jueves, 23 de enero de 2014

Hay que Buscarse un amante

Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. Y también están las que no lo tienen, o las que lo tenían y lo perdieron. Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a mi consultorio para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores.

Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre. En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas.

Antes de contarme esto ya habían visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro: “Depresión” y la infaltable receta del antidepresivo de turno.

Entonces, después de que las escucho atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan, ¡ES UN AMANTE! Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto.

Están las que piensan: ¿Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica? Y también están las que escandalizadas se despiden y no vuelven nunca más.

A las que deciden quedarse y no salen espantadas por el consejo, les doy la siguiente definición:

Amante es: “Lo que nos apasiona”. Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también quien a veces, no nos deja dormir. Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido.

A veces a nuestro amante lo encontramos en nuestra pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra pareja, también solemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio o en el obsesivo placer de un hobby…

En fin, es “alguien” o “algo” que nos pone de “novio con la vida” y nos aparta del triste destino de durar.

¿Y qué es durar? – Durar es tener miedo a vivir. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia. Durar, es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana.

Por favor no te empeñes en durar, búscate un amante, sé tu también un amante y un protagonista… de la vida.

Piensa que lo trágico no es morir, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie. Lo trágico, es no animarse a vivir; mientras tanto y sin dudar, búscate un amante…

Jorge Bucay

Tres días para ver

¿Qué harías tú si tuvieras tres días de vista? Helen Keller, ciega y sorda desde la infancia, da su respuesta en este extraordinario ensayo:

"Seguido he pensado que sería una bendición que los humanos se encontraran ciegos y sordos durante unos días en algún momento de su vida adulta. La oscuridad le daría más apreciación de la luz, el silencio le enseñaría las alegrías de los sonidos.

De vez en cuando he probado mis amigos para descubrir qué es lo que ven. Recientemente pregunté a una amiga que acababa de regresar de un paseo en el bosque qué había observado. “Nada en especial”, me contestó.

¿Cómo era posible, me pregunté, pasear durante una hora por el bosque y no observar nada digno de notar? Yo que no veo descubro cientos de cosas que me interesan por el mero tacto. Siento la simetría delicada de una hoja. Paso mis manos amorosamente sobre la corteza lisa de un abedul plateado, o la corteza ruda y áspera de un pino. En la primavera toco las ramas de los árboles esperanzadamente, en busca de un botón, la primera señal del despertar de la naturaleza después del sueño invernal. A veces, si tengo mucha suerte, pongo la mano suavemente sobre un árbol pequeño y siento el feliz trémolo de un pajarito en pleno canto.

Al mismo tiempo mi corazón llora con el anhelo de ver todas estas cosas. Si yo puedo tener tanto placer del sólo tacto, cuánta más belleza debe revelarse por la vista. Y he imaginado lo que más me gustaría ver, si me dieran el uso de mis ojos durante, digamos, tres días.

El primer día, quisiera ver esas personas cuya gentileza y amistad han hecho que vivir mi vida valiera la pena. No sé lo que es ver adentro del corazón de un amigo por esa “ventana del alma”, el ojo. Sólo puedo “ver” con las puntas de mis dedos el contorno de una cara. Puedo detectar la risa, el dolor y muchas otras emociones obvias. Conozco a mis amigos por sentir sus caras.

Por ejemplo, ¿puedes describir precisamente las caras de cinco amigos distintos? Como experimento, he interrogado a varios maridos sobre el color de los ojos de sus esposas, y seguido expresan una confusión apenada y admiten que no lo saben. Me gustaría ver los libros que me han leído, y que me han revelado los canales más profundos de la vida humana. En la tarde me pasearía largamente por el bosque e intoxicaría mis ojos con las bellezas del mundo de la naturaleza. Y rezaría por la gloria de un atardecer lleno de color. Esa noche, no podría dormir.

El segundo día, me gustaría ver el espectáculo del progreso humano, e iría a los museos. Trataría de penetrar adentro del alma humana a través de su arte. Las cosas que sólo conocía por el tacto ahora podría ver. La velada del segunda día pasaría en el teatro o el cine.

La mañana siguiente otra vez saludaría el amanecer, ansiosa por descubrir nuevos deleites, nuevas revelaciones de belleza. Hoy este tercer día, lo pasaré en el mundo del trabajo diario, entre los lares de los hombres que llevan a cabo los asuntos de vivir.

A la medianoche la oscuridad permanente se cerraría sobre mí de nuevo. Sólo cuando la oscuridad descendiera sobre mí descubriría cuanto me hubiera faltado de ver.

Estoy segura que si te enfrentabas a la amenaza de le ceguera, usarías tus ojos como nunca antes. Todo lo que vieras te sería preciado. Tus ojos tocarán y abrazarán cada objeto que llegara a tu campo de visión. Entonces, por lo menos verías en verdad, y un nuevo mundo de belleza se abriría ante ti.

Yo que soy ciega les puedo dar un consejo a los que ven: Usen sus ojos como si mañana se hicieran ciegos. Y el mismo método se puede aplicar a los otros sentidos. Escuchen la música de las voces, el sonido de los pájaros, los acordes majestuosos de una orquesta, como si mañana se hicieran sordos. Toquen cada objeto como si mañana les fallara su sentido del tacto. Oler el perfume de las flores, saborear cada bocado, como si mañana ya no pudieran sentir y oler nunca más. Incrementar cada sentido; disfrutar la gloria de todos los facetas del placer y de la belleza, que les revela el mundo a través de los varios medios de contacto que provee la naturaleza. Pero de todos los sentidos, estoy segura que la vista es la más maravillosa.

Por Helen Keller
Traducido por Naomi Brickman

Biografía de José Zorrilla

(Valladolid, 1817 - Madrid, 1893) Escritor español. Es el principal representante del romanticismo medievalizante y legendario. En 1833 ingresó en la Universidad de Toledo como estudiante de leyes, y en 1835 pasó a la Univerisdad de Valladolid. José Zorrilla publicó sus primeros versos en el diario vallisoletano El Artista.


En Madrid, después de abandonar su carrera universitaria, alcanzó fama tras leer unos versos suyos ante el cadáver de Larra (1837). Ocupó el cargo de éste en la redacción de El Español, donde publicó la serie de poemas titulada Poesías (1837), primero de una serie de ocho volúmenes que acabó en 1840. Su éxito poético se renovaría en 1852 con un poema descriptivo, Granada, que quedó inacabado. En 1839 se casó con Matilde O'Reilly, de la que enviudó muy pronto.

Escribió numerosas leyendas (Cantos del trovador, 1840-1841; Vigilias del estío, 1842; Flores perdidas, 1843; Recuerdos y fantasías, 1844; Un testigo de bronce, 1845), en las que resucita a la España medieval y renacentista. Cabe destacar «A buen juez mejor testigo», «Margarita la Tornera» y «El capitán Montoya».

En 1837 Zorrilla inició su producción teatral con Vivir loco y morir más, y alcanzó su primer éxito con El zapatero y el rey (1840), a la que siguieron: El eco del torrente (1842), Sancho García (1842), El molino de Guadalajara (1843), El puñal del godo (1843), Don Juan Tenorio (1844) y Traidor, inconfeso y mártir (1849). En estas obras trata temas tradicionales o del Siglo de Oro. También escribió tragedias a la manera clásica, como Sofronia (1843).

En 1846 viajó a Burdeos y París, donde conoció a Dumas padre, George Sand, Théophile Gautier y Alfred de Musset, que dejarían en él una gran huella. En 1855 marchó a México, donde fue protegido por el emperador Maximiliano, que lo nombró director del Teatro Nacional.

De regreso a España (1866), José Zorrilla se casó con la actriz Juana Pacheco, viajó a Roma (1871) e ingresó en la Real Academia (1882). De estos años son Recuerdos del tiempo viejo (1880-1883), La leyenda del Cid (1882), El cantar del romero (1883) y Mi última brega (1888). Fue coronado como poeta en el alcázar de Granada (1889) por el duque de Rivas, en representación de la reina regente.

Biografía de Anna Pavlova

(San Petersburgo, 1882 - La Haya, 1931) Bailarina rusa. Inició sus estudios en 1891, a la edad de diez años, en la Escuela de Ballet del Teatro Marinsky de San Petersburgo con Pavel Gerdt, Christian Johansson y Eugenia Sokolova. Debutó en la compañía el 1 de julio de 1899 con La Virgen Vestal. Fue partidaria de las reformas introducidas por Fokine, y aspiraba a una interpretación de la música en sus bailes.



En 1905, Michel Fokine creó para ella La Muerte del Cisne, estrenada en San Petersburgo y presentada en el Metropolitan Opera House de Nueva York cinco años más tarde. Nombrada prima ballerina en 1906, estrenó en los papeles principales los ballets El Pabellón de Armida (1907), Chopiniana (1908) y Noches Egipcias (1908) de Fokine, algunos de los cuales volvió a bailar en el debut de los Ballets Russes de Diaghilev en París, el año 1909.

Después de varias giras por Londres, Nueva York, Praga y Berlín con Mikahil Mordkin como partenaire, Anna Pavlova, aún ligada al Teatro Marinsky, formó su propia compañía en 1910. El grupo, formado por tan sólo ocho bailarines en un principio, fue ampliado en 1913 para realizar una gira por toda América. Harcourt Algenaroff, Hilda Butsova, Laurent Novikoff, Ruth Page, Pierre Vladimirov y Alexander Volinine fueron algunos de sus colaboradores. La Primera Guerra Mundial la sorprendió en Berlín, pero consiguió trasladarse a Londres, donde actuó privadamente para el rey Eduardo y la reina Alejandra.

El desagrado de Pavlova por las nuevas tendencias coreográficas, que le había llevado a rechazar en los Ballets Russes de Diaghilev el papel principal deL'Oiseau de Feu (1910) de Michel Fokine, quedaba patente en el repertorio de su compañía, integrado por muchos de los clásicos del siglo XIX, además de los ballets The Fairy Doll (1914) de Ivan Clustine, yDragonfly (Kreisler, 1914), California Poppy(Tchaikovsky, 1916) y Autumn Leaves (Chopin, 1918) de la propia Pavlova, entre otros.

Durante cinco años recorrió toda América; al finalizar la guerra regresó a Europa y comenzó a realizar giras por todo el mundo. La compañía se mantuvo durante quince años, durante los cuales se cuentan más de 4.000 representaciones por todos los continentes. Estos espectáculos estuvieron organizados por el empresario Victor D'André, descrito a menudo como su marido, aunque no se ha encontrado un certificado que lo demuestre. Anna Pavlova murió en La Haya a consecuencia de una pulmonía. En 1924, el actor Douglas Fairbanks filmó algunos de los solos de Pavlova, que posteriormente pasaron a formar parte de la película The Inmortal Swan (1956).

Su baile más famoso fue La muerte del cisne, arreglado para ella por Fokine, con música de Saint-Saëns. Solía interpretar bailes adaptados especialmente a ella, que expresaban estados de ánimo, simbolizaban épocas o caracterizaban flores o criaturas: Hojas de otoño, Navidades, Impresiones orientales, El dragón. Inspiró a toda una generación y extendió su amor hacia el ballet por todo el mundo