martes, 4 de marzo de 2014

Biografía de Antonio Vivaldi

(Venecia, 1678 - Viena, 1741) Compositor y violinista italiano. Igor Stravinski comentó en una ocasión que Vivaldi no había escrito nunca quinientos conciertos, sino «quinientas veces el mismo concierto». No deja de ser cierto en lo que concierne al original e inconfundible tono que el compositor veneciano supo imprimir a su música y que la hace rápidamente reconocible.


Autor prolífico, la producción de Vivaldi abarca no sólo el género concertante, sino también abundante música de cámara, vocal y operística. Célebre sobre todo por sus cuatro conciertos para violín y orquesta reunidos bajo el título Las cuatro estaciones, cuya fama ha eclipsado otras de sus obras igualmente valiosas, si no más, Vivaldi es por derecho propio uno de los más grandes compositores del período barroco, impulsor de la llamada Escuela veneciana –a la que también pertenecieron Tommaso Albinoni y los hermanos Benedetto y Alessandro Marcello– y equiparable, por la calidad y originalidad de su aportación, a sus contemporáneos Bach y Haendel.

Poco se sabe de su infancia de Vivaldi. Hijo del violinista Giovanni Battista Vivaldi, el pequeño Antonio se inició en el mundo de la música probablemente de la mano de su padre. Orientado hacia la carrera eclesiástica, fue ordenado sacerdote en 1703, aunque sólo un año más tarde se vio obligado a renunciar a celebrar misa a consecuencia de una enfermedad bronquial, posiblemente asma.

También en 1703 ingresó como profesor de violín en el Pio Ospedale della Pietà, una institución destinada a formar muchachas huérfanas. Ligado durante largos años a ella, muchas de sus composiciones fueron interpretadas por primera vez por su orquesta femenina. En este marco vieron la luz sus primeras obras, como las Suonate da camera Op. 1, publicadas en 1705, y los doce conciertos que conforman la colección L’estro armonico Op. 3, publicada en Amsterdam en 1711.

Con ellas, Antonio Vivaldi alcanzó renombre en poco tiempo en todo el territorio italiano, desde donde su nombradía se extendió al resto del continente europeo, y no sólo como compositor, sino también, y no en menor medida, como violinista, uno de los más grandes de su tiempo. Basta con observar las dificultades de las partes solistas de sus conciertos o sus sonatas de cámara para advertir el nivel técnico del músico en este campo.

Conocido y solicitado, la ópera, el único género que garantizaba grandes beneficios a los compositores de la época, atrajo también la atención de Vivaldi, a pesar de que su condición de eclesiástico en principio le impedía abordar un espectáculo considerado en exceso mundano y poco edificante. De hecho, sus superiores siempre recriminaron a Vivaldi su escasa dedicación al culto y sus costumbres laxas.

Inmerso en el mundo teatral como compositor y empresario, Ottone in Villa fue la primera de las óperas de Vivaldi de la que se tiene noticia. A ella siguieron títulos como Orlando furioso, Armida al campo d’Egitto, Tito Manlio y L’Olimpiade, hoy día sólo esporádicamente representados.

La fama del músico alcanzó la cúspide en el meridiano de su vida con la publicación de sus más importantes colecciones instrumentales, Il cimento dell’armonia e dell’inventione Op. 8, en la que se incluyen Las cuatro estaciones, y La cetra Op. 9. Pero a fines de la década de 1730 el público veneciano empezó a mostrar menor interés por su música, por lo que Vivaldi decidió probar fortuna en Viena, donde murió en la más absoluta pobreza un mes después de su llegada. A pesar de este triste final y de un largo período de olvido, la obra de Vivaldi contribuyó a sentar las bases de lo que sería la música de los maestros del clasicismo, sobre todo en Francia, y a consolidar la estructura del concierto solista.


Siempre en mi mente por Merlina Meiler

Hay seres que estarán siempre en mi mente. Y en mi corazón.

Y está bien que así sea. Es que partieron demasiado temprano, se alejaron y dejaron su huella imborrable en mí.

Sé que a casi todos nos ha tocado ser espectadores de cómo alguien extremadamente querido es arrancado de nuestro lado, irremediablemente.

A pesar de nuestras súplicas, de nuestros quebrantos, de nuestra falta de comprensión y de aprobación de lo que estaba sucediendo.

Yo me enojé y, en ciertos casos, me cerré a reconocer la magnitud de lo que había pasado. Ahora estoy en condiciones de darme cuenta que no fue lo más adecuado mantener esta postura, pero es lo único que pude hacer con las herramientas que contaba en aquellos momentos.

Pero con el tiempo, aprendí que dejar ese lugar en mi mente y en mi corazón abierto para ellos era la mejor y más sana actitud a adoptar.

Ya que de este modo, estaba aceptando la mayor cercanía posible hacia ellos.

Esto me permitió volver a sentir su energía, además de recordarlos y de recrearlos en todo su esplendor.

Así pude conectarme de distintas formas con el amor que sentían por mí.

Y con el rol importante que desplegaron en mi vida.

Entendí y pude sentir que es la mejor manera de completar mi círculo interno y lo que dio lugar a que el dolor ceda y a que me sienta, por primera vez, entera.

Entonces, si alguien amado ha pasado a otro plano, después del enojo y de las primeras emociones que broten a borbotones, cuando puedas, perdona, acepta y dales la bienvenida a todos los sentimientos que te unieron a ellos: es la mejor manera de honrar no solo quienes fueron sino también todo lo que han contribuido, dentro de sus posibilidades, para que hoy seas la clase de persona en la que te has convertido.