miércoles, 15 de octubre de 2014

Los de afuera siguen estando de más por Merlina Meiler

Aunque estemos en pleno siglo veintiuno, las parejas continúan estando conformadas por dos integrantes.

Como reza el conocido refrán, “los de afuera son de palo”.

Que hayas decidido confiarle a alguien un problema o una inquietud, o que te visite a menudo y lo recibas de buen grado, no le da la facultad de inmiscuirse en profundidad en los asuntos internos y en los avatares de ustedes dos.

Nadie tiene por qué meterse en tu relación, opinar y tratar de influir o de modificarla sin tu consentimiento.

Si no deseas escuchar lo que tienen para decir porque intuyes o sabes que sus intenciones no son las mejores o porque no estás en momento de escucharlos, no tienes por qué tener algún reparo a la hora de expresarles tus necesidades y tus deseos. Si tú no los haces valer, ¿quién lo hará?

Aunque se trate de un familiar muy cercano o de uno de tus mejores amigos -y aún más si has llegado a fastidiarte- está en ti poner el límite, de la mejor manera que puedas. Hay personas que no entienden cuándo dejan de ser útiles y se transforman en entrometidos y tienes todo el derecho del mundo de hacérselos saber y de ponerlos en su lugar: al fin y al cabo, se trata de tu propia pareja, no la de ellos.

Es común sentir la tendencia a buscar una explicación a lo que están haciendo. Preguntarte qué los motiva a tomar semejantes decisiones y a intentar irrumpir en tu vida o traspasar fronteras solo te quitará tiempo y energía: lo verdaderamente importante es la actitud que tú tomes con respecto a la conducta de ellos.

Y de esto dependerá, en gran medida, el bienestar y la salud de tu vínculo de cara al futuro.

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