martes, 4 de febrero de 2014

Seguiré creyendo

Voy a seguir creyendo, aún cuando la gente pierda la esperanza.

Voy a seguir dando amor, aunque otros siembren odio.

Voy a seguir construyendo, aún cuando otros destruyan.

Voy a seguir hablando de paz, aún en medio de una guerra.

Voy a seguir iluminando, aún en medio de la oscuridad.

Y seguiré creyendo, aunque otros pisen la cosecha.

Y seguiré gritando, aún cuando otros callen.

Y dibujaré una sonrisa; en rostros con lágrimas.

Y transmitiré alivio, cuando vea dolor.


Y regalaré motivos de alegría donde solo haya tristeza.

Invitaré a caminar al que decida quedarse.

Y levantaré los brazos a los que se han rendido.

Porque en medio de la desolación, siempre habrá

un niño esperando algo de nosotros…

Y aún en medio de una tormenta,
por algún lado saldrá el sol
y en medio del desierto crecerá una planta.

Siempre habrá un pájaro que nos cante,
un niño que nos sonría
y mariposas que brinden su belleza.
Pero si algún día ves que ya no sigo,
no sonrío, o callo, acércate y dame un beso,
un abrazo, o regálame una sonrisa;
con eso será suficiente.

Seguramente, me habrá pasado que la vida me abofeteó y me sorprendió por un segundo.

Ese gesto hará que vuelva a mi camino. Nunca lo olvides: “El pasado es polvo, el futuro es viento, el presente es la vida.

Si amas perdona, si no amas olvida …

Pues el amor nunca muere, sólo cambia de lugar…”

Desconozco a su autor

La vida es como las matemáticas

"Considerad al ser humano a lo largo de toda su existencia. Durante la niñez, se siente impulsado a tocarlo todo, recogerlo todo y llevárselo a la boca, incluso aquello que puede hacerle daño, porque la infancia es la edad del corazón, de la primera operación: suma. Durante la adolescencia, su intelecto empieza a manifestarse y comienza a rechazar todo aquello que le resulta desagradable, inútil o nocivo: resta. Cuando llega a la edad adulta, se lanza de lleno a la multiplicación: su vida se llena de mujeres, de niños, de sucursales, de toda clase de
adquisiciones… Finalmente llega la vejez, piensa que pronto partirá hacia el otro mundo y escribe su testamento para legar sus bienes a unos y a otros: divide.

Así pues, el ser humano empieza acumulando, luego tira bastantes cosas. Pero lo que es bueno, debe plantarlo para multiplicarlo. Y, ¿qué debe plantar? Por ejemplo, sus buenos pensamientos y sus buenos sentimientos. He ahí la verdadera multiplicación. Y aquello que cosecha, puede dividirlo, es decir, distribuirlo. “

Omraam Mikhaël Aïvanhov