martes, 14 de octubre de 2014

Biografía de Garcilaso de la Vega

Poeta español

Nació en 1501 en el seno de una familia ilustre de Toledo.

Desde muy joven entra al servicio de Carlos I. Entre 1520 y 1523 fue nombrado miembro de la Corte,Caballero de Santiago y armado caballero. Participó en la guerra de las Comunidades al lado del Emperador contra los comuneros, contra los turcos y contra los franceses.

Contrajo matrimonio en 1525 con Isabel de Zúñiga. En 1526 se traslada la corte a Granada y allí conoce al embajador italiano, Andrea Navagero y también a Isabel de Freyre, de la que se enamora sin ser correspondido. Viaja a Italia entre 1529 y 1530 en compañía de Carlos I para que éste reciba la corona imperial de manos del papa Clemente VII. Cuando regresan a España, asiste a la boda de su sobrino, que no había autorizado el Emperador, por lo que sufre destierro en una isla del Danubio. Parte hacia Nápoles, como lugarteniente del Virrey. En 1534 vuelve a España en misión diplomática donde le es comunicado que Isabel ha fallecido. Regresa a Italia y es nombrado alcalde de Reggio di Calabria, cargo que abandona para incorporarse a las tropas imperiales que van a luchar contra los turcos de Barbarroja. Después Francia invade Saboya y el Emperador declara la guerra: en la campaña de Provenza, es herido por una piedra al intentar escalar una fortaleza, unos días después, el 13 o 14 de octubre de 1536, morirá en Niza.

Autor de una corta producción de versos que no publicó en vida. Tras su fallecimiento, la viuda de su amigoJuan Boscán reunió los manuscritos, los revisó y publicó en Barcelona bajo el título de Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega (1543). Su obra completa se compone de poco más de 4.000 versos que forman tres églogas, 38 sonetos, dos elegías, cinco canciones y una epístola.


SONETO XIII

A Dafne ya los brazos le crecían,
y en luengos ramos vueltos se mostraba;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos que el oro escurecían.
De áspera corteza se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se hincaban,
y en torcidas raíces se volvían.

Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía
este árbol que con lágrimas regaba.

¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
¡Que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón porque lloraba!

Garcilaso de la Vega


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