jueves, 27 de febrero de 2014

Pensamiento Positivo

La fuerza del pensamiento positivo hace milagros. "Entra en comunión con tus vibraciones positivas y la armonía enviadas por Dios".

¿Qué es la vida?

La vida es el océano. La tristeza y la felicidad son los vientos. Los pensamientos son los puntos de las montañas que se elevan como islas. La vida de una persona es su barco.

Una persona en armonía es quien sabe usar los vientos como fuerza para impulsarse, usar las islas para el descanso en su caminata disfrutando del balance de las olas como ellas deben ser. Y en el final de la caminata, esbozar una sonrisa y decir con el alma:

¡ El viaje valió !

Una persona en desarmonía es aquella que siempre cambia los vientos en una tempestad, que ignora las islas y las mira como si fueran obstáculos para sus días. Que piensa que las olas sólo pueden estar en lo alto. Que en el final de su jornada solamente cuenta cuantas veces las olas bajaron y cuantas veces el barco se ha tumbado.

La vida es... una página en blanco.

Las acciones como lapiceras. Compete a cada uno componer su poesía, creer... tener fe... nunca desistir... y principalmente

¡ Amar mucho a la vida !

Tu vida

La única manera de salir adelante en la vida es no culpar a los demás de lo que te sucede.

Tú eres el arquitecto de tu vida. Y si la vida no te ha sido muy favorable hasta ahora, el futuro puede cambiar y depende especialmente de ti.

Si has tenido muchos fracasos, estas en una excelente posición para comenzar una nueva vida, pues eres experto en conocer como no deben hacerse las cosas

Cuando tu sabes que es lo errado, no lo repetirás en el futuro y te acercara cada vez más al éxito. A partir de hoy, tu vida puede tomar uno de dos rumbos.

- El éxito o el fracaso
- La felicidad o la infelicidad.

Es tu decisión cual camino tomar y tienes igual oportunidad de seguir uno u otro sendero. Tienes las mismas posibilidades para cualquiera de los dos.

La forma de tomar el sendero del triunfo es... ¡dejar de culpar a los demás!

Asumir tu propia responsabilidad y virar hacia una actitud mental positiva y constructiva.

Elimina los "Si no fuera por...". "Si no fuera por mis padres yo habría hecho...", "si no fuera por este gobierno, yo estaría...", "si hubiera tenido dinero...", "si me consideraran en la oficina..."

Nada soluciona el culpar a los demás.

Si las cosas te sucedieron, es en gran parte tu responsabilidad. Asúmela y tu vida cambiara.


¿Tener la razón o ser feliz? por Merlina Meiler

Si nos preguntaran cuál de estas dos opciones preferimos en temas de pareja, lógicamente, diríamos: ¡las dos!

Pero en caso de tener que elegir solo una, ¿cuál sería tu preferencia?

Científicos realizaron un curioso estudio de campo, en que el hombre debía estar de acuerdo en todo lo que opinara su esposa y no quejarse de nada; a continuación, el resultado en un artículo firmado por Diego Golombek.

Piensen en todas las discusiones que tenemos a diario: con la pareja, con los hijos, con el jefe, con los compañeros del fútbol 5. Y convengamos en que a veces discutimos sin saber muy bien por qué; así, vale la pena preguntarse si no sería mejor un dulce laissez-faire, sobre todo en tiempos de fines o comienzos de año en que la vida se desbarranca y comienza nuevamente.

¿Qué es mejor, ser feliz o tener la razón? Esta cuestión casi shakespeariana no parece ser un oscuro objeto del deseo científico, pero, ya se sabe, la ciencia da para todo. Así es que un grupo de médicos de Nueva Zelanda quiso tomar las discusiones por las astas, bajo la hipótesis de que discutimos y pretendemos tener razón sobre todo para sentirnos en control de las situaciones. Está bien: es un poco una broma, sobre todo teniendo en cuenta que se publicó en el número especial de Navidad de la revista de medicina británica (la pomposa British Medical Journal), que suele regalar a sus lectores este tipo de perlas.

Así, los investigadores eligieron una pareja y realizaron el estudio de campo en la misma casa de los sujetos experimentales. El diseño requería que la mujer quisiera tener razón y que el hombre prefiriera, por esa vez, ser feliz (vale aclarar que el hombre era cómplice del experimento y por eso jugaba su papel alegremente; la mujer, por su parte, no estaba al tanto del estudio).

La intervención científica consistió en que el hombre debía estar de acuerdo en todo lo que opinara su esposa y no quejarse de nada (aun cuando ella estuviera equivocada). Así, el estudio se realizó con una población consistente en dos personas, obviamente distribuidas al azar.

La observación fue de manera relativamente oculta hasta que, por razones de seguridad el estudio debió interrumpirse al día 12, dado que el participante masculino refirió que la situación se había vuelto completamente intolerable: por más que él acordara en todo, la participante femenina se había vuelto completamente crítica de todo lo que su pareja hiciera o dijese. Luego vino el análisis estadístico de los datos obtenidos en cuanto a las encuestas de calidad de vida que se les realizaron a los voluntarios. A lo largo del estudio la variable subjetiva de calidad de vida del hombre había disminuido en varios puntos, mientras que la de la mujer llegó a subir sutilmente.

¿Conclusión? Parece ser que tener razón, o pensar que se la tiene, mejora la calidad de vida. Intentar ser feliz y estar de acuerdo aun con lo que no se está de acuerdo lleva a la paradoja de no ser muy feliz que digamos. Claro que los autores aclaran diversas falencias asociadas con el estudio, como que los efectos puedan deberse a una cuestión de género (recordemos que se trataba de un n=1 para cada sexo), además de que la estadística deja bastante que desear. En todo caso, estar de acuerdo en todo no parece ser el mejor plan de vida.

Está bien: es un disparate, hecho sobre todo para arrancarle una sonrisa a los científicos y los médicos lectores de la revista inglesa. Pero en algunos aspectos se parece peligrosamente demasiado a algunos estudios que intentan registrar y validar estadísticamente todo comportamiento o tendencia psicológica que camine, hable, respire, piense. Luego de reírnos un poco, podemos volver a sospechar de investigaciones ligeras sobre el sexo o las espaldas de los ángeles, los genes de los hinchas de Atlanta o las discusiones maritales. Uno es científico, sí, pero tampoco hay que exagerar.

¿Prefieres tener la razón o ser feliz?