miércoles, 19 de febrero de 2014

Vivir en el presente

Tenemos la tendencia a confundir “vivir en el presente” por simple reacción a lo que sea que la vida nos lance en el momento, pero los kabbalistas proveen una interpretación más esclarecedora.

Cada día contiene oportunidades para que tomemos acciones que nos acerquen a nosotros y al mundo hacia la realización.

Vivir en el presente es tomar decisiones proactivas que sabemos que serán más beneficiosas para nuestro futuro.

Si crees en algo, vale la pena luchar por ello.

Habrá pruebas en el camino, incluso puede que existan momentos en los que toda esperanza se pierda. Sólo recuerda que cada “no” te lleva más cerca de un “sí” y cada fracaso te acerca más al éxito.

Sin importar las circunstancias, siempre estás más cerca ahora de lo que estabas antes.

Hablar mal de alguien puede parecer inofensivo al momento, pero es una ley espiritual el hecho de que recibiremos de regreso aquello que damos. Las palabras negativas crean energía que nos sigue y puede crear caos en nuestras vidas.

¿Por qué no te ahorras la molestia? Cambia el tema, sal de la conversación.

Al resistir el deseo de hablar de manera negativa, el universo reaccionará de la misma manera y te tratará con misericordia.

Yehudá Berg

Biografía de André Gide

(París, 1869-id., 1951) Escritor francés. Los efectos de una educación rígida y puritana condicionaron el principio de su carrera literaria, que se inició con Los cuadernos de André Walter (1891), prosa poética de orientación simbolista y cierto tono decadente. Se ganó el favor de la crítica con Los alimentos terrestres(1897), que constituía una crítica indirecta a toda disciplina moral, en la cual afirmaba el triunfo de los instintos y la superación de antiguos prejuicios y temores.


Esta exigencia de libertad adquirió posteriormente expresión narrativa en L'immoraliste (1902), La porte étroite (1909), Isabelle (1912) y la Symphonie pastorale (1919). Después del éxito de Los alimentos terrestres, publicó Prometeo mal encadenado (1899), reflexión sobre la libertad individual, obstaculizada por los remordimientos de conciencia. Idéntica preocupación por lo moral y la gratuidad reflejan Los sótanos del Vaticano (1914) y Corydon (1924), esta última un diálogo en defensa de la homosexualidad, que supuso un auténtico escándalo.

Participó en la fundación de La Nouvelle Révue Française (1908) y publicó ensayos sobre viajes, literatura y política. Los monederos falsos (1925) es una de las novelas más reveladoras del período de entreguerras y gira en torno a su propia construcción y a la condición de escritor, aunque su obra más representativa tal vez sea su Journal (1889-1942), que constituye una especie de Bildungsroman (aprendizaje de novelista). En el año 1947 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

Biografía de Copérnico

(Torun, actual Polonia, 1473 - Frauenburg, id., 1543) Astrónomo polaco. Nacido en el seno de una rica familia de comerciantes, Nicolás Copérnico quedó huérfano a los diez años y se hizo cargo de él su tío materno, canónigo de la catedral de Frauenburg y luego obispo de Warmia.

En 1491 Copérnico ingresó en la Universidad de Cracovia, siguiendo las indicaciones de su tío y tutor. En 1496 pasó a Italia para completar su formación en Bolonia, donde cursó derecho canónico y recibió la influencia del humanismo italiano; el estudio de los clásicos, revivido por este movimiento cultural, resultó más tarde decisivo en la elaboración de la obra astronómica de Copérnico.


No hay constancia, sin embargo, de que por entonces se sintiera especialmente interesado por la astronomía; de hecho, tras estudiar medicina en Padua, Nicolás Copérnico se doctoró en derecho canónico por la Universidad de Ferrara en 1503. Ese mismo año regresó a su país, donde se le había concedido entre tanto una canonjía por influencia de su tío, y se incorporó a la corte episcopal de éste en el castillo de Lidzbark, en calidad de su consejero de confianza.

Fallecido el obispo en 1512, Copérnico fijó su residencia en Frauenburg y se dedicó a la administración de los bienes del cabildo durante el resto de sus días; mantuvo siempre el empleo eclesiástico de canónigo, pero sin recibir las órdenes sagradas. Se interesó por la teoría económica, ocupándose en particular de la reforma monetaria, tema sobre el que publicó un tratado en 1528. Practicó así mismo la medicina, y cultivó sus intereses humanistas.

Hacia 1507, Copérnico elaboró su primera exposición de un sistema astronómico heliocéntrico en el cual la Tierra orbitaba en torno al Sol, en oposición con el tradicional sistema tolemaico, en el que los movimientos de todos los cuerpos celestes tenían como centro nuestro planeta. Una serie limitada de copias manuscritas del esquema circuló entre los estudiosos de la astronomía, y a raíz de ello Copérnico empezó a ser considerado como un astrónomo notable; con todo, sus investigaciones se basaron principalmente en el estudio de los textos y de los datos establecidos por sus predecesores, ya que apenas superan el medio centenar las observaciones de que se tiene constancia que realizó a lo largo de su vida.

En 1513 Copérnico fue invitado a participar en la reforma del calendario juliano, y en 1533 sus enseñanzas fueron expuestas al papa Clemente VII por su secretario; en 1536, el cardenal Schönberg escribió a Copérnico desde Roma urgiéndole a que hiciera públicos sus descubrimientos. Por entonces, él ya había completado la redacción de su gran obra,Sobre las revoluciones de los orbes celestes, un tratado astronómico que defendía la hipótesis heliocéntrica.

El texto se articulaba de acuerdo con el modelo formal del Almagesto de Tolomeo, del que conservó la idea tradicional de un universo finito y esférico, así como el principio de que los movimientos circulares eran los únicos adecuados a la naturaleza de los cuerpos celestes; pero contenía una serie de tesis que entraban en contradicción con la antigua concepción del universo, cuyo centro, para Copérnico, dejaba de ser coincidente con el de la Tierra, así como tampoco existía, en su sistema, un único centro común a todos los movimientos celestes.

Escóndeme,... de José Ramón Marcos Sánchez

Escóndeme que tengo miedo,… ocúltame de mi mismo dentro de ti… no permitas que la angustia me convierta en un recuerdo,…. dale ternura a mi daño para que no duela tanto,… dame cariño hasta sentir que soy tuyo,…. oculta mi sombra de la sombra perpetua,…. arráncame del olvido antes que logre olvidarme,… cobíjame en aquello que te importó,…. sin que importe nada más,… guárdame donde puedas encontrarme,… donde me pueda encontrar,... necesito que me entregues el ánima de la caricia,…. el refugio que habita en lo sutil de sentirse amado,…. en la parte invisible de la piel del consuelo,…. hoy me falta hasta el valor para poder ser cobarde,… y tengo tanto miedo que no soy capaz de tener otra cosa,…. soy una marioneta en manos de la tortura,…. todo pasa tan despacio que parece que no pase,…. todo llegó tan aprisa que no supe darme cuenta,….. estoy solo y sólo quiero,…. que me escondas en el alma de las palabras,….”te quiero,….”

PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez