martes, 11 de febrero de 2014

¿Qué hago con el comportamiento de otras personas?

A veces es imposible no sentirnos exasperados ante el comportamiento de ciertas personas, sobre todo si tenemos que frecuentarlas a menudo. Pero en vez de explotar o de mortificarse, es mejor tratar de comprender por qué actúan cómo lo hacen, y hasta tratar de ayudarlas. Probadlo: entonces descubriréis que tenéis muchos más recursos de lo que os imaginabais. En cuanto nos esforzamos en reflexionar, en pensar, nos vemos obligados a calmarnos.

Y aquí tenéis otro método: concentraos en la imagen de un ser al que amáis, y abandonaos al gozo y a la maravilla que esta imagen suscita en vosotros. Impregnaos de ella, y pronto podréis mirar a aquél o a aquélla que os exaspera sin sentir irritación alguna. ¿No habéis observado que los que se enamoran tienen tendencia a amar a todo el mundo? Cuando amamos verdaderamente, envolvemos al universo entero con la luz y el calor de este amor.

En la cima de la creación, Dios, el Ser supremo, utiliza estas dos corrientes de naturaleza contraria que llamamos el bien y el mal, manteniendo el equilibrio entre ambas. Y los humanos en su dominio mucho más limitado, deben esforzarse en actuar de la misma manera: ajustando y reequilibrando los dos lados continuamente. Observad cómo maneja el automovilista el volante de su coche: a veces un poco más hacia la derecha, otras un poco más hacia la izquierda, ambos brazos están siempre en actividad y su actividad es complementaria. De esta manera, el automovilista y el coche llegan a buen puerto. Igual que la mano derecha y la mano izquierda son los instrumentos de un cerebro único, el bien y el mal son dos corrientes nacidas de la misma Fuente; por eso podemos decir que son las dos manos de Dios. Un día, al término de nuestra evolución, llegaremos a penetrar en los secretos de esta Fuente única.

No tenéis derecho a maltratar o a ignorar a los seres porque sean diferentes de vosotros. Es preferible que tratéis de comprenderles. De esta manera se instalará en vosotros una buena costumbre que, más adelante, os protegerá de muchos peligros. ¡En la sociedad, hay algunos que se sienten tan grandes! Piensan que no tienen que hacer esfuerzos para pequeñas hormigas. Pero quizá un día se encuentren, como en los cuentos, en la situación de tener que seleccionar en unas horas miles de granos de trigo, de cebada o de arroz, y entonces estarán muy contentos de que estas «hormigas» vengan a ayudarles. O bien, estarán sólidamente atados, y un pequeño ratón irá a roer la cuerda para liberarles.

Diréis: «¡Pero todo esto son fábulas, cuentos para niños!» Si queréis… Estos ratones, estas hormigas, representan a las personas que frecuentáis y a las que tenéis tendencia a despreciar. ¿Quién sabe? Quizá estas personas a las que habéis sabido dar muestras de consideración, porque se lo merecían, serán las que vengan un día a salvaros.

Omraam Mikhaël Aïvanhov

Lo siento,... de José Ramón Marcos Sánchez

Tengo ganas de decirte cosas que nunca te dije,… que se perdieron en la brisa de las intenciones,… difuminadas de orgullo,…. murieron de miedo por miedo al rechazo,… por vergüenza a desnudarse en la intimidad de ti,…. y ahora lejano, es cuando tengo ese valor cobarde del derrotado,… y desvisto sentimientos entre palabras que duelen,… por tardías,… y me enfrento a no tenerte recordando que te tuve,…. porque a tu lado era menos tarde,…. y me culpo por culparte,…. por perdonarme mil veces y jamás pedir perdón,… por no valorar los silencios sinceros que evitaban los reproches,…. y olvidar el respeto que merece la compañía,…. el cariño sin medida que se esconde en la convivencia,… aceptaste mis miserias sin hacerme sentir miserable,… hoy se cuanto me quisiste,… hoy se lo mal que te quise,… lo mucho que te amo,… y que el daño es tan sólo la causa de los motivos,… no quiero más que la ausencia que me brinda el mañana sin ti,… porque quiero la presencia que te otorga el mañana sin mi,…. déjame decir aquello que nunca dije,… déjame decirte que siento que morí en tu adiós,… déjame decir,… lo siento,….

PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.

Parejas de a dos por Merlina Meiler

Las parejas están conformadas por dos integrantes.

Esto significa que ambos gozan de los mismos derechos.

Quien intente convencerte de lo contrario, está intentando manipularte.

Porque tanto tú como tu pareja tienen la libertad de:

. tomar decisiones que atañen al futuro de ambos

. elegir qué hacer y qué no hacer durante el tiempo libre

. acceder a los mismos beneficios y tener las mismas posibilidades en términos económicos (aunque solo uno de los dos aporte efectivamente dinero)

. poder decir y hacer aquello que consideran verdaderamente importante para su desarrollo personal

. expresar sus puntos de vista y acordar lo que consideran que es mejor en lo que respecta a la educación de los hijos

Claro que es lindo que nos sorprendan con detalles como entradas al cine, una cena en algún restaurante bonito, un regalo o incluso reservaciones para las vacaciones.

También es cierto que con el transcurso del tiempo, los roles en la pareja se van asignando y cada uno se ocupa más a menudo o casi siempre de ciertos menesteres (como por ejemplo cocinar, pasear al perro o encargarse del baño de los niños) y los realiza a gusto.

Pero si sientes por algún motivo que tienes menos peso en el vínculo, que haces mucho más que el otro y esto te incomoda, que tus opiniones no valen, que lo que dices o piensas no es tenido en cuenta o incluso es avasallado, entonces estás en una relación des-pareja.

Estás compartiendo tu vida con alguien que intenta imponer su voluntad y no te deja el espacio que necesitas para desarrollarte, para alcanzar la plenitud, para mostrarte tal cual eres; en síntesis, para ser feliz.

Es tu responsabilidad que tu voz se oiga.

Que tus colores verdaderos brillen de par en par, sin permitir que nada ni nadie los opaque.

Hoy puede ser un gran día para que comiences a hacerte valer y para que ocupes el lugar que te corresponde.