viernes, 10 de enero de 2014

Soy una mujer encontrando mi voz


Encontrar nuestra voz como mujeres no se trata de elegir una nota y cantarla de por vida; no es algo tan simplista como reducirnos a una idea de mujeres que poseen tales o cuales cualidades. La voz de las mujeres es mucho más una orquesta que un sólo instrumento, es más una compleja armonía que un simple acorde. Encontrar nuestra voz es descubrir todas las notas que se concentran en nuestro yo más profundo y reclamar nuestro derecho de expresarlo como la canción que es exclusivamente nuestra para entonar. Esta canción personal puede ser diferente cada día, porque somos diferentes cada día, y por ello encontrar nuestra voz tiene que ver con ser libres de cambiar nuestro tono sin que seamos etiquetadas de cambiantes, o criticadas por no apegarnos a lo predecible.
Y por sobre todo y más allá de todo, se encuentra esto: una mujer que ha encontrado su voz, que puede expresar la sinfonía de su corazón, la sabiduría de su alma, la fortaleza y belleza fenomenal de su ser, el conocimiento que yace en su mente; es una mujer que es libre de ser con fidelidad y verdad, exactamente la persona que vino a ser desde su nacimiento.
En cambio, mientras más notas, acordes y melodías de experiencias en nuestro interior se pierden, o permanecen retenidas por temor, más dejamos de ser libres.
Y esta falta de libertad no nos afecta sólo a a nivel individual, sino a todas las mujeres, y a todos los seres sintientes del planeta; ya que no estamos separados los unos de los otros. Cuando una mujer se torna más libre, todas las mujeres lo hacemos. Mientras más y más mujeres recuperan esa libertad, más espacio hay para que la divina energía femenina ocupe su lugar, femenino que propicia las relaciones y la conexión con el Cielo y con la Tierra, para derramarlo en un mundo que necesita desesperadamente más y más de esta cualidad esencial.

Janet Quinn.

El saber profundo

El saber profundo no es el que explica la realidad, sino el que experimenta la comunión con ella; el que evidencia que la vida plena sólo es posible a través de la comprensión de quienes somos después de habernos disuelto en las raíces de nuestra identidad. Porque no hay verdadero saber sin despertar. Y no hay despertar sin una modificación profunda de la vida interior. Y no hay visión confiable sin compromiso con la verdad. Y no hay más verdad que la descubierta dentro de nuestro ser.

Jorge Bucay.

"Para poder vivir verdaderamente, hay que renacer"

Para renacer primero hay que morir.
Y para morir primero hay que despertar."

Gurdieff.

Recibir




"Recibir es asociarse al plan de Dios que quiere hacernos llegar Su Amor de mil formas distintas".

Recibís un elogio. Te felicitan por cómo hiciste un trabajo. El reflejo automático se dispara. Te encargás de quitarle fuerza al comentario: “Bueno, no es tan así, tuve un poco de suerte. Además me equivoqué en esto y aquello”.
Te están por regalar algo. Te anticipás para detener la entrega. Soltás alguna frase como ésta: “No, no te molestés, no hace falta. Te agradezco igual por la intención”.
Alguien se acerca para abrazarte. Quiere expresar su afecto hacia tu persona. Lo intuís y ya empezás a incomodarte. Con mayor o menor grado de sutileza tomás distancia evitando el contacto físico. Te fastidia cualquier situación de intimidad emocional donde el otro quiera transmitirte un sentimiento positivo.

Dificultades de recepción, de eso se trata, dificultades de recepción…
Cuando reaccionás de este modo, es porque tenés dificultades para recibir.
Las razones pueden ser variadas, y en algunos casos, combinadas:

* No te considerás digno para recibir algo.
* Sos tan activo que no podés quedarte quieto y tan solamente dejar que el otro haga algo por vos.
* La soberbia puede llevarte a frenar toda recepción porque recibir implicaría cierto grado de debilidad.
* Como ves la vida en términos de trueque, no recibís para no quedar en deuda.
* A veces has recibido, pero en tu insatisfacción ni siquiera lo registraste.

Erramos cuando evadimos las situaciones de “recepción”.
Recibir nos hace bien.
Recibir hace bien al que sinceramente quiere expresarte su afecto o agradecimiento de algún modo.
Recibir nos vuelve humildes; implica reconocer nuestra incompletud y que alguien puede darnos algo que no teníamos.
Recibir, y quedarnos quietos al recibir, nos hace sentir amados.
Recibir es asociarse al plan de Dios quien quiere hacernos llegar Su Amor de mil formas distintas.

Amigo, recibí todo lo bueno que pongan a tu alrededor. No sos menos que el otro cuando éste te está dando algo. Date permiso para recibir, para entender que también vos podés ser amado. No analices todo lo que te llega. Ya sé, todo lo que reluce no es oro; pero no todo está teñido de malas intenciones. Hay mucho amor por allí dando vueltas. Recibí. Quédate un poco quieto y, por un instante, tan solamente, recibí.

Gustavo Bedrossian.