jueves, 10 de abril de 2014

Como manejar tus errores

Muchas veces, sólo a través de nuestros errores tenemos la oportunidad de reflexionar y aprender algo nuevo. Después de revisar las consecuencias de una acción que acabamos de realizar, es cuando podemos reconocer el traspiés que cometimos. Es ésta la razón por la cual nos resulta tan difícil prevenir algunos errores, porque sólo podemos reconocerlos una vez que los hemos cometido.

Desarrollar la capacidad de reconocer y aceptar nuestras equivocaciones amplía nuestra visión de la realidad, nos impulsa a asumir nuestra responsabilidad y nos enseña, además, a reconocer la presencia de otros a los que afectamos con la consecuencia de nuestras equivocaciones.

Cuántas veces hemos escuchado decir: "Cometer errores es de humanos'', pero, lo más importante, es que tengamos la disposición de asumir el compromiso de hacer cuanto sea necesario para corregirlos. Algunos padres, por ejemplo, temen reconocer un error frente a sus hijos por miedo a perder su autoridad o el respeto por parte de ellos, cuando, en realidad, hacerlo sería una señal de sabiduría, humildad y amor.

No es sencillo aceptar nuestras equivocaciones. A veces nos da pena que otros descubran que hemos cometido un error; otras, quedamos paralizados por el miedo de volvernos a equivocar, o también puede suceder que en vez de asumir nuestra responsabilidad y reparar nuestros errores, busquemos culpar a alguien de ellos. En realidad, saber que tenemos derecho a equivocarnos y estar dispuestos a aprender de ello, nos da la libertad de ser auténticos, de tomar decisiones más acertadas y nos concede el permiso para atrevernos a realizar actividades nuevas con más seguridad y confianza.

Todos cometemos errores graves de vez en cuando, pero, a pesar de la vergüenza que pueda sentirse, no debemos huir de la responsabilidad ni ponernos agresivos o defensivos cuando otros nos hagan una observación al respecto, nuestro único camino es tratar de reparar el daño de la forma más digna posible. Muchas personas creen que reconocer un error puede ser una señal de debilidad y que, además, puede representar la posibilidad de perder el respeto por parte de los seres queridos… ¡No es así! Definitivamente, el admitir que nos equivocamos nos merece el aprecio y la estima de ellos, especialmente si nos ven hacer el esfuerzo para superarlo y no repetirlo.Asumir nuestros errores nos permite crecer y madurar internamente. Además, todas las equivocaciones son una oportunidad para aprender algo nuevo acerca de nosotros mismos, de los demás y de la vida.

Tenemos dos maneras de aprender y madurar, lo hacemos por error y acierto, reconociendo y asumiendo las consecuencias que se generan de nuestras elecciones y actuación (y que más tarde tendremos que vivir), o lo hacemos por conciencia.

Si tienes hijos, la próxima vez que uno de ellos cometa un error pídele que asuma su responsabilidad sin presionarlo o castigarlo inmediatamente por la equivocación cometida. En su lugar, explícale las posibles consecuencias y háblale para que participe en el proceso de encontrar la solución y el medio para que no vuelva a suceder.

Con frecuencia pensamos que los errores son un fracaso, pero, en realidad, podemos verlos como una herramienta valiosa que nos permite aprender, crecer, hacer cambios y superar las limitaciones.

CLAVES SALUDABLES para manejar tus errores

"Cada error nos muestra algo que debemos corregir. En la medida en que lo hacemos nos convertimos en mejores seres humanos"

Acepta lo que ya pasó. Sal del pasado y no te quedes pegado, pensando en lo que pudiste hacer y no hiciste. El pasado ya pasó y no puedes cambiarlo, pregúntate: "¿Qué puedo hacer para corregir el error lo más rápidamente posible y qué puedo aprender de esta experiencia?".

Supera la culpa. Si realizaste una mala elección o cometiste alguna equivocación, no te castigues por algo que no podías saber de antemano. Cometer errores no tiene nada que ver con tu valor como persona ni con tu capacidad para tomar decisiones en un momento dado.

Considera el error como una advertencia. A veces el recibir una multa de tránsito representa una advertencia para conducir más despacio y evitar un accidente mayor... Estar atentos para reconocer las señales que nos envía el universo hará que convirtamos nuestros errores en oportunidades.

Vence el temor a equivocarte. El miedo a equivocarte puede hacer que no te atrevas a decir lo que sientes o piensas. Al mismo tiempo puede impedirte hacer algo por temor a hacer el ridículo. Atrévete a expresar tus pensamientos y sentimientos encontrando las mejores palabras y el mejor momento para hacerlo. Y si te equivocas, pide disculpas.

Aprende de tus errores. Cada uno nos muestra algo que necesitamos corregir, y en la medida en que lo hacemos aprendemos y nos convertimos en mejores seres humanos. Repara la ofensa. Que tu arrepentimiento no se quede sólo en palabras bonita. Además de pedir disculpas, es importante que hagas algo concreto para mostrar tu compromiso de corregir el error o la ofensa cometida. "¿De qué manera puedo corregirlo?, ¿qué puedo hacer para que te sientas bien?", son frases que hacen sentir mejor a las personas afectadas.

Vence el hábito de señalar los errores de los demás. El hábito de señalar los errores que cometen los otros, sin aportar algo para ayudarles, termina afectando nuestras relaciones con ellos y reafirmando las consecuencias negativas que se generan de nuestras equivocaciones.

Asume tu responsabilidad. Si eres sincero y humildemente explicas en forma razonable el porqué de tu actuación equivocada, la persona afectada se sentirá más tranquila y satisfecha al escucharte. Debemos siempre enfrentar las situaciones embarazosas con madurez y nunca reaccionar emocionalmente. Quedarnos callados esperando que el tiempo pase y la persona olvide la ofensa, hará que se genere el resentimiento.

Supera la culpa. La mayoría de las veces nos sentimos culpables por haber cometido un error. Después de pedir disculpas a las personas involucradas, debemos perdonarnos a nosotros mismos.

Evita pensar en lo que pudiste hacer. Lo primero que viene a nuestra mente después de cometer un error es todo lo que hubiéramos podido hacer para evitarlo. A veces te quedas ahí, dándole vueltas a todas las posibilidades y sintiéndote culpable o haciendo sentir culpable al otro, como si de esa manera pudiera borrarse todo lo sucedido. Simplemente acéptalo y piensa en lo que puedes hacer para solucionarlo de la manera más eficiente.

Fuente. Psicólogos Perú

Disfrutando sin culpas por Merlina Meiler

Hace algunas semanas, hablando con una amiga que está embarazada de su segundo bebé, me comentó que se sentía angustiada.

Ella es profesional y trabajó toda su vida. Dejó de hacerlo formalmente al tener su primera niña y ahora, el tema le pesaba muchísimo, por lo que estaba buscando trabajo “de cualquier cosa” (según sus propias palabras).

Le pregunté si su marido tenía alguna urgencia económica (por lo que yo tenía entendido, a él le estaba yendo bastante bien) y me aseguró que él podía mantener la casa perfectamente – de hecho, él le había propuesto que dejara de trabajar al convertirse en madre y ahora, ante su premura por conseguir un empleo, le aseguró que no es necesario que volviera al ruedo y que él se seguiría encargando del bienestar económico de todos.

Pero ella siente que debe trabajar y ganarse la vida –no dedicarse solamente a ser esposa y madre, aunque solo fuera momentáneo- y por eso tuvo varias entrevistas laborales (todos, al ver su panza de embarazada, le sugirieron que volviera luego de tener su bebé). Incluso algún conocido le ofreció un empleo de pocas horas sin sueldo, como favor para que se sintiera mejor (lo que obviamente, tuvo el efecto contrario esperado ante tamaña propuesta).

Yo le di mi punto de vista: ella está en uno de los momentos más importantes de la vida de una mujer y, en vez de gozar de su situación privilegiada de poder enfocarse en su embarazo y en su otra niña a pleno, se siente abrumada de no poder trabajar de lo que estudió en la universidad (o de cualquier otra cosa).

Poco tiempo me llevó darme cuenta de dónde provenía su presión interna (“mi mamá no trabajó nunca en su vida y yo no quiero ser una mantenida”) y, por suerte, mis palabras bien intencionadas tuvieron un efecto positivo.

Le propuse a ella lo mismo que quiero sugerirles a ustedes: disfrutar sin culpas.

En la vida se nos presentan muchas situaciones para aflojarnos y para gozar. Un simple fin de semana o una tarde libres, vacaciones, desde la salida del trabajo hasta el ingreso del día siguiente son solo algunas de las múltiples oportunidades que tenemos para tratarnos bien, dejarnos fluir, descansar, entretenernos, darnos gustos.

Estos ratos son absolutamente necesarios y hay mucha gente que se los boicotea por presión interna, por mandatos externos o porque hay una vorágine en la sociedad que hace pensar que tener tiempo libre está mal, no es lucrativo o es improductivo (los celulares inteligentes o las tabletas no ayudan en absoluto). Allí es donde aflora la culpa (“Tendría que estar estudiando en lugar de en el cine” “Falté al trabajo porque tengo fiebre y un terrible resfriado pero igual leeré mis correos cada hora”) y no solo no encuentras solaz en lo que estás haciendo: la energía que dedicas a tu trabajo o a tu estudio no llega a ser ciento por ciento fructífera.

CÓMO DISFRUTAR SIN CULPAS

Date tiempo para no hacer nada que responda a tus compromisos diarios. En otro momento u otro día ya realizarás las actividades que debes llevar a cabo. Resulta absolutamente imperioso que dediques ratos a recrearte, a consentirte, a hacer algo que realmente te guste y te distraiga, a dejar que otros se ocupen de ti y está muy bien que así sea. Es beneficioso para tu alma y para tu mente.

Pero asegúrate de que esas instancias estén “blindadas” a prueba de sentimientos y de pensamientos negativos: permite que solo aflore lo positivo y conéctate plenamente con tu capacidad de relajarte y de disfrutar ¡durante todo el tiempo que dure!