jueves, 2 de enero de 2014

Lo dio todo

El hombre que estaba tras el mostrador, miraba la calle distraídamente.

Una niñita se aproximó al negocio y apretó la naricita contra el vidrio de la vitrina. Los ojos de color del cielo brillaban cuando vio un determinado objeto. Entró en el negocio y pidió para ver el collar de turquesa azul.

-Es para mi hermana. ¿Puede hacer un paquete bien bonito?. -dice ella.

El dueño del negocio miró desconfiado a la niñita y le preguntó:

-¿Cuánto dinero tienes?

Sin dudar, ella sacó del bolsillo de su ropa un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo los nudos. Los colocó sobre el mostrador y dijo feliz:

-¿Eso llega?.

Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa.

-Sabe, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió nuestra madre, ella cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Es el cumpleaños de ella y tengo el convencimiento que quedará feliz con el collar que es del color de sus ojos.

El hombre fue para la trastienda, colocó el collar en un estuche, envolvió con un vistoso papel rojo e hizo un trabajado lazo con una cinta verde.

-Toma, dijo a la niña. Llévalo con cuidado.

Ella salió feliz corriendo y saltando calle abajo.

Aún no acababa el día, cuando una linda joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en el negocio. Colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho e indagó:

-¿Este collar fue comprado aquí?

-Si señora.

-¿Y cuánto costó?

-Ah!, -habló el dueño del negocio- El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente.

La joven continuó:

-Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. El collar es verdadero, ¿no? Ella no tendría dinero para pagarlo.

El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta y lo devolvió a la joven.

-Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar. ELLA DIO TODO LO QUE TENÍA.

El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por la faz emocionada de la joven en cuanto sus manos tomaban el pequeño envoltorio.

Donna Levine

Siempre hay algo que aprender

"No digáis nunca: «¡Conozco este tema, ya no tengo nada que aprender, nada que comprender!» Porque ésta es la peor actitud para vuestra evolución; pensando así, os estancáis, eso es todo. La actitud correcta consiste en deciros cada día: «¡Oh, por fin hoy empiezo a comprender! Aún ayer no lo tenía muy claro.» Sabiendo que al día siguiente haréis exactamente la misma observación. ¡Cuánta gente, por ejemplo, cree saber lo que es el amor! En realidad, conocen apenas los primeros grados, sus primeras manifestaciones, e ¡imaginan conocerlo! Por esto están así, estancados, apagados, desengañados. El amor tiene millones y millones de grados, y cada día hay que recorrer algunos de ellos diciéndose: «Dios mío, ayer creía saber lo que es el amor, pero me doy cuenta que no lo sabía. Finalmente es ahora que comienzo a conocerlo»… y al día siguiente decirse lo mismo."

Omraam Mikhaël Aïvanhov

Sólo ser siempre,... de José Ramón Marcos Sánchez

Cuanto te quiero y cuan poco,... en lo mucho, desde el deseo de darme eterno hasta darte la eternidad,.... y callarme desde dentro de tu cuerpo en un beso,.... y atrapar el silencio de los latidos de la entrega,... y lloverme en tu piel,... y hacerle el amor al amor que te siento,.... y sólo ser siempre,... sólo eso,... sólo siempre,.... en lo poco, desde el miedo de no merecerte,.... de ser débil y despojarme de ti en alguna ocasión,... y que extrañarte me convierta en extraño,.... no quiero aprender a suicidarme en la muerte de tus recuerdos,... quiero ser siempre,... sólo eso,... sólo siempre,... no me des demasiado de nada,... no me quites demasiado de algo,.... lo que quede después, será nuestro,... seremos nosotros,... un alma completa sin normas ni tiempos,... un cuerpo desnudo sin nuncas ni miedos,... y sólo ser eso,.... y sólo ser siempre,....

PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.

¿Qué es el amor?

Fíjate en la rosa:
¿puede acaso decir la rosa: 'Voy a ofrecer mi fragancia a las buenas personas y negársela a las malas'?

¿O puedes tú imaginar una lámpara que niegue sus rayos a un individuo perverso que trate de caminar a su luz?

Sólo podría hacerlo si dejara de ser una lámpara.

Observa cuán necesaria e indiscriminadamente ofrece el árbol su sombra a todos, buenos y malos, jóvenes y viejos, altos y bajos, hombres y animales y cualesquiera seres vivientes... incluso a quien pretende cortarlo y echarlo abajo.

Ésta es, pues, la primera cualidad del amor: su carácter indiscriminado.

Por eso se nos exhorta a que seamos como Dios,
'que hace brillar su sol sobre buenos y malos y llover sobre justos e injustos; sed, pues, buenos como vuestro Padre celestial es bueno'.

Contempla con asombro la bondad absoluta de la rosa, de la lámpara, del árbol... porque en ellos tienes una imagen de lo que sucede con el amor.

¿Cómo se obtiene esta cualidad del amor?
Todo cuanto hagas únicamente servirá para que tu amor sea forzado, artificial y, consiguientemente, falso, porque el amor no puede ser violentado ni impuesto. No hay nada que puedas hacer. Pero sí hay algo que puedes dejar de hacer.

Observa el maravilloso cambio que se produce en ti cuando dejas de ver a los demás como buenos y malos, como justos y pecadores y empiezas a verlos como inconscientes e ignorantes.

Debes renunciar a tu falsa creencia de que las personas pueden pecar conscientemente. Nadie puede pecar 'a conciencia'. En contra de lo que erróneamente pensamos, el pecado no es fruto de la malicia, sino de la ignorancia. '

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen...'
Comprender esto significa adquirir esa cualidad no discriminatoria que tanto admiramos en la rosa, en la lámpara, en el árbol...

La segunda cualidad del amor es su gratuidad.

Al igual que el árbol, la rosa o la lámpara, el amor da sin pedir nada a cambio.

¡Cómo despreciamos al hombre que se casa con una mujer, no por las cualidades que ésta pueda tener, sino por el dinero que aporta como dote...!

De semejante hombre decimos, con toda razón, que no ama a la mujer, sino el beneficio económico que ésta le procura.

Pero ¿acaso tu amor se diferencia algo del de ese hombre cuando buscas la compañía de quienes te resultan emocionalmente gratificantes y evitas la de quienes no lo son; o cuando te sientes positivamente inclinado hacia quienes te dan lo que deseas y responden a tus expectativas, mientras abrigas sentimientos negativos o mera indiferencia hacia quienes no son así?

De nuevo, sólo necesitas hacer una cosa para adquirir esa cualidad de la gratuidad que caracteriza al amor:

abrir tus ojos y mirar.

El simple hecho de mirar y descubrir tu presunto amor tal como realmente es, como un camuflaje de tu egoísmo y tu codicia, es esencial para llegar a adquirir esta segunda cualidad del amor.

La tercera cualidad del amor es su falta absoluta de auto-conciencia, su espontaneidad.

El amor disfruta de tal modo amando que no tiene la menor conciencia de sí mismo.

Es lo mismo que ocurre con la lámpara, que brilla sin pensar si beneficia o no a alguien; o con la rosa, que difunde su fragancia simplemente porque no puede hacer otra cosa, independientemente de que haya o deje de haber alguien que disfrute de ella; o con el árbol que ofrece su sombra...

La luz, la fragancia y la sombra no se producen porque haya alguien cerca, ni desaparecen cuando no hay nadie, sino que, al igual que el amor, existen con independencia de las personas.

El amor, simplemente, es, sin necesidad de un objeto.

Y esas cosas (la luz, la sombra, la fragancia) simplemente, son, independientemente de que alguien se beneficie o no de ellas.

Por tanto, no tienen conciencia de poseer mérito alguno o de hacer bien.

Anthony de Mello