domingo, 2 de marzo de 2014

Aprendo de manera constante

Aprendí que la mejor manera de apreciar algo es carecer de ello por un tiempo. 
Aprendí que nada de valor se obtiene sin esfuerzo. 
Aprendí que si tu vida está libre de fracasos es porque no te estás arriesgando lo suficiente. 
Aprendí que cada cosa que logré, la había considerado antes como un imposible. 
Aprendí que proyectar te proyecta. 
Aprendí que la honestidad es la mejor propaganda. 
Aprendí que debo ganar el dinero antes de gastarlo.
Aprendí que no debo discutir mi éxito con personas con menos éxito que yo. 
Aprendí que la fama está escrita en el hielo y el sol derrite el hielo. 
Aprendí que a menudo me olvido de lo que aprendo, por tanto, debo escribirlo y repasarlo. 
Aprendí a no dejar de mirar hacia el futuro. 
Aprendí a valorarme sin sobrestimarme. 
Aprendí que debo darme ánimo y pensar que: Todavía hay muchos buenos libros que leer, puestas de sol que ver, estrellas que admirar. amigos que visitar...Helados de dulce de leche con nueces por saborear, manos firmes que estrechar, sonrisas que regalar, pensamientos que expresar...Árboles que plantar y un perro fiel... Que el invierno es para mi una amenaza, pero luego de él, todo recupera su encanto. 

Aprendí ... que todavía tengo mucho que aprender.

Amistad

Hay noches que nadie se imagina. Cosas que pueden suceder y te hacen sentir diferente. Noches en las cuales resurge la amistad que creías perdida.

Crees que la esperanza está perdida y de pronto, te das cuenta que tienes mucho para contar, decir, sentir, vivir.

Esa llamada, esa visita, te llenan de un sentimiento extraño. Vuelves a vivir sin pensarlo. No creías que una conversación, un café, una sonrisa te pudieran volver a la vida.

La amistad renace, porque la esperanza en una llamada, un encuentro, te alegran la vida. Es sencillo y no lo crees. De repente, no quieres irte. Quieres estar ahí. Quedarte. Sentir que lees poemas, libros, apuntes. Cuentas historias, anécdotas. Eres distinto, te sientes diferente.

Si ves lágrimas en tu amigo, no preguntes qué le pasa. Abrázalo, siéntelo, consiéntelo. Él te dirá todo sin hablar. De pronto te dará un beso y comprenderás que has hecho una labor, sin imaginarte.

No creas que tus problemas sean demasiado pesados. Los demás también tienen problemas. Grandes, pequeños, pero problemas. No escuchamos, porque preferimos hablar, contar los nuestros

Muchas veces, ni hablamos con los hijos. No los escuchamos. Nos quieren decir cosas, pero no nos interesan. Quieren recostar sus cabezas en nuestro hombro, pero no nos importa.

No abrazamos, no sentimos, no consentimos. Por eso, muchas veces perdemos, aunque creamos que hemos ganado.

La amistad con los hijos también es necesaria. Los vemos llorar y solamente les preguntamos “qué les pasa”, pero no les sonreímos, ni los abrazamos. Eso no se puede olvidar.