mundo de tu Yo espiritual, no hay pecado ni energía negativa. Sólo hay compasión, aprendizaje, amor incondicional y perdón.
Recuérdate a ti mismo y a los que te rodean, este hecho. En la Luz de Dios, todo es sanado y visto como perfecto.”

Miedo a ser Feliz

Todos tenemos miedo de vivenciar nuestras potencialidades más positivas, tenemos miedo de llegar a ser lo que podemos atisbar en los momentos de mayor perfección y coraje.

Seguramente, para muchas personas es así; ser feliz se convierte en algo inalcanzable porque les asusta conseguirlo. Pero, ¿a qué se debe este miedo? La respuesta está en las creencias en las que basamos nuestra identidad más profunda.

Hay muchas personas que tienen un concepto de sí mismas muy negativo, creen que no merecen nada o que no pueden hacer cosas valiosas e, incluso, que no tendrían que existir.

Estos conceptos negativos de uno mismo son más comunes de lo que pensamos. Cuando un niño no encuentra en sus padres una respuesta afectiva, es muy fácil que desarrolle la idea de que no tiene derecho a ser amado o que no tiene capacidad para conseguir nada.

Alguien con estas ideas negativas no intentará ser feliz. Es como si partiera de la posición del perdedor.

Son estas creencias las que logran que el miedo nos paralice y que no nos arriesguemos a hacer cosas nuevas, a conseguir nuestros deseos.


Y si no nos arriesgamos, no aprendemos, no generamos experiencias gratificantes, nos quedamos bloqueados y estancados, con la consiguiente frustración.

Para salir de este círculo vicioso es necesario pasar a la acción, hacer las cosas que uno desea despacio y a pesar del miedo, atreverse a realizar nuevos aprendizajes.

También hay personas capaces de llevar a cabo todo lo necesario para conseguir sus sueños, pero cuando están a punto de lograrlo, abandonan. Exageran la responsabilidad del éxito. Es como si estuvieran preparados para el esfuerzo pero no para el disfrute.
Creer que tenemos tanto la capacidad de experimentar el sufrimiento como el placer, y que las dos cosas pueden ser igual de buenas, nos puede ayudar a no tener miedo a ser felices.

TODO SER HUMANO TIENE DERECHO A DISFRUTAR DE LA VIDA. ESTA CREENCIA ES LA BASE `PARA PODER LLEVAR A CABO NUESTROS SUEÑOS…

Tenemos que darnos pequeños placeres de vez en cuando.
Así, aumentará nuestra satisfacción y al comprobar que no somos castigados por ello, iremos por deseos más grandes.

Lic. Ines Beatriz Citro Albizu.
Terapeuta Holistica.