martes, 9 de septiembre de 2014

Desencantamiento por Merlina Meiler

El desencantamiento es una situación por la que pasan todas las parejas en algún momento y es bien posible salir airosos de ella.

Las relaciones amorosas atraviesan distintas fases: interés en el otro, atracción, inicio del romance, enamoramiento, afianzamiento, conocimiento, incluso ceguera, ya que al principio no vemos los defectos del otro o los puntos en los que no concordamos.

Luego, en algún momento, sobreviene el desencantamiento.

Comenzamos a ver a nuestro compañero como realmente es, sin los velos que tapaban o enmascaraban ciertas actitudes o creencias que no nos agradan o que no concuerdan con las nuestras.

¿Es inevitable? Sí, absolutamente.

No hay manera de eludir las diferencias (salvo que intentes “cambiar” la mayor parte de tu personalidad para ajustarte a las expectativas de tu pareja, hacer oídos sordos a todo lo que no te gusta y omitir ver lo evidente: las consecuencias son terribles).
Indefectiblemente, comienzan a surgir roces, intercambios de ideas en tonos diferentes al utilizado hasta ahora y, también, distancias.

Lo que parecía perfecto ya no lo es.

Ten en cuenta que nunca lo fue: lo perfecto no existe, sí lo real y cotidiano.

Distintos puntos de vista significan, tan solo, que hay dos seres involucrados, cada uno con su crianza, su historia, su educación y sus vivencias a cuestas.

También, con su esquema de prioridades y de valores.

Ponerse de acuerdo en ciertos asuntos lleva tiempo y esfuerzo y en otros, una de las dos partes debe ceder o dejar de lado parte de lo que buscaba para poder arribar a un consenso conciliador.

Hay que evitar (en momentos de fricción y siempre) las ofensas, los agravios, los insultos, los menosprecios.

Por supuesto que, si estás en un vínculo estable hace largo tiempo, ya te habrás dado cuenta que es mucho más lo que los une que las disparidades y has superado más de un desencantamiento.

Es que desencantarse no significa desenamorarse en todas las circunstancias: depende de la madurez de los integrantes, de las ganas y las motivaciones para seguir en pareja y de la importancia que reviste para nosotros el comportamiento o el hecho que provocaron que algunas ilusiones se resquebrajen o se rompan.

Implica un crecimiento de la relación, ya que se cristaliza el compromiso de estar juntos “en las buenas y en las malas”.

¡Un periodo así puede renovar la relación! Ya que permite redescubrir los sentimientos y el vínculo, y también ampliar nuestro espectro de aceptación.

El resultado final depende de tu inteligencia y de lo que desees de aquí al futuro.


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